CULTURA / ESPECTáCULOS › CINE. MúSICA EN ESPERA, UNA COMEDIA ROMáNTICA QUE CUMPLE CON SUS PROMESAS

Cuando la química es sólo una parte

El film de Hernán Golfrid está lleno de buenos recursos narrativos, y deja lugar tanto para la intriga como para el humor.

 Por Emilio A Bellon

Música en espera. Argentina, 2009

Dirección: Hernán Goldfrid

Guión: Patricio Vega y Julieta Steinberg

Música: Guillermo Guareschi

Intérpretes: Natalia Oreiro, Diego Peretti, Norma Aleandro.

Duración: 106 minutos.

Salas: Monumental, Showcase y Village.

Calificación: 8 (ocho)

Si hay algo que han tenido en cuenta los más reconocidos directores de comedias a lo largo de la historia del cine es la "química entre los actores principales", los que definen al héroe y la heroína, que han experimentado múltiples variaciones con el transcurrir del tiempo. Así, en el espacio del cine clásico, nombrar a Cary Grant y Katherine Hepburn, a Audrey Hepburn y Gregory Peck, a Rock Hudson y Doris Day, a Shirley MacLaine y Jack Lemmon, entre otros, es pensar en tantas situaciones divertidas, ocurrentes, que ya forman parte de la memoria colectiva del público.

Y esto es lo que hoy podemos celebrar, entre tantos otros aciertos, en Música en espera, comedia de Hernán Goldfrid, quien al igual que su guionista Patricio Vega, formaba parte del grupo de Damián Szifron en la serie televisiva Los simuladores.

Desde su título, el film se acerca a uno de los tantos artificios de la tecnología, en ciertos mecanismos que afirman una prolongada burocracia. Esa melodía X, que nos lleva a otra cuando pedimos hablar con algún responsable de sección, sea para tramitar un encargo o comunicar un desperfecto. Pero esa música, si bien identifica algo de lo señalado, puede representar un principio de solución para Ezequiel Font, compositor de bandas sonoras que vive una situación angustiante.

En torno a una melodía de esa música en espera se planteará una de las dos historias personales, la que, de inmediato saldrá al cruce de otra: una joven mujer, un tanto arrogante al principio, embarazada "a punto de" y sin pareja, funcionaria de un banco, quien sentirá que algo está por sucumbir cuando recibe la alarmante noticia de su madre que se encuentra en Ezeiza, en ese momento, tras haber viajado de España para asistir al nacimiento de su nieto.

Decíamos que una historia se unirá a la otra a través del imprevisto y el azar. Señalábamos que el film planteaba una serie de intrigas, tal como el camino de la comedia policial nos depara. Y sumamos visiones: la que nos ofrece la comedia de enredos, que en el film de este joven realizador de menos de treinta años, nos lleva a un juego de simulaciones, de identidades.

Ambos personajes son sorprendidos al iniciarse el film, por diferentes motivos, un estado de crisis. El, separado de una mujer de carácter, obstetra, está a la espera de esa melodía que le permita remontar de una angustiante y amenazante promesa de pago. Y es aquí, donde Música en espera colocará la mirada en otro espacio, casi nada transitado en el cine argentino: la interrupción de motivaciones, el bloqueo frente al acto de la creación artística. Y ella, con una carrera en ascenso, deberá sortear esa mirada inquisidora y detectivesca de esa madre, quien ahora aspira, por sobre todo, a conocer al padre de la criatura.

Estamos ante una comedia atípica en el espacio del cine argentino, con momentos que pueden resultar desopilantes a partir de una composición eximia de Diego Peretti, quien puede transitar de el escenario de La muerte de un viajante, junto a Alfredo Alcón, en la obra de Arthur Miller hasta el rol de aquel duro e impertérrito policía de La señal, atravesando las comedias que sólo lo pueden ocupar algunos pocos. Comedia sutil en la mayor parte de sus capítulos. La figura de Natalia Oreiro se mueve entre una interesada seducción y una sincera ternura. Particularmente su personaje, por cierta reserva y pudor nos lleva a pensar en aquel otro cine, de tantos años atrás.

Y entre ambos, y cerca de ambos, y junto a ellos, ahí está la madre con sus plañideras buenas intenciones, con su ímpetu y su convicción y con esa actitud fisgona que lleva a un estado de alerta. Norma Aleandro cumple en este film un rol antológico.

La música en espera del título obrará en un primer momento como ese pretexto que marcaba Alfred Hitchcock, que conducía a desencadenar otras tantas situaciones y conductas. El lo identificaba con el nombre de "McGuffin" y en el film, el buscar esa melodía que tanto había trastornado y cautivado a nuestro protagonista, es el disparador de corridas, astucias y estrategias.

La comedia clásica tenía otra regla de oro: la presencia de personajes secundarios que adquirían significación y que marcaban contrapuntos, abrían a otros equívocos y nos permitían reunir otros puntos de vista. En este sentido, Música en espera no olvida esta premisa y presenta una serie de ellos, que organizan todo un relato festivo y al mismo tiempo instalan el absurdo.

Personajes de todos los días, sí, como esos guardias de seguridad que remedan a aquellos dúos de los años del llamado "cine mudo", como la madre del protagonista que desgarra una verborragia de interpretaciones psicoanalíticas y ese socio que disfraza remanidos temas musicales presentándolos como la gran novedad. Como los empleados de la telefónica, y como ese lugar que ocupa ese preciado ringtone, uno entre tantos, que llevará a otros desvíos. Igual que esos juegos de acertijos que el jefe de Paula trata de descifrar y resolver en su oficina, así Música en espera nos invita a participar.

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Diego Peretti, Norma Aleandro y Natalia Oreiro se lucen con roles entre disparatados y tiernos.
 
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