CULTURA / ESPECTáCULOS › PLASTICA. TINTA LIBRE, EXPOSICIóN DE FOTOS A TATUAJES DE MUJERES DETENIDAS

Aproximación a las marcas en el alma

Desde el viernes, se exhibe en el primer piso del Museo de
la Memoria la muestra del trabajo de artistas rosarinos
con internas de la Unidad de Recuperación de Mujeres 5.

 Por Beatriz Vignoli

Líneas de fuga. Fugas simbólicas, frágiles nervios que conectan el interior con el exterior. Una cárcel es como un cuerpo, parecen decir estas fotos. Adentro, in utero, llega el cordón umbilical del cable del teléfono. Un cable precario, como el de una estufa eléctrica de cuarzo, connota peligro (y hasta podría llegar a ser un arma suicida) pero también alude a la presencia discreta de ese ínfimo lazo con el mundo de los libres: el teléfono. Paulina Scheitlin, una fotógrafa que pone la mirada en los rincones ocultos donde el tiempo no ha transcurrido y que siempre se las arregla para que su cámara sea además una máquina del tiempo, aquí desciende al registro de una zona infernal y a la vez humana: las condiciones del encierro. Una mujer presa es una mujer que espera (la visita, el llamado, la libertad) pero también es una versión femenina de McGyver capaz de improvisar un aromatizador natural con una cáscara de naranja, o un tatuaje con la tinta de una birome. Son resistencias a la privación cuyos registros fotográficos, quizás por un prejuicio de género, en el proyecto Tinta Libre se concentran en el cuerpo de las mujeres, donde ellas se tatúan los nombres de las personas amadas, y no tanto en su cotidianeidad atada con alambre, acaso similar a la del exterior de donde vienen.

Junto a esos expresivos hilos conductores, esos cablecitos retorcidos que parecen especímenes de una fauna carcelaria de cosas pequeñas como insectos, se despliegan a puro claroscuro (a veces sensual, a veces patético al extremo, a veces emulando el lenguaje publicitario o bordeando la exploitation) los tatuajes tumberos de las internas de la Unidad de Recuperación de Mujeres Nº 5 de Rosario, fotografiados por Paulina Scheitlin y por Andrés Macera, Celina Mutti Lovera, Francisco Guillén, Gabriela Muzzio, Héctor Rio, Matías Sarlo, Mónica Fessel, Sebastián Suárez Meccia y Silvina Salinas. Son las impresiones fotográficas originales de las imágenes del libro Tinta libre. Historias grabadas en la piel, que se presentó en mayo de este año en el Museo de la Memoria (Moreno y Córdoba), en cuya planta alta puede visitarse desde el viernes la (nunca más adecuado el término) exposición de fotos del mismo título, que incluye un poema de una interna. Realizado desde junio hasta diciembre de 2010, el proyecto nace a partir de la iniciativa de la colectiva Las Juanas en Mumalá, Mujeres de la Matria Latinoamericana, una colectiva de mujeres provenientes de diversas experiencias de militancia social, política, de derechos humanos y de gestión estatal, y de su labor desde 2008 en la Unidad de Recuperación de Mujeres Nº 5 de la ciudad de Rosario.

El libro, que también se expone y que cuando baje la muestra podrá consultarse en la biblioteca del Museo, además de las imágenes contiene textos por Analía Aucia, Elida Pereyra, Eugenia Ruiz Bry, Gabriela Sosa, María De Isla, Paula Giordano y Virginia Isnardi y por las internas, como Ana, autora de este poema: "Hay muchas marcas en mi cuerpo,/ de cortaduras o quemaduras.[...]/ Si supieran que también tengo marcas / en mi alma/ [...] Marcas que ni el tiempo ni la cordura / me las quitarán./ Marcas que desgarran a una mujer/ por dentro,/ que la destruyen./ Que así como se tatúan la piel a colores,/ las marcas de esta mujer que escribe,/ mi color, es de sangre y dolor".

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Un lazo con los libres: el teléfono. Foto de Paulina Scheitlin.
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