CULTURA / ESPECTáCULOS › SE PRESENTA MAñANA, EN ROSS, ADORABLES CRIATURAS, DE RODOLFO PALACIOS

Historias macabras y fascinantes

El periodista marplatense, actual secretario de redacción de la revista El Guardián, entrevistó a varios de los criminales de la historia policial argentina, como Yiya Murano, Barreda, Robledo Puch y el Gordo Valor y los retrata con maestría.

 Por Sonia Tessa

Rodolfo Palacios nació en Mar del Plata, igual que el inolvidable escritor Osvaldo Soriano. No terminan allí los cruces. También es un periodista que les da a sus palabras la contundencia de un cross en la mandíbula. También como Soriano, inspirado en él, escribió una crónica sobre Carlos Eduardo Robledo Puch, El ángel negro. Claro que Soriano hizo la suya sin salir de su casa, y Palacios visitó al criminal durante varios meses, de manera obsesiva, en la cárcel de Sierra Chica. Palacios nació en 1977, y tiene tiempo para seguir contando historias. Su último libro se llama Adorables criaturas, y en ellos retrata a ladrones y asesinos que resultan, tamizados por sus palabras, tan siniestros como fascinantes. El gordo Valor, el loco del martillo, la garza Sosa, Arquímedes Puccio, Yiya Murano, Ricardo Barreda, Margarita Di Tullio (Pepita la pistolera) son los personajes que deja al descubierto de los lectores. En ninguna línea los juzga, sino que los cuenta, comparte lo que le dicen pero mucho más lo que hacen. Y no le teme a la primera persona, porque sabe que muchas de esas escenas de las que fue testigo, sólo pudieron ocurrir porque estaba ahí. Publicado por la rosarina Editorial Fundación Ross, el libro se presenta mañana, a las 19, en el Centro Cultural Ross (Córdoba 1347).

Palacios ejerce el periodismo como secretario de redacción de la revista El guardián. Antes estuvo en Perfil y en Crítica. Los lectores de crónicas periodistas disfrutarán los textos. "No me propuse un día escribir un libro sobre todos esos personajes, sino que a lo largo de estos siete años me tocó entrevistar a ladrones y asesinos. Tenía una colección macabra y me di cuenta de que tenía una galería de 10 personajes", le contó a Rosario/12 desde su ciudad natal. "De cada personaje tenía muchos encuentros. Lo primero que hago es un reportaje, los entrevisto, y después trato de tener al menos cinco y seis encuentros, hasta que en un momento me digo basta, porque sino me intoxico. Lo que me gusta es verlos en acción, y si se entabla un vícnulo, lo que yo trato de hacer es no juzgarlos, y también mostrar el lado más humano y desconocido de estas leyendas del crimen", define el cronista.

Uno de los grandes temas es la distancia con sus personajes. "Cuando yo me siento a escribir, ya hay una gran distancia. En estos perfiles uso la primera persona porque estoy con ellos, son los que hablan, se muestran, me regalan algo, me hablan de determinada situación de su vida. Cuando escribo me libero, pero me olvido de ellos y lo que escribo es la historia. Sin traicionarlos", cuenta sobre su trabajo. No es menor: la crónica sobre Robledo Puch comienza con una amenaza de muerte que el asesino le transmite a través de un ladrón. Justamente, la distancia en el momento de hacer las entrevistas es otra de las cuestiones que se ponen en juego para el cronista. "En algún momento le mandé una carta a Robledo Puch en la que le decía que quería contar su historia, que no iba a juzgarlo, que ya había sido juzgado", dice el periodista, que no niega algún momento de empatía durante los encuentros. "Es muy distinta la relación que tengo con los asesinos y con los ladrones. Con la Garza Sosa y el Gordo Valor, por ejemplo, ellos dicen que la plata manchada con sangre no sirve, y aunque no parezca son muy parecidos al argentino medio, claro que ellos han ganado el dinero con robos a punta de pistola", dice con un tono que parece más compasivo que irónico. Entonces, se trata de "dejarlos hablar. Por un momento, estar ausente".

Escribir crónicas policiales significa además, inscribirse en una tradición de textos inolvidables. Los referentes de Palacios están en el pasado, pero también son sus contemporáneos. Soriano, claro. "Me gusta el Soriano más desconocido, el que escribió en Primera Plana, en Panorama, en Mengano, que escribía unos textos impresionantes", dice, pero también nombra al uruguayo Juan José Soiza Reilly, autor de un perfil del Petiso Orejudo. Claro, Roberto Arlt, que enseñó lo del cross en la mandíbula. Y el legendario cronista de policiales Emilio Petcoff, de quien toma uno de los epígrafes de su libro. "Es un maestro que también se reunía con malandras", lo describe. De la actualidad, menciona a Cristian Alarcón y Jorge Fernández Díaz pero un rato después pide disculpas. "Osvaldo Aguirre no puede faltar", rescata, para mencionar los libros del rosarino sobre la mafia.

Escribir crónicas policiales es, a veces, en las redacciones, un destino poco valorado. Los comienzos de Palacios, en 1995, en el diario El Atlántico, prefiguraban otros rumbos. Era cronista deportivo, cubría boxeo. "Yo era el pibe al que lo mandaban... Hasta que día, un jefe de redacción me dijo que había habido un crimen a 10 cuadras, y yo fui caminando, muy nervioso. Nunca volví de ese camino de ida que es la crónica policial", rememora. Antes se dedicaba al periodismo policial más clásico. "Con el tiempo fui haciendo más lo que Alarcón y (Ricardo) Ragendorfer llaman el periodimo delicuencial. Me gusta hablar con los malandras, los hampones y asesinos. Es un camino que quiero dejar pero es adictivo", dice ahora. Leer las historias que cuenta también puede serlo.

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Rodolfo Palacios es un cronista obsesivo, que se encuentra cada vez con cada personaje.
 
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