SANTA FE › CRISIS. HISTORIAS VIDA DE LOS OPERARIOS DE LA METALURGICA MAHLE QUE TOMAN LA PLANTA DESDE QUE CERRO, HACE CASI TRES MESES, Y AUN CREEN EN UNA SALIDA.

Hombres de hierro

Para esta nota dieron su testimonio, obreros y obreras que resisten en la planta en una tensa espera hasta que un comprador haga efectiva, sin más vueltas, la operación que vuelva a poner en marcha la fábrica que todavía pertenece a la multinacional alemana. Historias, compromisos, angustias, ansiedades y desesperanzas.

 Por Alicia Simeoni

Quinientas personas y sus familias se sienten estafadas, engañadas, por Mahle primero y también por tantas promesas incumplidas acerca de la posibilidad de la venta de la planta ubicada en avenida Presidente Perón al 5.600. Allí están las 24 horas, con la fábrica ocupada "cuidándola como si fuera nuestra propia casa porque tenemos miedo a vaciamientos o sabotajes", dicen. La explicación fue brindada a través de algunos testimonios recogidos por Rosario/12 entre mujeres y hombres, algunos de quienes ponen el cuerpo en la tensa espera porque un comprador haga efectiva la operación, sin más vueltas y movimientos ventajeros, de la sede que todavía pertenece a la multinacional alemana. Esa de la que, como ellos mismos dicen, se esperaba que tuviera respeto por las normas legales, la producción y la vida de quienes, lejos de ser un número en una tarjeta de control de horario, cargan con historias, compromisos, angustias, ansiedades y desesperanzas cuando van a cumplirse tres meses del cierre de la metalúrgica. La ex Daneri siempre fue un sitio codiciado como puesto de trabajo, orgullo de quienes habían podido acceder al lugar que además exhiben un fuerte sentimiento de pertenencia. Hombres con más de 40 años de trabajo y pocos por delante para alcanzar la jubilación, padres, hijos y nietos para quienes la vida en la fábrica fue una referencia obligada, y otros, más jóvenes que transitan el camino de los chicos por criar y la ansiedad de no saber qué pasará con la fábrica, aunque una nueva expectativa se abrió con la visita que hizo al lugar el titular de la firma Aros KIM S.A. de Buenos Aires. La experiencia de lucha marca la conciencia y el corazón de la gente que ya habla de solidaridades con otros que están en la misma situación y que se apoyan en las dos principales condiciones en las que reside la fuerza de los trabajadores, la unidad y la organización. Reflexiones ante una experiencia de resistencia que ya transformó a un grupo de la clase obrera rosarina, ésa que está muy lejos de poder ir, o disfrutar del paraíso.

Hace mucho frío en el playón de la entrada de Mahle. Sin embargo hay hombres y mujeres allí, como sucede todos los días, cumpliendo su turno de trabajo o estando, aunque sea para sumar fuerzas. Es ese mismo playón, en la entrada de la metalúrgica que ya se convirtió en plaza de juegos, cancha de fútbol, lugar de estar para muchos niños que concurren con quienes son dependientes de la empresa. Entre quienes buscan un abrigo a los rayos del sol está Alejandra Miranda, una mujer de 46 años, viuda de Miguel Angel Di Mare, un operario que murió en la fábrica hace dos años atrás. Ella acompaña la lucha por mantener la fuente de trabajo. "Ellos me acompañaron tanto a mí, aún cuando hicieron que la empresa cierre sus puertas por 24 horas por duelo cuando murió mi esposo". La de Di Mare es una de las historias que dolorosamente muestra el costado más crudo de las relaciones laborales, cuando, el dueño del capital paga por el trabajo de su dependiente y se queda con la diferencia que hace a la ganancia, pero en algunas casos, con mucho más: con parte de la salud o con la vida de alguno de ellos. Di Mare había ingresado 17 años antes, cuando la firma Dana pertenecía a un grupo estadounidense. Había sido tomado como mecánico para el mantenimiento de la estructura. Cuando se hizo una adaptación de tareas fue pasado a otro sitio, como parte de la planta. Cuenta su esposa Alejandra -quien se sacó el abrigo para mostrar la remera con el rostro de su esposo , que ese cambio lo afectó muchísimo, sufrió grandes angustias y eso desembocó en un proceso de stress. Tenía cálculos renales y en más de una ocasión había faltado: 'tu marido se enferma siempre cerca del fin de semana', le dijo un médico de la empresa a la mujer cuando llamó en una ocasión para pasar el parte de enfermo de Miguel Angel. Enseguida sobrevino una internación y a los pocos días Di Mare ya estaba trabajando. Hacía el turno de la noche y de madrugada, alrededor de las 3 y media, pocos días después, tuvo un paro cardíaco. "Sus compañeros trataron de asistirlo, pero no pudieron hacer más. Ya Dana había sacado el servicio de enfermería las 24 horas, Mahle mantuvo esa modalidad, pero al otro día de su muerte volvieron a tener la prestación durante toda la jornada con presencia de médicos en un turno". Junto a Alejandra Miranda que tiene una hija, Micaela, de 10 años, está Gabriela Rodríguez y Mariana Chinnici, dos operarias de la firma. A esta cronista le llamó la atención el saludo tan desesperanzado, justo cuando apareció otra posibilidad: "Es como que ya no tenemos expectativas, pero aquí seguimos, cuidando nuestra fuente de trabajo", dijeron ambas y con casi los mismos términos.

