SOCIEDAD › PROPUESTAS EN EL ESTUDIO LA VIOLENCIA SOCIAL EN LA TRAMA Y EN EL CONTEXTO DEL PROCESO EDUCATIVO

Vínculos dañados que pueden cambiarse con políticas

Los investigadores Jorge Kohen y Marité Colovini describieron cómo afecta la violencia institucional al trabajo docente y plantean la necesidad de restaurar el reconocimiento del otro, desde la mediación y consejería, entre otras herramientas.

 Por Alicia Simeoni

La violencia social penetró las paredes de las escuelas y se instaló en la trama misma del trabajo docente y de la labor educativa. Esta es una de las ideas centrales del trabajo de investigación realizado por el médico Jorge Kohen y la psicoanalista Marité Colovini, quienes parten de esta observación para diferenciarla de aquella otra que mostraba la violencia en una situación de contexto, en el afuera de la institución escolar. "A pesar de todo, la escuela sigue siendo el lugar más seguro para niños, adolescentes y jóvenes", se plantea en el trabajo de investigación titulado La violencia social en la trama y en el contexto del proceso educativo, cuando también se explica que ese espacio de seguridad mencionado se sostiene con un "alto costo en la salud mental del docente", que cuando no da más y se queda sin recursos subjetivos expresa distintos malestares, sufrimientos, situaciones de stress y de depresión. Pero la pregunta que aparece obligada es si no puede hacerse nada ante la descripción que se hace de la violencia: la respuesta de Kohen, investigador del Consejo de Investigación de la UNR y director de la carrera de posgrado de Medicina del Trabajo de la Facultad de Ciencias Médicas y de Colovini, docente en la Facultad de Psicología y en la de Ciencias Médicas, es que con el reconocimiento del problema hay que apostar, a partir de decisiones de política institucional, a restaurar la función de alteridad -el tener en cuenta al otro sin quedarse en el yo, su pensamiento, razón y necesidad , a partir de las herramientas de la mediación y la consejería; la capacitación para producir mediaciones; los talleres de reflexión de los docentes sobre su propia labor para sostener el marco simbólico y el propiciar el diseño e impulso de proyectos colectivos.

El trabajo sobre violencia social en la escuela tiene una fuerte apuesta al futuro, a la profundización de las relaciones democráticas en contraposición con otras tendencias autoritarias que proclaman la escuela cárcel o represiva. De todos modos, los docentes refieren una fuerte violencia, sobre todo psicológica, mientras que para los 800 establecimientos de la Regional VI que reúnen a más de 500 mil alumnos se cuenta con una cantidad escasa de profesionales especializados en niños en situación de riesgo. Debe repensarse la formación de los maestros para darles herramientas que "les permitan salir de la perplejidad, de la impotencia y del deterioro de su salud", se explica en la propuesta.

La investigación de Kohen y Colovini parte de una lectura de la violencia social que es distinta de la idea de que se trataba de un elemento que constituía el contexto en el que se desarrollaban los procesos educativos y de trabajo docente y que allí terminaba todo. Ahora, esa misma violencia penetró las paredes de la escuela para instalarse "en la trama misma del trabajo docente y de la labor educativa", dicen. Está, entonces, afectado el proceso de desempeño de los educadores y la tarea misma de enseñar aprender.

