CULTURA / ESPECTáCULOS › LIBRERíA BALCARCE CIERRA SUS PUERTAS Y LIQUIDA TODO SU MATERIAL

Cómo despedirse de tantos libros

Ayer fue el primero de los tres sábados del remate. Librería Balcarce cierra sus puertas y ofrece lotes de libros, vinilos, videos, revistas. La despedida a una de las librerías más queridas. Un verdadero festín para los coleccionistas.

 Por Leandro Arteaga

Hay algo de encanto viejo, de melancolía dormida, que suscita un remate de antigüedades. Es y no es el caso puntual de la nota, porque el remate es en una librería y si bien hay libros que puedan entrar en la categoría "antigüedad", lo que culmina es el trayecto de una de las casas que más han querido a los libros de esta ciudad. Una entre las muchas que dispersaban sus ejemplares por los barrios de Rosario y que -como los cines- hubieron de cerrar.

Se trata de Librería Balcarce, situada en San Nicolás 650, apenas a media cuadra de la Terminal Mariano Moreno. El nombre viene dado por la dirección original -Balcarce 472-, cuando José Ochoa iniciara una pasión que le acompañaría para toda la vida, a través de varios locales, entre los cuales quizás el más recordado sea el de San Lorenzo 1579 (precedido por otro local en la cuadra siguiente), que el cronista recuerda como un laberinto de estantes atiborrados, altos. Era fácil, fascinante, perderse allí. Se podía ingresar acompañado y salir solo, olvidado de con quién se iba. Tantos eran los libros, en pilas de equilibrios raros. Muchas veces la búsqueda funcionaba desde el puro azar. Consistía en mirar dentro de una de las muchísimas cajas, revolver y encontrar. Ni qué decir de las bateas repletas de vinilos.

José Ochoa falleció en julio de 2011, y quienes quedaron a cargo -su hija Eva, y los nietos Ada y Nicolás- procuraron sobrellevar la tarea pero, con la alerta ya dada en la liquidación que realizaran en agosto de 2012, toca ahora el turno al remate final. "Vamos a cerrar, estamos empaquetando por lote, para vender más barato, 50 libros por 100 pesos" comenta a Rosario/12 Nicolás Cortéz, con 19 años y una mezcla rara en la voz. Porque si bien dice -con razón evidente, ante un peso incontestable- "¿sabés lo que es mover todo esto?", también agrega que a la librería "la vamos a extrañar, estaría bueno seguir y tener algo más chico, pero bueno, cuando tenga plata abriré en otro lado, pero como hobby, trabajando en otra cosa, no sé si viviendo de esto".

Ingresar a Librería Balcarce ahora es chocar, irremediablemente, con el recuerdo del ingreso acostumbrado. Solía haber mesas repletas, estantes por categorías, revistas y fascículos, historietas. Había muchas cajas llenas de libritos de Bruguera, Corín Tellado, westerns, espionaje, ciencia ficción. Muchas de esas publicaciones que se vendían en kioskos pero que, con paciencia, podían esconder tesoritos. Alguna vez, con el ánimo predispuesto, este cronista estuvo horas, buscando entre novelita y novelita, entre esos nombres tales como Clark Carrados y Lew Space, para felizmente encontrar libritos bélicos y policiales de Lionel White, Bill Ballinger, algún Bull Rockett de Oesterheld y, sorpresa de sorpresas, unos cuantos westerns escritos por Murray Leinster y editados por Tor.

Pero ahora está todo demasiado ordenado y catalogado. De cara a un remate que ocupará tres sábados sucesivos a partir de las 10. El primero fue ayer, y el local seguirá abierto en marzo. "A él (a José) le gustaba, le encantaban los libros. Mi abuela, todos, le decíamos que cerrara, que para qué seguir, ya tenía 79 años. Pero no había caso. Apenas falleció decidimos cerrar, tratamos de sobrellevarla un tiempo, pero decidimos que no. Es raro que alguien te compre una librería, y los libros no se pueden tirar, así que por eso hacemos el remate", prosigue Nicolás.

Los vinilos de Librería Balcarce fueron siempre una atracción puntual. Pero ahora ya no quedan tantos, porque "la colección completa se la vendimos a un coleccionista, ahora creo que tiene la colección de vinilos más grande de Rosario". "Los lotes -explica Nicolás- están organizados por temática, los discos por género -folklore, españoles, tropical-, las revistas de deporte por título y por año; de El Gráfico nos quedó de los '70 en adelante, igual que con Selecciones. Si las tenemos, agrupamos a todas las del mismo año."

Mientras relata, Nicolás lleva al cronista a visitar pasillos y habitaciones, revelando una dimensión extraordinaria, de puertas que no terminan de cerrarse para abrir otras, hasta llegar a un depósito gigante, que si bien todavía con libros evidencia apenas una muestra de lo que debió ser en su esplendor. "Tenemos que cerrar por cuestiones económicas, también porque el local no es nuestro, por el tiempo que nos lleva, por varias cuestiones personales, porque queremos estudiar otra cosa, dedicarnos a algo diferente. Yo tengo 19 años, dos años de Ciencias Económicas, pero tuve que poner una pausa por todo esto. En agosto vinieron varios medios y vendimos mucho, y ahora nos quedó un montón de mercadería. Partituras hay un montón. Libros de música, cajitas de cigarrillos, cassettes... Los libros no son como una colección de monedas o billetes, sino que ocupan espacio. Este local es todavía más grande que el que tuvimos en calle San Lorenzo".

-De todas maneras, veo que te picó el gusto por los libros.

-Sí, entiendo del tema, aprendí qué es lo que busca la gente, qué no le gusta, cuándo se interesa en algo, y eso es algo que se va aprendiendo. Es una librería grande, con tantas cosas, revistas antiguas, partituras, con tanta variedad en un solo lugar. Hay mucha gente que nos conoce recién ahora, pero ya no nos queda lo que buscan porque estamos liquidando, estamos vendiendo lo que queda. Nos vienen a pedir El Tony, D'artagnan, pero ya no hay más. Igual que las viejas Patoruzú.

Nicolás prosigue en su exposición, enuncia lugares asignados a libros que ya no están allí -"medicina, idiomas, inglés, religión..."- e invita a hablar a Norberto García, primo de José, que supo estar en las dos direcciones de San Lorenzo también: "entre Roca y España, y entre Roca y Paraguay, o sea al 1620, al 1579, y acá un par de años también".

"¿Cuesta desprenderse de tantos libros?" le pregunta el cronista a Norberto, y casi como si esquivara una respuesta más profunda, dice "cuesta mucho, hay más de mil lotes, y todavía no se terminó de armar todo".

El corolario viene dado por dos libritos más, alegría pretérita: la versión en historieta que de Tiburón publicara Columba, con dibujos de Marchionne; y Ken Ward en la jungla, del obligado Zane Grey. Ya no más.

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"Vamos a cerrar, estamos empaquetando por lote, para vender más barato, 50 libros por 100 pesos".
Imagen: Andrés Macera.
 
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