DEPORTES › MILES DE HINCHAS DE NEWELL'S FESTEJARON EL CAMPEONATO EN EL MONUMENTO

Una celebración en rojo y negro

Hinchas eufóricos, mayoría de jóvenes, pero también de familias enteras, todas con los colores del nuevo campeón ganaron las calles de la ciudad apenas se conoció la derrota de Lanús. Aunque efervescente, el festejo no propició los desmanes que se temían.

 Por Luis Bastús

El pedido de la intendenta a la ciudad leprosa para que ayer no festejara en el Monumento quedó tan lejos como el recuerdo de que allí mismo la otra ciudad festejó hace unos pocos días. El punto natural de celebración de los rosarinos ayer se cubrió de rojo y negro, y Rosario ratificó su condición de capital del fútbol. Un rato antes de que Lanús sellara su derrota ante Estudiantes, ya tronaban en el Bajo las primeras bombas de un concierto que se mantuvo hasta la noche. Y apenas terminó el partido, el mástil mayor de la ciudad empezó a poblarse de hinchas eufóricos, mayoría de jóvenes, pero también de familias enteras, todas con los colores del nuevo campeón. Felices y en paz.

La gloria que media ciudad palpitó desde el fin de semana, estalló con toda algarabía apenas el resultado de medio partido jugado en La Plata consagró campeón a Newell's. Pronto las adyacencias del Monumento trocaron en cuenca de un torrentoso río de gente que la Municipalidad intentó con timidez endicar para que desaguara en otro lado, pero no en el Parque Nacional donde hoy tendrá lugar el acto por el Día de la Bandera. Alem, Primero de Mayo, Córdoba, Rioja, se transformaron en los senderos de una marabunta rojinegra que bajó desde quién sabe donde, muchedumbre de jóvenes en marcha triunfal hacia el Monumento. El mismo delirio que avasalló las inmediaciones de Pellegrini y Paraguay, y el mismísimo Parque de la Independencia, anoche muy tarde, al recibir la llegada victoriosa del micro descapotable con el mejor equipo del torneo.

Pintaron los trapos, los cantitos, también porrones, fernets y tetrabriks desde temprano, y aerosoles para estampar en las paredes el recuerdo de una tarde gloriosa. Bocinazos por todas partes, y el regreso de los cuidacoches, a 10 pesos el derecho a estacionar en 45º. Señoras que aplaudían al paso. Balcones embanderados en rojo y negro, también en celeste y blanco. Recurrentes pullas al festejo canaya por el ascenso. Y hasta las porteras de una escuela, asomadas y sonrientes, fotografiando la dicha en movimiento. "Dejen salir a los pibes que hoy es fiesta", les gritaron los que ayer pegaron el faltazo para gritar campeón.

Los ríos de hinchas desembocaron en el Bajo para convertir la barranca en una cascada humana, previa al mar rojinegro que cubrió la explanada del Monumento y los primeros aprestos para el acto de hoy.

Mientras tanto, la pantalla de Canal 3 era ocupada por El Zorro. Pepe y Moni Argento hacían lo suyo por Canal 5. La primera imagen televisiva de que en Rosario había un carnaval la dieron canales porteños.

"Qué hermosura", musitó un fornido cuarentón de voz cascada cuando desde la plazoleta de Rioja y 1º de Mayo se llenó los ojos con la ondulante alegría de miles en banderas y humo de bengalas. La banda sonora eran todos los coros tribuneros, sobre la base rítmica de un arsenal de bombazos que atronaba el Parque. En el centro, los estruendos que retumbaban desde el Bajo evocaban la carga de artillería que nunca dispararon las baterías Libertad e Independencia que Belgrano instaló dos siglos antes.

Un auto avanzó en contramano por la calle cortada: el presidente del Concejo, Miguel Zamarini, con medio cuerpo afuera de la ventanilla del acompañante, enloquecido de lepra y también la observación: "No nos queda otra que mirar los festejos del pueblo leproso por los canales de Buenos Aires".

Entre tantas familias que participaron del festejo, los Scarpollini llegaron desde ¡Arroyito!. Hasta el aturdido Tano, la mascota boxer, estaba lookeado en rojo y negro, en un ladrido perpetuo por tantas bombas y tanta alegría humana e incomprensible. "¿Cómo se llama? ¿Bracamonte?", bromeó uno al pasar. "Somos varios leprosos en Arroyito. Vivimos a cuatro cuadras del Gigante, y somos los más felices del barrio". En un hilo de voz, el jefe de familia sacó a relucir su orgullo personal: que nació en 1974, tres meses antes del NOB campeón que su padre vio, que lo siguió siempre, que lo vio ganar el Apertura 2004, y que ayer la felicidad era completa y en familia porque pudo mostrarle a su hijo otra vez los colores amados en la gloria. "El de Yudica jugaba lindo, el de Bielsa era vértigo, y a este Newell's del Tata le queda chico hasta el Monumento".

Pedro Bismarck, otrora miembro de la barra y más conocido como el Loco Demente, también se mezcló en la fiesta. "Es una alegría enorme, la gente se merece esta felicidad después de estos cinco años, después de una dictadura como la de López. Pero ésto se lo debemos a Scocco, al Tata, a los que quisieron venir. Esta comisión no los fue a buscar, ellos quisieron venir", separó.

De gorra negra y bufanda roja, el candidato a concejal Fernando Rosúa destacó: "Resalto el ejemplo de Martino, que tuvo la valentía de venir a jugarse cuando hacía falta, y mantuvo un estilo de juego que haciendo de este equipo el mejor de todos", dijo el dirigente del Movimiento Evita. Cerca de allí, el radical Jorge Boasso, con una camiseta sobre los hombros de su habitual sobretodo negro chanceó: "Si Mónica quería que no vinieran al Monumento, logró que viniera el quíntuple de gente", y reflexionó sobre la moraleja del campeón. "Este Newell's es un orgullo porque es un ejemplo de organización, de humildad, solidaridad, de transparencia. El Tata en su mejor momento profesional se hizo cargo y no sólo que lo salvó del descenso sino que lo sacó campeón con un fútbol superior. Ojalá los políticos aprendamos mucho de este Newell's", predicó.

Aunque efervescente, el festejo no propició los desmanes que se temían. La multitud respetó el vallado que delimitó los escenarios para el acto de hoy y la discreta presencia policial. Sólo una hilera de baños químicos quedó abollada por hinchas que saltaban encima. El responsable municipal de coordinar el armado del evento, César Limonta, se lo tomó con calma y calculó que pasaría la noche en vela, a la espera de que la fiesta leprosa amainara y la avenida Belgrano se despejara para dar paso a los camiones con los equipos restantes. "No sé si vamos a llegar, faltan instalar las sillas, el grueso del sonido, hacer la prueba. Los camiones están cargados y esperando", dijo. Su expectativa era que el epicentro de la fiesta se trasladara con la noche hacia el aeropuerto y al Coloso del Parque, para recibir a los campeones. Todavía faltaba mucho para festejar.

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El mar rojinegro que cubrió la explanada del Monumento a la Bandera.
Imagen: Sebastián Granata
 
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