Colovini y Kohen consideran que si como se dijo hay una afectación del proceso enseñanza aprendizaje por la violencia instalada en los núcleos más importantes de la institución educativa, corresponde repensar la escuela, sus actores y funciones en relación con las condiciones actuales en la que "se desvanecen puntos subjetivos que se creían inamovibles". De allí, que una de las ideas centrales de la investigación es la que tiene que ver con que la violencia en la escuela sorprende, aparece ubicada en un "fuera de lugar" y obliga a la interrogación acerca de cómo se puede cumplir con la tarea de enseñanza en las condiciones actuales de la sociabilidad. Para Kohen, la violencia es la situación que aparece "cuando se pierde la palabra, cuando ya no podemos comunicarnos con el otro ni reconocerlo como el límite de nosotros mismos y hablamos de cuatro manifestaciones de la violencia escolar: la primera es aquélla propiamente dicha expresada en los golpes, en las agresiones físicas, en la exhibición y el uso de armas; la segunda se refiere a las llamadas 'incivilidades' manifestadas en una fuerte falta de respeto hacia el otro canalizado, por ejemplo, en un cierre de puerta en la cara, en desplantes y en otras actitudes de desconsideración; la tercera es la indisciplina y la cuarta la indiferencia hacia lo que dice y hace el docente y ante su propia presencia. En todos los hechos que conmocionan, la agresión a piedrazos de una maestra, la presunta exhibición de un arma que un docente puso en la cabeza de un alumno y la pelea de alumnos entre sí "están presentes -dice Kohen-, las cuatro manifestaciones de la violencia... Es decir que se podría haber evitado la situación extrema", dice al tiempo que plantea que lo que ocurrió en las últimas semanas "estaban planteados en el marco de las políticas actuales". También explica que si se hubiese estado más atento a los distintos momentos de desarrollo de un hecho violento es muy posible que se pudiese haber evitado. El investigador del Consejo de Investigación de la UNR explica que "estos hechos estaban presentes como lo estaban en Carmen de Patagones, con el frente de la escuela pintado, cuando un alumno mató a tres de sus compañeros en el aula", o para el caso la muerte de una docente en Olavarría a manos de un alumno en el año 2000.

Así como décadas atrás preocupaba el castigo corporal que recibían los alumnos de los docentes, ahora el uso de la fuerza también involucra a los chicos, pero todas estas señales tan evidentes requieren de una respuesta institucional más rápida, activa y que no se quede en el análisis del afuera sino que busque en el adentro las formas más adecuadas de trabajo.

La investigación Kohen Colovini tiene el objetivo de plantear que hay mucho más por hacer que quedarse con una visión tan terrible como paralizante de la violencia en la vida de la institución escuela. La propuesta apunta a no desconocer el contexto en que transcurre esa vida, pero también a cómo actuar desde el adentro a través de un dispositivo que comprende el restaurar la función de alteridad es decir el reconocimiento del otro a través de la mediación y de las consejerías , en segundo término la capacitación para la producción de los recursos recién mencionados -ya que la mediación no funcionó como una política institucional sino a pedido de algunos de los actores involucrados , y según la propuesta de Kohen y Colovini es necesario que los docentes manejen los mismos códigos que los alumnos, que tal como explican "hoy no sucede". Otro aspecto se señala como trascendente: el que los docentes puedan realizar talleres de reflexión sobre su propia práctica, tanto pedagógica como laboral, algo que tampoco sucede y en cuarto lugar se pone el acento en la restitución de los proyectos colectivos.

A modo de comparación de cómo es mediatizada y mostrada la violencia social, Kohen señala la experiencia en los festejos por el Bicentenario y sostiene que "hubo millones de personas en las calles sin un acto de agresión, encolumnadas tras la reivindicación de los idearios de la Revolución de Mayo y en una forma de recuperación de la identidad. Sin embarg,o pocos días después trata de instalarse con muchísima fuerza esto de que no se puede estar en la escuela, ni en los barrios ni en ningún lugar. Si se recuperan proyectos colectivos que comprometan al docente y al alumno, muchos actos de violencia desaparecerán". La visión de este médico es que hay decisiones políticas que pueden disminuir los hechos violentos en cualquiera de sus manifestaciones y sitúa a la asignación universal por hijo, -que incrementó el 25 por ciento de la matrícula escolar-, y también el programa que anunció el ministro de Trabajo de la Nación, Carlos Tomada, en cuanto a la capacitación de la franja de jóvenes que no estudian ni trabajan, como herramientas que aportarán al objetivo.

La propuesta, en definitiva, es el trabajo con docentes y alumnos en cada unidad educativa para definir la profundización del modelo democrático, en contraposición con la otra concepción educativa que es la de la "escuela autoritaria y con semejanzas con la institución cárcel o cuartel, la que es la escuela coercitiva", dijo el investigador de la UNR en diálogo con Rosario/12. Y como ejemplos recordó que la escuela del siglo XIX y de la mitad del siglo XX era la de la oreja de burro, la del chico en el rincón, la del castigo con el golpe del puntero en los dedos. "No puede pensarse en volver a ese modelo, sino en sostener la concepción democrática con todos sus valores", expresó Kohen.