Gabriela Rodríguez tiene 36 años, 5 años y medio de fábrica y tres hijos a cargo, una de 19 años, otro de 14 y una beba de 11 meses. Ella cobra $ 2.400 mensuales y la última quincena de junio recién volvió a percibir, como sus compañeros, el 100 por ciento de la remuneración. El 9 de abril, cuando fueron suspendidos, comenzaron a cobrar el 70 por ciento del salario y el conflicto mayor se desató a partir del 24, cuando la fábrica concretó el cierre. Esta mujer cuenta que ella y otros de sus compañeros fueron de los primeros en entrar. "No creí nunca que me iba a animar cuando había policías con Itakas y había que gritarles: ¿usted no tiene familia?, ¿no ve que estamos desesperados?". Rodríguez había trabajado antes en una empresa de limpieza y cuando pudo entrar en Dana vive a 6 cuadras de la planta , llegó a estar en la sección control de calidad. Además dice que le gusta mucho su tarea. "Tengo bronca por muchas cosas, porque necesito el trabajo como todos mis compañeros, pero además me gusta lo que hago, quiero seguir con eso". Su compañera Mariana Chinnici está en la sección de 'semielaborados' y Gabriela, con destreza, explica que así se llama la parte del proceso cuando los aros recién salen de la fundición y entonces se revisan para que sigan su camino hacia distintos tipos de máquinas con lo que salen, luego, los productos finales.

Mariana tiene 41 años y dos en la fábrica. Pasó antes por otra situación laboral difícil "en el Sanatorio de los Nuevos Ayres donde cobraba $ 800 que se dividían en tres veces. Aquí cobrábamos a término, pero no creo mucho en los empresarios, explotan a la gente todo lo que pueden y también cuando les es posible no pagan". Las dos mujeres hacen comentarios similares en cuanto a que la firma alemana Mahle "nos parece que embarra la cancha y que, en definitiva, no quiere vender, sino cerrar y llevarse todo lo que puedan de aquí, tal vez a Brasil donde tratan a la gente como esclavos".

Todos los testimonios recogidos entre el personal de la empresa señalan que Dana primero, y Mahle después, se quedaron con la marca Perfect Circle: "Tal vez esto es lo que le interesó a Mahle cuando compró la planta de Rosario y después ya quiso desecharla", se escucha con recurrencia y con la consecuente inquietud pregunta acerca de lo que pasará si la planta se vende: "Hay que ver si se podrá competir con la insignia líder internacional", se comenta.

Desde quienes se animan a decir que parece que "estamos en un país bananero, donde no puede ser que no haya leyes para que se defienda lo nuestro y las fuentes de trabajo sin que venga alguien de afuera y lo tire por la borda", hasta quienes se atreven un poco más: "Si hubiese trabajo para todos y no la angustia de pensar cómo vamos a mantener a nuestros hijos, no habría delincuencia. Justamente si la hay es porque en definitiva interesa que sigan existiendo quienes no tienen nada y se dedican a delinquir, es como que hay para echarle la culpa a alguien. No interesa cambiarle la mentalidad a quienes están en esa parte de la población", reflexionan las dos mujeres.

