CULTURA / ESPECTáCULOS › MúSICA. ENTREVISTA CON LEONARDO BRAVO, UN ROSARINO A QUIEN SU INSTRUMENTO LO LLEVó HASTA JAPóN

Lo que se dice guitarra de exportación

Bravo es un músico de una amplia trayectoria, egresado de la Escuela de Música de la UNR como licenciado en guitarra, y cuenta con numerosos premios en su haber. Un artista dedicado a la interpretanción y el estudio de su instrumento.

 Por Marisol Gentile

"Cuando era chico me sentí muy atraído por una película japonesa que había visto, no recuerdo cuál, pero la arquitectura y las puertas de papel me habían impresionado sobremanera. Sabía que en algún momento de mi vida iba a tener que ir. En 2001, debí hacer un viaje a Canadá, allí conocí una chica japonesa y el resto es fácil de deducir. Después de un par de años me casé y por ultimo viajé a Japón en donde me establecí. Así, además y sin proponérmelo, cumplí el deseo de mi niñez". Con estas palabras abre Leo Bravo la entrevista que en exclusiva mantuvo con esta redacción, ante la típica pregunta de cómo es que llega un músico sudamericano a la otra punta del globo.

Bravo es un músico de una amplia trayectoria, egresado de la Escuela de Música de la UNR como licenciado en guitarra, y cuenta a decir verdad con muchos premios en su haber (Primer Premio Concurso de guitarra Clásica Asociación Guitarrística de Rosario, Primer Premio Concurso de guitarra Clásica Mozarteum Santa Fe, Salzburg/Argentina, Primer Premio Concurso de guitarra Clásica y Mejor Guitarrista del año C.G.A Buenos Aires, Primer Premio Concurso de Música de Cámara Fundación Antorchas, Primer Premio Guitar Contest Scholarship XVI Guitar International Seminar Porto Alegre, por citar los más relevantes), que galardonan su interpretación, dedicación y estudio al instrumento.

Entre las invitaciones recibidas para dar conciertos, becas de estudio y concursos, este discípulo dilecto de Juan Carlos e Inés Zemp visitó Brasil, Chile, Bolivia, Perú, Uruguay, Estados Unidos, Canadá, España, Italia, Francia, Australia, Corea y por supuesto Japón, en donde reside desde 2003. Tokio es pues el escenario en donde realiza su actividad actual: la performance de conciertos, la docencia regular y especializada para profesionales, la redacción de artículos para la revista Gendai Guitar, y el dictado de cursos sobre técnica instrumental e interpretación de la música argentina.

"También dedico un poquito de tiempo a la composición -agrega-. Y si bien soy un músico de formación clásica, comencé con la música popular, así que desde el comienzo y hasta hoy en día tengo un pie en cada orilla, por eso me dedico a las dos cosas, tanto a la música clásica como a la música tradicional argentina, el folklore y el tango. La elección de esta estética y del repertorio depende exclusivamente del goce y de la necesidad interior".

La guitarra, su instrumento, está muy bien posicionado en el Japón, según cuenta: "La guitarra es realmente muy popular. Hay muchísima gente que la estudia, gente que quiere llegar a ser profesional y muchísimos aficionados que trabajan con esmero. Pero a pesar de esta popularidad, no existe cátedra de guitarra en las universidades de música. Según me dicen todavía persiste la idea de que es un instrumento menor y por eso no tiene cabida en las instituciones de enseñanza superior".

En cuanto a la enseñanza, existen en ese país varios conceptos: algunos todavía se rigen simplemente por la repetición, como método para incorporar los elementos, y por otro lado, muchos docentes trabajan en los métodos de enseñanza que suelen estar basados en los conceptos occidentales. "La distancia profesor/alumno suele ser bastante grande", cuenta. "Recuerdo una ocasión en donde había varios alumnos sentados en unos sofás, para charlar un rato con ellos me senté en uno de esos sofás, inmediatamente todos se arrodillaron en el piso... para establecer esa diferencia. Ahora ya directamente me siento en el piso, para que ellos no tengan un lugar más bajo en donde sentarse... pero así y todo se sientan en el piso, para, al menos, no quedar ellos en situación de superioridad".