Rasgos de época

El trabajo de Kohen y Marité Colovini ubica la violencia como un proceso histórico que se relaciona con condiciones sociales particulares y es además un proceso interactivo entre los individuos y los ambientes en que actúan y transcurre su existencia. También dicen que hay condiciones sociales facilitadoras de la violencia en sus distintas manifestaciones como el hacinamiento, la desnutrición, el desempleo, la desigualdad, la pobreza, las frustraciones, la marginalidad. Por eso explican, al caracterizar los rasgos de la época, que "cuando han sido abandonados los ideales del bien común, cuando cayeron tantas conquistas sociales y se desarmó la solidaridad" se observa un gran cambio en la subjetividad de la época.

Uno de los conceptos más interesantes formulado por quien es director de la carrera de posgrado de Medicina del Trabajo de la UNR, es el referido a la "fragilidad subjetiva propia de la infancia y la adolescencia, a la que se le agrega la vulnerabilidad frente a la violencia generalizada, y también el modo en el cual la indigencia y la pobreza pasa a ser en los niños un factor peligroso de acrecentar el pasaje de la condición de pobre, a la que los encuadra 'en conflicto con la ley penal'". El pasaje de una situación a otra se define como la migración a la ilegalidad.

Respecto del trabajo docente, objeto de estudio fundamental del trabajo de investigación, recoge un aspecto de la actualidad: la violencia se fue extendiendo para abandonar la territorialidad de los barrios marginales e instalarse también en las escuelas situadas en el centro y en los barrios de clases más acomodadas, abarcando así, prácticamente, la totalidad de los establecimientos escolares. Justamente, Kohen cita un taller que se realizó en la escuela Cristóforo Colombo, donde se trabajó sobre la situación de los adolescentes que destruyeron tiempo atrás parte del Teatro El Círculo. El trabajo incluyó a los docentes, a los alumnos y un foro de confluencia para la reflexión.

"Por causas distintas asistimos a la ausencia de los padres en la relación con sus hijos y con la escuela, sin distinción de condición socioeconómica. Mientras que en unos la marginalidad y la desocupación son causas de disolución de los lazos familiares, en los sectores de clases medias y altas, el poliempleo, en la búsqueda de mantener un status social, y las particularidades vinculares que toma la familia actual, hacen que los padres estén ausentes en la relación con la escuela", afirmaron. Por lo descripto deben utilizarse nuevas categorías que superen la vinculación simple entre la pobreza, la violencia o la delincuencia.

Violencia y docentes

El trabajo docente es ubicado en dos planos: a) en el espacio ciudadano donde se encuentran las escuelas y con los efectos sobre estas instituciones, en particular de los constantes robos y depredaciones; b) en la percepción de los docentes, en particular en relación con la valoración del trabajo y el reconocimiento del mismo, aspectos que se consideran centrales en cuanto al sufrimiento y la salud mental.

De investigaciones realizadas desde distintos ámbitos desde el año 2004 hasta la actualidad -Asociación del Magisterio de Santa Fe o bien el Proyecto "Salud y Trabajo Docente Impacto en el rendimiento profesional en Argentina, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay", ORACLE UNESCO , surge que el 98 por ciento de los docentes consideran que la violencia constituye un problema mayor en relación a los que enfrentaban en el trabajo en los años 1995/96 o 1997. Por eso, en cuanto a la percepción de los docentes, Kohen y Colovini sostienen que "la escuela dejó de ser un espacio seguro para los maestros y profesores, quienes manifiestan que desde el ingreso, en el transcurso de las clases y hasta la salida de la escuela están expuestos a hechos de violencia". Así se cita que del total de los hechos registrados -4222 en el lapso de un año 2007-, el 12 por ciento de los episodios violentos tuvieron como consecuencias lesiones graves para algunas de las personas involucradas y el 44 por ciento de los hechos fueron realizados contra la escuela. Otro dato es que el mayor porcentaje de hechos violentos se desarrollan entre los mismos alumnos, aunque es destacable que prácticamente todos los integrantes de la comunidad educativa están relacionados de una u otra manera con esos hechos.

Por otra parte cuando se interrogó a los docentes sobre el tipo de violencia existente, más del 56 por ciento respondieron que se trata de violencia física y psicológica y en menor porcentaje, el 12 por ciento, de violencia institucional.

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Jorge Kohen es uno de los investigadores sobre los efectos de la violencia en las escuelas.
Imagen: Alberto Gentilcore
 
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