CULTURA / ESPECTáCULOS › TESIS DOCTORAL DE SABINA FLORIO SOBRE EL ARTISTA AUGUSTO SCHIAVONI

Toda una modernidad bien rosarina

"Augusto Schiavoni: obra y fortuna crítica de un artista fuera de lugar", así se llama la obra de Florio que tuvo como director a Iván Hernández Larguía. Es una lectura que reconstruye también los vasos comunicantes del arte local.

 Por Beatriz Vignoli

El 3 de septiembre del año pasado, en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, un jurado compuesto por Bibiana Cicutti, Laura Malosetti y Diana Weschler, reunido para evaluar la defensa oral y pública de una tesis, otorgó la máxima calificación académica, con recomendación de publicación, a la tesis de doctorado "Augusto Schiavoni: obra y fortuna crítica de un artista fuera de lugar", de Sabina Florio. Con esta tesis, que tuvo como director a Iván Hernández Larguía, dicha magister y docente en la Escuela de Bellas Artes de la UNR obtuvo su Doctorado en Humanidades y Artes con mención en Historia. Sería un hecho más de la rutina universitaria si no fuera por el innovador punto de vista sobre su tema de la investigación emprendida por la hoy doctora Florio, que ofrece en las casi 200 páginas de ese trabajo académico, a grandes rasgos, esto: un recorrido por el arte rosarino del siglo pasado como nunca antes se lo pensó.

La suya es una lectura que, a partir de investigaciones, documentos y testimonios, reconstruye los vasos comunicantes y las afinidades electivas de la trama social donde se fermentó el arte local. Al comienzo, Florio toma en cuenta además los vínculos afectivos, estéticos e ideológicos de algunos de estos protagonistas con intelectuales y artistas de su lugar de origen, Italia, para apuntar a reconstruir los diálogos que entre ellos sostuvieron estos pioneros del arte de Rosario. Y, sobre todo, a qué se enfrentaban. En capítulos sucesivos Florio va describiendo la formación del gusto local, que se nutrió de la influencia de la escuela española, o el anclaje de determinados autores y obras en un determinado lugar periférico de la ciudad. No sólo las obras de los artistas, sino sus vidas y sus sueños se dejan adivinar gracias a esta impecable labor. La idea fuerte es que la modernidad rosarina de Schiavoni, Musto, Caggiano, Cochet y Blotta fue una modernidad "situada", al igual que el constructivismo de Joaquín Torres García en Montevideo, pero con un sesgo propio y absolutamente singular.

"El tribunal considera que la tesis resulta un aporte original y valioso a la historiografía del arte argentino y dialoga críticamente con el gran relato del arte moderno", se lee en el dictamen del jurado. "A partir de la figura de Augusto Schiavoni la tesis reconstruye itinerarios nacionales e internacionales del artista y su grupo así como las condiciones particulares del campo artístico de Rosario en sus primeros años de emergencia y constitución. Cabe destacar la sistematización y el exhaustivo examen crítico de fuentes primarias y secundarias así como el análisis de la obra del artista y su puesta en relación con las producciones de otros artistas de su horizonte imaginario. La hipótesis central busca problematizar la cuestión de la modernidad y el arte moderno desde el derrotero de este artista, aspecto que logra demostrar con solvencia en el curso del trabajo".

En el capítulo II, "Formación y constitución de la vida artística local", luego de trazar el detallado mapa de las redes sociales del arte rosarino de las primeras décadas del siglo pasado, Florio llega a la conclusión de que los pintores locales hicieron su viaje de formación ya formados, de que no eran una tabula rasa pronta para que Europa escribiera en ellos las bases de un arte meramente derivativo de las vanguardias centrales. "Valores como la honestidad, la ética, la sencillez, el talento, el oficio y la sinceridad, propios del anarquismo y del círculo de artistas próximos a Malharro, se corroboran en las prácticas y en los escritos de Blotta, de Cochet y de Musto. Fundamentos que operaron como guía por sobre los principios de originalidad y ruptura sustentados por las vanguardias. Creemos que con ese conjunto de experiencias vividas y con esa subjetividad forjada, Schiavoni, Musto y Cochet emprendieron su viaje a Europa".

En el capítulo IV, "Consolidación de una imagen", Florio consulta y cita documentos de la época, siguiendo una investigación de Diego Roldán, para indagar el papel que tuvo en las obras de Schiavoni y de Musto su radicación en el barrio del Saladillo, elección de lugar que a su vez respondía a cierto ideal de vida que ellos profesaban. "Alfredo Guido se refirió al barrio del sur como un "pueblo nuevo" que él, conjuntamente con Schiavoni, Musto, Zocchi y Bikandi, vió nacer. La referencia al pueblo nuevo puede tener que ver con el momento transicional que atravesó el Saladillo a mediados de la década del "20 debido a la instalación del Swift", relata Florio. Nacido como una versión rosarina minimalista de los suburbios burgueses europeos del siglo XIX, el Saladillo devino por entonces un distrito consagrado a la industria de la carne. En su esplendor aristocrático, empero, la Sociedad Anónima "El Saladillo" afirmaba que "el barrio ofrecía ""a todos los gustos, las preferencias y las necesidades, su suelo y su perspectiva apropiados. Sobre la barranca accesible, o lejos de ella, en el terreno plenamente llano o en la pendiente de montículos naturales, entre la población tupida o en una zona aislada, donde se quiera" podía "`elevarse un chalet o construir un hogar propio, cuajado de luz, de perfume y de armonía, rodeado de flores y alegrado con el trino de pájaros multicolores'".

Augusto Schiavoni, desde su regreso de Europa en 1917, "se abocó a la pintura como única actividad", logrando, según Florio, "ir más allá de las convenciones del arte académico y del naturalismo impresionista" que imperaban en los centros del arte local. "Desde su fallecimiento, su legado pasó a ser recuperado al modo de homenaje de colegas. Pese a las líneas sutiles que lo unen hacia atrás y hacia delante, no tuvo ni una clara ascendencia directa, ni tampoco una descendencia explícita"

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Autorretrato de 1915, actualmente en el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino.
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