Interesante es detenerse en este punto, al referirnos a un país del primer mundo y con una vida musical tan activa, con innumerables presentaciones de todo tipo y muchísimos artistas extranjeros que realizan permanentes giras por todo el país. Sin embargo, la ópera no es un género muy desarrollado, y en cuanto a la música tradicional japonesa, si bien se desarrolla bastante, no es similar al auge que tiene en nuestro país. "Es que Japón -explica- a partir de terminar la Segunda Guerra, recibe enorme influencia de la música occidental, sobre todo porque se trata de imponer a la música occidental como la única y verdadera, y entonces, toda esa generación rehúsa y ve ya con malos ojos a las manifestaciones musicales folklóricas japonesas. Hoy los jóvenes retoman el arte tradicional antiguo aunque la mayoría sigue prefiriendo dedicarse a algún género de música extranjera. Por otra parte, hay muchos aspectos en que la profesión se hace muy placentera. Por ejemplo en el hecho de que nunca se deja ningún detalle al azar. La organización es siempre impecable, los programas, las salas, la atención al público, al intérprete, etc. Nunca hay sorpresas de ningún tipo. Generalmente los conciertos se arreglan con un año o más de anticipación; recuerdo que una vez me llamaron 6 meses antes del recital para preguntarme a qué temperatura quería la sala y además qué quería comer antes y después del concierto".

El hecho de tener a la música como su profesión fue una gran suerte para Leonardo a la hora de mudarse a un país tan distinto a la Argentina, no sólo en el idioma, sino en las costumbres y en la forma de vida. Y fue una suerte, ya que -al no necesitar del lenguaje escrito para trabajar- pudo desarrollar su profesión desde un principio. "En mi caso a los dos meses de llegar pude hacer mi recital de debut. Por otro lado, el público japonés es muy receptivo a la música popular de Latinoamérica, así que en este aspecto fue bastante sencillo. Y con el idioma... antes de viajar a Japón, en Argentina aprendí dos de los tres alfabetos que se utilizan, Hiragana y katakana, de 150 caracteres cada uno. Y una vez aquí, puse empeño en aprender los kanjis o caracteres chinos, que para un nivel elemental se requieren unos 2000 o 2500. Muchísimos de estos caracteres tienen hasta 8 significados, más sus combinaciones... es tremendo, y sinceramente no lo domino, aunque escribo un blog en japonés para practicar la escritura. Para hablarlo uno se da mañas... hasta doy conferencias... ¡pobre gente! pero para escribirlo es otro tema. Por otro lado, la gente es muy amable, la comida es maravillosa y las costumbres... es sólo cuestión de aceptación y tiempo".

Según sus cálculos, aún la casta argentina no ha invadido Oriente: "En total debe haber unos 200 argentinos. En Fukuoka, donde vivía antes, éramos solamente tres músicos argentinos, y en Tokio seguramente seremos más. El país de uno se extraña, por supuesto: vuelvo a Argentina cada vez que puedo, pero aquí los periodos de vacaciones son realmente cortos y pensando en que tengo sólo de traslado cuatro larguísimos días las posibilidades de ir son generalmente de una vez cada dos años. Siempre es una gran alegría visitar el país y un respiro gordo para el corazón, por la familia, los amigos, la gente, el paisaje, el idioma, los salamines, las empanadas...".

Teniendo como pilar referente a Eduardo Falú (quien ha prodigado excelentes críticas hacia sus interpretaciones, al sostener: "Tengo el mejor concepto de Bravo tanto como intérprete y como compositor. Bravo es un guitarrista por derecho propio, que interpreta maravillosamente este madero vacío que canta y llora"), admira sobre todo a aquellos artistas populares ignotos pero llenos de creatividad y de autenticidad en sus maneras de interpretar, y en especial a aquellos compositores que basan su trabajo a partir de la música folklórica o popular de sus países.

Leonardo, que realizó 12 grabaciones de CDs en carácter solista y en ensamble con numerosos músicos y agrupaciones en Argentina y el exterior, paralelamente a la interpretación, realiza labor de arreglador y compositor: "Cuando estaba en Rosario comencé a escribir una serie de pequeñas piezas sólo con el fin de utilizarlas en mi labor docente. Pero el año pasado tuve la sorpresa de que éstas gustaron mucho, y me pidieron hacer una edición, por supuesto acepté y ya se distribuyen en todo Japón y Estados Unidos. Pero además, esta serie fue elegida para ser obra impuesta en el Concurso internacional de guitarra de Kyushu, que se celebra cada año aquí. Fue una gran alegría para mí y fue muy interesante ver a tantos guitarristas japoneses tocando estas piecitas, alguna de ellas con ritmo de chamamé".

Y los proyectos para él continúan: en junio del año pasado se publicó un CD y DVD con Bravo tocando junto al guitarrista estadounidense William Kanengiser, dedicado a la música del compositor japonés Shingo Fujii. En abril de este año, invitado por Marshall University, realizará una serie de presentaciones en Estados Unidos, las que incluirán recitales como solista, conferencias sobre música argentina y masterclasses sobre música Latinoamericana. Y la lista sigue. "También este año, publicaré uno o dos CDs, con suerte, como solista, uno dedicado a la música argentina y otro a compositores actuales en

los que incluiré algunas composiciones y arreglos propios. Espero poder presentarlos pronto en Argentina". concluyó.

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Bravo fue invitado por la Marshall University, para una serie de conciertos en Estados Unidos.
 
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