Un histórico operario de la planta es Vicente Parello, 59 años y 40 en la fábrica. Un hermano suyo también trabajo esa cantidad de años en la empresa que fundó Esteban Daneri y un hijo suyo, de 30, integra el plantel. Vive a pocas cuadras de la planta, en Campbell y Gálvez. Su discurso aparenta ser más conservador que el de quienes lo precedieron, pero sin embargo está todos los días en la fábrica, junto a sus compañeros. Para Parello, que trabajó en casi todos los turnos y en muchas tareas, la de su familia es "casi una dinastía en la fábrica". La sola expresión habla del orgullo por 'pertenecer'. "Entrar a trabajar en Daneri era lo mejor que a uno le podía pasar en la vida laboral. ¿Sabe cuánta gente del barrio aspiraba a entrar en la planta?, dice. Parello fue delegado un par de años pero no le gustó mucho esa responsabilidad, él prefirió quedarse sólo con su puesto de trabajo, "cumplir con todo", comenta, y estar tranquilo: "Es que hay que defender a buenos y malos, y siempre hay críticas, no es lo que más me gusta, a mí no me interesa discutir, me llevo bien con todo el mundo", le dijo a este diario. A Vicente Perelló se le llenan los ojos de lágrimas cuando recuerda que recibió todas las medallas de la empresa, la de los 20 años, la de los 30. Estoy orgulloso dice , mal o bien pude criar a mis 6 hijos que nacieron todos en el sanatorio de la UOM".

Las historias de Emilio Angel Tardío y la de Roberto Campos también tienen anclajes familiares en la sucesión Daneri Dana Mahle.

Tardío tiene 54 años, 35 de fábrica y ocupa el puesto de supervisor. Su padre Angel, ya jubilado, ingresó en 1963, él en 1975 y su hijos Andrés, de 27 años, en el 2001. "Para la familia, la fábrica era un obligado sitio de referencia y trabajar aquí representaba un orgullo. Todo el mundo quería tener esa posibilidad, por eso le pedí a mi padre que me ayudara y justo me llamaron también de John Deere, pero me quedé aquí, más cerca de donde vivíamos, en La Paz y San Nicolás". Emilio Tardío cuenta que quiso que sus hijos estudien y "sean algo más que obreros", pero que el más chico, a pesar de haber cursado el secundario en escuelas con orientación en comercio quiso trabajar y también está en la fábrica. "Estamos tratando de recuperar nuestra fuente de trabajo, aunque todo se nos aparece bastante turbio. Desde los distintos niveles de autoridades, Nación, provincia, desde la UOM nacional y local dicen que se va a vender pero ya llevamos casi tres meses en esta situación de angustia e incertidumbre". Emilio Tardío también cuenta que tanto cuando llegó Dana, como cuando compró Mahle, hubo esperanzas, como se trataba de grandes multinacionales pensaron que había poder y respaldo y que no se verían en situaciones difíciles. "Pero en el caso de Mahle creíamos especialmente que tenían seriedad y respeto por las normas legales, aunque no fue así". Tardío se extiende un poco por lo que todo el personal califica como los "desastres" de Mahle, la firma que según sus propias declaraciones invirtió 17 millones de dólares en la planta de Rosario, una cifra que no cierra ni resulta creíble para los trabajadores que vieron levantarse un vestuario nuevo, un gran galpón que supuestamente se usaría para carga y descarga de camiones y nunca se utilizó , mientras no se renovaron las máquinas, lo más necesario para mejorar la producción. "Tuvimos la inteligencia de cuidar de esta planta como si fuera nuestra casa, tuvimos miedo de los posibles vaciamientos o sabotajes", sostuvo.

Con 28 años y ya dos como delegado, Roberto Walter Campos, es hijo de Roberto Rafael, actual operario y nieto de Roberto Esmín, su abuelo quien trabajó para la ex Daneri. El es otra de las personas que expresa "era un lujo entrar aquí", y aunque tuvo la posibilidad de una formación técnica, terminó luego en un EMPA e ingresó a la fábrica hace 5 años. Creció y vivió en barrio Godoy y también asegura que todos en el barrio querían entrar a trabajar allí". Ahora Roberto Campos cubre como sus compañeros los turnos de trabajo destinados al cuidado de la planta, ya que aún en el fin de semana las instalaciones no se dejan solas.

Otro recuerdo: "Uno sabe lo que ha dado esta fábrica porque era ejemplo en modo de trabajo y en calidad y es triste ver lo que pasó. Por el trabajo de mi padre tuvimos las primeras vacaciones, televisor y tantas cosas". Campos como sus compañeros reconocen que "dentro de todo, podemos seguir resistiendo porque cobramos los salarios", pero explica que hay gente que se va enfermando, por la preocupación, la angustia y el stress que ello produce. "Por eso como delegados tenemos que mantener la tranquilidad y tratar de contener a los compañeros que tienen las imágenes y perspectivas tan difíciles como las tenemos todos".

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Como un verdadero equipo. Así se sostienen los obreros de Mahle a la espera de la reapertura de la planta en otras manos.
Imagen: Sebastián Granata
 
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