CULTURA / ESPECTACULOS › CINE. ARIEL VICENTE Y ANDREA MARTINEZ DORR DESARROLLAN UN MINUTO POR MIS DERECHOS

La mirada de los chicos hecha video

Con la colaboración de la Municipalidad, el proyecto de Unicef se lleva adelante por tercer año consecutivo en Rosario. Apuesta a impulsar el saber audiovisual y la libre expresión en niños y adolescentes a partir de la creación de cortos.

 Por Leandro Arteaga

Ariel Vicente es Diseñador de Imagen y Sonido, Realizador Audiovisual, y parte operativa del equipo de programación de la sala de Cine El Cairo. Desde hace tres años, Ariel y Andrea Martínez Dorr, como profesionales independientes, desarrollan en colaboración con la Municipalidad de Rosario el Proyecto Un Minuto por mis Derechos, actividad que a nivel nacional e internacional depende de Unicef, destinada al doble objetivo de "estimular la participación adolescente en la creación de sus propios relatos" y "promover el cumplimiento de sus derechos a partir de la difusión de sus cortos".

"Su origen es en Inglaterra, y hace seis años que se implementa en Argentina. Cuando lo llevamos adelante acá, en 2008, y con el apoyo de la Fundación Kine, Cultural y Educativa, lo pensamos como un taller donde trabajar los derechos a través del lenguaje cinematográfico", explica a Rosario/12 el realizador. "La Municipalidad nos cede el espacio que se llama La casa de las palabras, donde se ofrecen diferentes lenguajes artísticos a los jóvenes del barrio (zona oeste). A su vez, La casa de las palabras funciona en un dispositivo mayor que depende de Dirección de la Niñez y la Familia Secretaría de Promoción Social , que se llama CPII (Centro de Protección Integral para la Infancia)".

El taller, que convoca a jóvenes de entre 12 y 18 años y que funciona en bulevar Segui 5440, consiste en "encuentros semanales donde hablamos, construimos historias y trabajamos el lenguaje del cine, pero fundamentalmente desde un lugar lúdico. Hasta el año pasado trabajamos con chicos desescolarizados, lo cual implicaba un cambio de dinámica, porque no podíamos hablar de escribir un guión cuando no se sabe leer y escribir o hay muchas dificultades para hacerlo. Este año se incorporaron chicos de todo el barrio".

¿Cómo se trabaja el contenido de los videos?

Un minuto por mis derechos consiste en la elaboración de videominutos que, en principio, responden a la temática de los derechos del niño. Nosotros, más que entenderlo como temática obligatoria, también suponemos que es el mismo dispositivo el que pone en acto al derecho; se trata del derecho a expresarse, más allá de cómo resulten finalmente las historias. Ya con eso me parece que estamos cumpliendo con el objetivo. Llevar el derecho al acto es una manera de aprender, de poder contar algo que uno tiene ganas y a través del lenguaje audiovisual, con el que los pibes están tan familiarizados, con el que conviven. Todos ven televisión, tienen acceso a Internet o celulares. El lenguaje audiovisual es el que hoy prima en el día a día. La idea de este taller es habilitarlos a que no sean observadores pasivos, o simples receptores, para que desde un lugar más activo puedan construir contenidos audiovisuales. Hay una doble implicancia: por un lado, aprender un lenguaje; por el otro, ver qué impacto subjetivo tiene. Todo ello a través de un acompañamiento continuo. En el taller surgen un montón de problemáticas que exceden a nuestras herramientas, y que si no contáramos con el apoyo de otros profesionales que trabajan en el área de niñez quedarían irresueltas. Esa articulación está buena y es inédita en todo el proyecto a nivel país.

¿Cuáles son los canales de difusión?

Por un lado participamos, a fin de año, en el evento que la Dirección del Niño y la Familia organiza en conmemoración del Día de los Derechos del Niño. Por otro lado, los videos se exhiben en el Festival Iberoamericano Imágenes Jóvenes en la Diversidad Cultural, que organiza la Fundación Kine. Se desarrolla en Capital Federal entre todos los cortometrajes del país, ya que el proyecto se desarrolla en varias provincias, entre ellas Chaco, Córdoba, Neuquén y Jujuy, que viene trabajando muy bien. Son tres días que compartimos con los chicos, viendo los cortos y con un montón de actividades y juegos. Cuando los pibes ven su corto es muy emotivo. Hasta el año pasado, los chicos del taller no habían ido al cine. Que lo primero que vean sean sus propias películas y en el Gaumont, que es un cine enorme es algo muy movilizador. El gran clic sucede en ese momento, cuando los chicos descubren que hay otros haciendo lo mismo, que pueden compartirlo, hacer contactos. La experiencia es maravillosa. Además, la fundación Kine tiene un compromiso muy grande y asegura al proyecto la difusión, tanto a través de su Festival como por diferentes medios, como canal Encuentro, también en Terra donde figuran nuestros trabajos. Los trabajos continúan luego su recorrido, uno de ellos estuvo en México, los anteriores también en Italia.

¿Qué es lo que te movilizó a embarcarte en esta actividad?

En mi caso tuvo que ver con pensar el cine desde un impacto concreto, que no fuera solamente el que lo entiende como una expresión cultural o como un producto, con preocupaciones millonarias que no tienen nada que ver con lo cotidiano. Pensar el cine desde el día a día de alguien hizo que el mismo cine volviera a maravillarme, que cobrara otros sentidos. El taller que hacemos, con las características que tiene, no sería posible si no fuese pensado de manera colectiva. Para quien quiera ingresar, la inscripción está abierta todo el año. Para los adultos que trabajamos, por otra parte, constituye un aprendizaje tanto o más grande que el de los propios pibes. Siempre hay estrategias nuevas que inventar, además de que los pibes siempre te sorprenden. No se trata de un curso de cine, sino de pensar al lenguaje como una herramienta de trabajo social. Es un trabajo de seis meses que implica generar ideas y ponerlas en crisis, para descubrir por qué hacer la película de determinada manera, para descubrir qué se quiere decir, para cobrar dimensión y conciencia, en última instancia, del lenguaje audiovisual.

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Las actividades se desarrollan en un espacio municipal de zona oeste, con chicos de entre 12 y 18 años.
 
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