CULTURA / ESPECTACULOS › HABEMUS PAPAM, UNA CRITICA HACIA LA IGLESIA SIN ESTEREOTIPOS NI OBVIEDADES

Papa demasiado humano para el Vaticano

El film del personal director Nanni Moretti surge a partir de la elección de un cardenal inesperado como sumo pontífice, y los conflictos personales que le inspira el cargo. Sin caer en el panfleto, plantea una visión mordaz de la institución.

 Por Emilio A. Bellon

No mereció igual respuesta de público El caimano, el anterior film del tan personal realizador Nanni Moretti, estrenado aquí hace cuatro años, que este film que hoy saludamos como uno de los grandes hallazgos de los últimos tiempos; en tanto interroga no sólo ya sobre los mecanismos internos de la institución iglesia; sino que alcanza, con su mirada finamente irónica, a desocultar las estrategias simulatorias que se libran y se proyectan en todo espacio de poder.

En el film anteriormente citado, en el que un director de cine trata de buscar afanosamente a ese actor que encarnará en la pantalla al personaje siniestro llamado Silvio Berlusconi, Moretti ya comenzó a trazar el borrador de lo que es este film, a partir de un relato que nos conduce por espacios en los que se dejan al descubierto numerosos entretelones. Pero en Habemus Papam, film sobre el que el Vaticano prefirió no polemizar (tal vez como estrategia para evitar el debate) la cuestión alcanza al propio personaje que ha sido elegido como tal, a un tal Cardenal Melville, el que va a sorprender, en un momento dado, tras haber escuchado primero otros nombres, que ya iban logrando un lugar preferencial, pese a algunos temores, antes de la consagración definitiva del que pasaría a ser el elegido, tras el fallecimiento de su antecesor.

Moretti, a quien nosotros particularmente recordamos por ese antológico film de los 90 que es Caro Diario, que nos llevaba ya en su primer capítulo a las playas de Ostia, espacio olvidado en el que fue ultimado violentamente el gran humanista Pier Paolo Pasolini, ofrece hoy en Habemus Papam un retrato que se atreve a transitar los pasillos de ese espacio que guarda tantos secretos, conspiraciones y alianzas, como es el Vaticano (parodiado en una secuencia memorable de Fellini﷓Roma, a través de un desfile de modas pret﷓a﷓porter) y lejos de avanzar sobre una crítica directa, que podría haber caído en lo obvio y en lo elemental se permite ofrecernos un retrato humanizado de sus personajes, mostrados de una manera un tanto inusual. Porque en ese momento en el que se juega una situación decisiva para la grey católica del mundo occidental y cristiano, y mucho más allá, alguien, el elegido profiere, minutos antes de salir a escena, frente a la presencia expectante de sus devotos, de sus fieles, un tembloroso, impactante, ¡No!

Es un hombre frente a una situación límite, que se juega entre los mandatos y el temblor, lo que va a retratar Moretti entre las paredes del Vaticano, las que inmediatamente pasarán a ser bastidores de una impensada representación escénica, en la que se impondrán cambios de roles y de máscaras y en donde la mentira permitirá sostener, transitoriamente, el crescendo de antiguos rituales. Será entonces cuando ante ese ¡No! entrará en escena alguien a quien ese espacio ya le está vedado de entrada, porque hay algo que funciona como una rigurosa advertencia: "el concepto de el alma y el concepto de inconsciente no pueden coexistir".

Será el mismo realizador Nanni Moretti, quien comenzó su labor como realizador allá a mediados de los 70, quien asuma el perfil del psicoanalista que será convocado para lograr que Melville, el papa elegido, pueda finalmente, aceptar esa convicción con ese rol. Pero claro está, ya las limitaciones se le plantearán de entrada, en un espacio cercado por prohibiciones y por el mismo colegio Cardenalicio que obra como un cinturón carcelario, frente a posibles preguntas que puedan llegar a movilizar aspectos demasiados íntimos, secretos profundos.

¿Cómo obrar entonces? Y ahí está el mundo de afuera. Roma, con sus calles abiertas y con su vida cotidiana en pleno movimiento, esa que en esos días había quedado excluida de la mirada del grupo, de los que debían a la nueva figura. Pero allí, en uno de los departamentos de Roma, una mujer psicoanalista, recibirá, sin saberlo, a ese hombre, de profesión actor que, minutos después, podrá escapar de la mirada de sus lebreles y de su vocero.

Como en La princesa que quería vivir de William Wyler, film del 52 por el que una joven debutante de origen belga llamada Audrey Hepburn recibía su premio Oscar en su rol de la princesa Anna; el elegido ahora vivirá su propio itinerario, se lanzará a caminar esas calles, se internará por otros espacios y se encontrará cara a cara con su vocación postergada. De pronto, una noche, allí, en los pasillos de un albergue, podrá seguir de cerca, mientras camina escaleras abajo, los parlamentos que ha iniciado un enfebrecido actor de teatro que comienza a recitar ante la mirada atónita de unos, fascinada de otros, pasajes de la memorable pieza escénica de Antón Chejov, La gaviota, pieza alegórica sobre la creación artística, sobre los deseos y los conflictos amorosos, estrenada en 1896; una noche, en la que la primera actriz, como Melville, igualmente, experimentó pánico escénico, quedando el por un largo y prolongado tiempo, muda.

El film de Moretti va marcando paralelismos entre el tiempo de adentro y el de afuera, entre el recorrido sentimental de Melville y el comportamiento de los Cardenales; motivados, ahora, por el propio psicoanalista a comenzar un juego de volleyball, en el que cada uno de ellos podrá recuperar aspectos lúdicos, comportamientos de su infancia, luego de que por los pasillos del Vaticano circulara la voz de Mercedes Sosa interpretando Todo cambia y un anónimo hombre de la Guardia Suiza ocupara teatralmente el espacio del pontífice designado.

Film admirable en su construcción, que se mueve entre los apuntes personales y la reflexión crítica del film﷓ensayo, que pone en escena la aventura y el itinerario del reencuentro de un hombre con sus propios y auténticos deseos, Habemus Papam es un film que se puede definir como político más que religioso, en su alcance de leer comportamientos y modos de relación en ese cruce entre lo íntimo y lo público y que nos lleva a una última escena que nos interpela desde un espacio vacío.

Habemus Papam. 10 (diez) puntos.

Italia-Francia, 2011

Dirección: Nanni Moretti

Guión: Francesco Piccolo, Federica Pontremoli y Nanni Moretti.

Fotografía: Alessandro Pesci

Música: Franco Piersanti

Interpretes: Michel Piccoli, Nanni Moretti, Renato Scarpa, Dario Cantarelli, Margherita Buy, Jerzy Stuhr.

Duración: 105 minutos.

Salas de estreno: Monumental, Showcase, Cines Del Centro.

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Los rituales cardenalicios son retratados por Moretti como una coreografía casi siempre fallida.
 
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