CULTURA / ESPECTáCULOS › EL GRAN MARIONESTISTA RUBéN ORSINI, ESTA NOCHE EN LA SALA LAVARDEN.

El que maneja todos los hilos

Las mismas marionetas que durante años se vieron en las esquinas de la peatonal Córdoba y que luego marcharon a Europa, siguen deleitando y ahora vuelven a Rosario de la mano de su creador. Un mundo de muñecos que logran emocionar.

Llueve pero él casi no se entera. Rubén Orsini está ensimismado en su mundo de marionetas, una decena que él mismo ha creado a lo largo de la última década. Diez años de luces en los que pasó de vivir literalmente en la calle realizando espectáculos al aire libre, a llenar salas de teatro en Rosario y otras urbes que supieron reconocer su talento. Hoy

a las 20 el rosarino se presentará por segunda vez en la Sala Lavardén con un espectáculo propio: "Marionetas Orsini". "Si bien hace un mes estuve en México y también participé de festivales en Europa, la función que hago en mi ciudad para mi es muy importante", confesó el artista a Rosario/12 con la sencillez que lo caracteriza. Las mismas marionetas que durante años contagiaron sonrisas y nostalgia en las esquinas de la peatonal Córdoba, se reencontrarán esta noche con su público en un ambiente más cuidado. Y con menos "desfachatez" contarán otras historias.

"Mi espectáculo es un retorno a la inocencia primaria, si por un momento puedo llevar al espectador a un lugar cálido, ya está, cumplí mi objetivo. No me interesa trascender sino que ese tipo tenga una sensación, una chispa", asegura.

Y es que las marionetas de Orsini son frágiles, vulnerables y están solas. Un trapo de piso, una regadera o una pelota de fútbol pueden ser los elementos primarios. "Son todos objetos encontrados pero trato de que tengan un sentido, que sean especiales para mí", explicó. Así una de sus creaciones más fantásticas consiste en la cara entre asombrada y serena de un anciano que lleva puestos los lentes de su propio abuelo. Otra de las historias llega de la mano de un lactante cuyo rostro fue creado gracias al regalo de un amigo sajón. "Es un niño que está dando sus primeros pasos, un momento fantástico para todo ser humano pero también terrible", narra el artista. Así, al compás de la música la marioneta logra avanzar pero también se tropieza, pierde el equilibrio, cae y se sobrepone, como la vida misma.

También hay un muchacho con un revolver en la mano a quien él bautizó "el ratero", y otro hombre mayor con el brazo quebrado y un guante de recolector de residuos. "Hay algo globalizador, una historia en común: aparece la calle y el ser sobreviviente en ella que siempre es un solitario", afirma Orsini. Y esta descripción es más certera que la de cualquier otro artista porque él mismo vivió allí. "Estuve un año y medio en la calle pero lo vi como algo circunstancial, lo difícil es cuando sabés que no vas a salir y hay mucha gente así", sostiene.

Ese trascurrir por los suburbios y el desamparo dejó una huella en sus personajes. "Todos tienen una falta de". De abrazos, de caricias, de contención, tal vez por eso prima la nostalgia", reflexiona. Aunque explica que de a ratos logra arrancarle al público una sonrisa.

El creador pudo sobreponerse a su historia personal mediante el arte. Primero comenzó realizando espectáculos callejeros como mimo y un año después decidió "sacarle el cuerpo" al show, creando su primera marioneta llamada Chaplin, que emula al capocómico. Chaplin se mueve entre la gente con elegancia y "desfachatez". Se roba las mochilas de los niños o distraídamente levanta la falda de alguna mujer, provocando la risa de los espectadores. Aunque este ultimo tiempo no para de subir a los escenarios.

Tras consagrarse en la instancia local y nacional del Festival organizado por el Instituto Nacional de Teatro, Orsini y sus marionetas realizaron giras por todo el país. También ganaron un lugar en los teatros de España, Italia, Francia, Suiza y Holanda, en el marco de festivales internacionales. Y este año recorrieron ocho estados de México.

Por si fuera poco a partir de octubre volverán a Mendoza, Salta, Santiago del Estero y Tucumán. "Las marionetas estaban hechas para calle Córdoba y después de un tiempo me abrieron un montón de puertas, siento que no tengo más control sobre ellas", exageró el artista.

Aunque muchos de sus títeres han transcurrido por los dos espacios: la calle y el escenario, las rutinas son diferentes. "En la calle las marionetas actúan diferente, es otra historia", resume Orsini, que ha seleccionado cuidadosamente las canciones para el show de esta noche. Un espectáculo plagado de pequeñas narraciones en silencio, algunas con una cuota de humor. "Se van a encontrar con las historias que más me gustan", anunció.

Las expectativas son muchas teniendo en cuenta que la última vez que se presentó en la Lavardén fue a sala llena y ahora tuvo que agregar una función. Pero a pesar del éxito que cosecha, el titiritero sigue ligado a su primer amor. "Nunca me fui de la calle, cada vez que puedo vuelvo, porque la extraño. Extraño extender la tela, cerrar los ojos, abrirlos y que la gente esté ahí esperando que comience", afirma entrecerrando los ojos y moviendo las manos lentamente.

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Orsini no sólo crea sus marionetas sino que posee una destreza increíble para manejarlas.
Imagen: Alberto Gentilcore
 
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