SANTA FE › DECLARARON TESTIGOS QUE AUXILIARON A SILVIA SUPPO ANTES DE MORIR

Los primeros que llegaron

Tres clientes del comercio de la testigo de juicios de lesa humanidad asesinada relataron una escena que refutó lo dicho por los imputados. Se fortalece la hipótesis de la querella.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

Tres testigos que declararon esta semana ante el Tribunal Oral de Santa Fe en el juicio por el asesinato de Silvia Suppo pusieron en entredicho el relato de los dos imputados por el crimen: Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres. Se trata de tres clientes de Silvia: Mercedes Fasano; su esposo, el ingeniero Homero Ingaramo y el bioquímico Andrés Albrecht, quienes fueron los primeros en llegar al negocio de Suppo y auxiliarla cuando ella desfallecía en el fondo del local, tras sufrir nueve puñaladas que le costaron la vida. Fasano la descubrió oculta por un mostrador, en un rincón: "Ayudame", le suplicó Silvia. Ella salió despavorida a avisarle a su marido que la esperaba en la calle, al volante de su auto. Ingaramo corrió entonces a buscar una ambulancia de un servicio privado que está a cien metros. Y ese momento, llegó Albrech. Los tres no recordaron haber visto "mucho desorden" "cerca de la entrada" del comercio, donde Sosa y Cóceres confesaron un forcejeo con Suppo ante una supuesta resistencia, la apuñalaron y después la llevaron al fondo. Ya en diciembre, un oficial de la Policía Científica, Héctor Bonzi, había ubicado el ataque en "la parte posterior" del local. La brecha entre los testimonios y el relato de los imputados alienta la hipótesis de la querella, que desde un principio sospecha que entraron a matarla y el robo fue un simulacro.

La semana pasada, la médica y perito de parte, Dolores Perassolo reveló que uno de los cuchillos secuestrados en la causa no es el arma homicida y planteó dudas sobre el otro porque en ninguno de los dos se encontraron restos genéticos de la víctima. Perassolo dijo que Suppo no tenía escoriaciones ni heridas defensivas. "Ella no se defendió", dijo. Subrayó el "ensañamiento" y la "precisión" de las puñaladas en órganos vitales. Los ejecutores "sabían lo que hacían". Y explicó el principio de "transferencia" entre víctima y victimario, por lo que le llamó la atención que no hubiera rastros genéticos ni en los cuchillos ni en la ropa de los imputados.

El viernes declararon siete testigos, entre ellos los esposos Ingaramo y Albrecht. Mercedes Fasano fue la primera que llegó al negocio de Silvia aquel lunes 29 de marzo de 2010. Era antes de la 10 de la mañana. Entró y le pareció que no había nadie. Observó una escalera y un balde, como si hubieran estado limpiando. Golpeó las palmas varias veces, a la espera de ser atendida. Y desde adentro, ve que su marido estaciona el auto en la puerta. Se animó entonces a explorar el local y buscar a la dueña, que encontró detrás de un mostrador, en un rincón en el fondo. Silvia estaba semisentada. "Ayudame", le dijo. "Me habló muy suavemente", recordó Mercedes que salió a buscar a su marido. En ese momento, llegó Albrecht, que venía a cambiar un regalo. Ingaramo corrió hasta un servicio médico privado y Albrecht llamó al 107. La primera ambulancia llegó en minutos.

En el ínterin, Fasano se quedó con Silvia, que ya había desvanecido en el suelo. Tenía una mancha de sangre en el abdomen. Y no hablaba. "Le dije que se quedara tranquila. Y me puse a cantarle hasta que llegaron los médicos", relató Mercedes. La voz se le quebró. "Fue una conmoción muy grande".

- ¿Dónde encontró a la señora Suppo? - le preguntó el abogado querellante Guillermo Munné.

- Detrás de un mostrador en el fondo. Ella estaba en el rincón, entre la pared y el mostrador.

- ¿La podía ver desde el frente del local?

- No, para verla tuve que entrar hasta el final del negocio -contestó Fasano. En el juicio, algunos policías llegaron a decir que habían visto manchas de sangre desde la vereda.

Ingaramo subrayó el relato de su esposa sobre el estado de Silvia. "Se quejaba mucho de dolor", dijo. Y coincidió que la entrada del negocio no era un escenario de lucha. "Había algo de desorden", dijo Ingaramo. Albrecht apuntó: "No recuerdo haber visto mucho desorden en la entrada del negocio. Había elementos tirados o en el suelo, pero no muchos".

En las indagatorias, Cóceres y Sosa dijeron que atacaron a Suppo "cerca de la entrada, donde la señora estaba acomodando llaveros". Según Cóceres, Silvia "le alcanzó a sacar el cuchillo" a Sosa, por lo que él la sujetó "del cuello y le da el primer puntazo en el pecho". Ahí, Sosa "agarra el cuchillo que la señora había soltado" y le empezó "a dar puntazos de frente", mientras él la sostenía desde atrás. Y después, Cóceres la "llevó arrastrando hasta el fondo del local, no sé si estaba conciente porque no decía nada".

Los testigos que declararon el viernes no dijeron haber visto signos de lucha en entrada del negocio. Y lo mismo planteó un licenciado en Criminalística de la Policía Científica, Héctor Bonzi, que declaró en diciembre. "La agresión fue en la parte posterior del local", dijo

- Detectó signos de lucha en la parte de adelante --le preguntó entonces el fiscal Martín Suarez Faisal.

- La agresión fue en la parte posterior del negocio -contestó Bonzi.

- ¿Atrás?

- Sí, atrás remarcó. El relato Bonzi generó incluso un contrapunto entre Munné y la presidenta del Tribunal, María Ivón Vella ante una repregunta de la jueza. "El testigo no dijo que Suppo fue llevada atrás", reprochó el abogado.

- No sé si fue llevada, los signos demuestran que fue agredida atrás del local - concluyó Bonzi.

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Silvia Suppo fue asesinada de nueve puñaladas en Rafaela.
 
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