CONTRATAPA

La dignidad de los pobres

 Por Jorge Isaías

Tus textos son -me escribe Miguel Roig desde Madrid- testigo de un mundo que ya no existe y vos tenés el coraje de escribirlo. ¿Y qué coraje podría tener entonces amigo Miguel, si así no fuera? Me interesan dos cosas, por ahora: No negociar la siempre caída; no negociar la dignidad (ni la mía ni la de todos los que me ensañaron a tenerla, en primer lugar, mi padre).

En el Sindicato de Obreros Rurales conocí a muchos hombres curtidos en las antiguas luchas obreras. Algunos tenían familia y otros no. Entre los primeros recuerdo a Mauricio Barroso (el "Negro" Barroso, lo llamaba mi viejo), don Pedro Gaffuri, Toribio Aguirre o el "Pelado" Míguez. Entre los segundos, que no eran pocos estaban: Cirilo Godoy, Salustiano Mesa, Ruperto Callejas, Ramón Fernández, Faustino Leguizamón, Marcos Díaz, el "Turco" Juan Alí, a quien también llamaban "Buchanga". Fue un misterio para mí entender en aquellos tiempos lejanos de la infancia y es un misterio más imponderable hoy, entender o llegar saber de dónde venía una legión de desesperados, huyendo de qué miserias o escondiendo qué secretos, porque también supe que cambiaban sus nombres al pisar el pueblo por primera vez.

Algunos tendrían una cuenta pendiente con la justicia, otros escaparían de un destino personal adverso, y en su mayoría trabajaban mucho gracias a que las labores rurales o las vinculadas a esa actividad requerían brazos para aquellas tareas que aún no estaban mecanizadas.

También había un tercer grupo que era el más marginado, los nacidos en el mismo pueblo pero que elegían vivir separados de su familia núcleo, en un celibato no sé si forzado o voluntario o vocacional.

Hay un caso que quiero referir aquí. Un caso que no puede ser seguido como ejemplo de nada pero a mí siempre me pareció una muestra al menos simpática de que la dignidad no se divorcia de la pobreza, tal vez porque Martín Fierro dijo alguna vez "que el pelo más delgado/hace su sombra en el suelo".

Mi padre tenía un dicho para graficar el duro trabajo de los hombreadores en la casas cerealeras de entonces, cuando "cargar granel" era una excepción, entonces decía: "Cuando me arrimé a la bolsa", como si hubiera sido una decisión personal y no una necesidad imperiosa de supervivencia.

Entonces, siguiendo esta figura paterna (un hallazgo para mí) prefiero decir que el "Bebo" Vivas, que de él se trata, se arrimó muy joven a la bolsa, siendo "muy guapo", el decir de don Juan Peralta, quien lo tuvo de ladero en sus inicios (en los del "Bebo", claro). Ese muchacho moreno, simpático, bonachón y un poco ingenuo, absolutamente querible por otra parte, por algún motivo se empezó a aficionar al tinto, aunque no siempre terminaba mal, a veces había que hacer un esfuerzo solidario y llevarlo poco menos que en andas a su humildísima vivienda del populoso y alejado "Barrio de las Ranas".

Entre las anécdotas circulantes en aquellos tiempos remotos está el convite de un vino más (cuando había bebido muchos en el boliche de Mancinelli) y él respondió con su mejor cara de inocente: "No hermano, paso y espío".

Una expresión que supongo del juego del truco, pero como no soy muy ducho con los naipes lo dejo como una inquietud a responderme de parte del lector. Y cierta vez, donde caí por el pueblo de visita, en el Club alguien me dijo, preguntale al "Bebo" qué le pasó con Galán. Y me contaron que se había presentado para competir en "Si lo sabe cante", exitosísimo programa televisivo que quedará como un hito recordado por la historia de los medios de todos los tiempos.

Mientras tomaba un café en la vereda del Club lo vi pasar al "Bebo" en ese verano donde panzonas torcazas hendían el aire, tenso como una sábana sumergida en un caldo extendido. Lo llamé. Sentado a una mesa, entre contertulios amables y distendidos, le pregunté a boca de jarro, no sin antes pedirle al mozo "Pichirica" un vaso de tinto refrescante para él.

Bebo, contame tu actuación con Galán.

Al parecer la anécdota lo tenía de protagonista y él estaba chocho, porque cada vez que la repetía se ganaba un vino, o dos, como en mi caso.

Sabés que pasó "pibe" -me dice arrastrando las eses- que el "Quía" se quiso pasar de vivo y achicando los ojitos oscuros, y extendiendo su boca bastante generosa, como estirándola más en sonrisa y que pronto estallaría en carcajada, concluyó, pasando a la tercera persona. El hombre se metió con el "Negro", lo quiso sobrar, que le dejó pasar un par de cachadas, hasta que lo paró en seco y le dijo, serio, ¿Viste?.

Con "El Negro" no Galán, con "El Negro" no. A vos te falta calle y volviendo a la confesión, me dice: Sabés cuál es la macana "pibe", que me sacaron la jaula con el canario, que me habían regalado aunque ahora pienso que era grupo. Si bien yo lo dejé pagando en el televisor (se refería al programa, que en ese tiempo era en vivo).

Entonces yo pensé que el "Bebo" Vivas era un hombre pobre, muy anónimo, que a veces se emborrachaba y que tal vez no llegara fin de mes con su trabajo de hombreador de bolsas de mi pueblo, pero dignidad, lo que se dice dignidad, le sobraba. Y la usaba como un valor que hacía valer en su justa medida. Cuando lo creía necesario. Y esa necesidad aparecía cuando su condición humana era agredida. Y él siendo tan humilde como era, ponía entre él y los otros, ese escudo, inconmovible que es moneda escasa en el día de hoy: La dignidad de los pobres.

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