CULTURA / ESPECTACULOS › PLASTICA. NUEVO MUSEO ENERGIA DE ARTE CONTEMPORANEO EN EL MACRO

Un museo portátil de bolsillo

Fundado en 2010 y conocido también como La Ene, el proyecto es dirigido por la curadora puertorriqueña Marina Reyes Franco, e incluye únicamente piezas que pueden ser almacenadas digitalmente, mediante instrucciones para su recreación.

 Por Beatriz Vignoli

"Acá tampoco hay nada", dijo a sus papás una niñita el domingo pasado en el segundo piso del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Oroño y el río), que celebra este año su décimo aniversario con (entre otras cosas) Colección: una muestra colectiva internacional itinerante surgida en un pequeño local de Buenos Aires que es hasta ahora el único museo de arte contemporáneo en esa ciudad.

La desconcertada espectadora venía bajando con su familia desde la sala del tercer piso, donde se exhibe únicamente un dispositivo portátil de bolsillo para almacenar información digitalizada. Ese es el depósito de la colección de un museo de arte: la del Nuevo Museo Energía de Arte Contemporáneo, creado en 2010 y dirigido por la curadora e historiadora puertorriqueña Marina Reyes Franco. Incluye únicamente piezas que pueden ser almacenadas digitalmente, mediante (por ejemplo) instrucciones para su recreación. La fachada de la sede física de La Ene, en un local de la Avenida Santa Fe (en Buenos Aires), puede verse en la muestra, calcada por Gala Berger en tinta sobre nylon (Sucursal, 2011). Una selección similar de la colección se mostró por primera vez en junio del año pasado en Montreal (Canadá).

En los muros de las salas 1 y 2 se despliegan los textos de dos series de reflexiones sobre qué es un museo, a través de dos obras conceptuales: Museo Chévere, fanzine editado por Marina Reyes Franco, y Museo fantasma, donde Sofía Dourron investigó y cuenta cómo el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires no tuvo sede durante sus primeros cuatro años de existencia. Desde 1956 hasta 1960 su director, Rafael Squirru, se las ingenió para organizar sus actividades en espacios tan insólitos como un barco: El Yapeyú, documentado en una foto anónima que también integra la colección de La Ene y que el equipo del MACRO reprodujo sobre vinilo traslúcido con el Paraná de fondo. Cuando se le preguntaba a Squirru dónde quedaba el museo, respondía una frase en francés que significaba "El Museo soy yo". Se expone, así, una remera: Le Musée c'est moi, de Leonel Pinola, para ponerse literalmente la camiseta de aquel proyecto elegido por La Ene como precursor.

La muestra sorprende a cada paso, desde el banner Solidaridad (2012), por Esteban Valdés, hasta la Entrevista a galeristas anónimos en ArteBA 2011 por el colectivo Oficina de Legales, pasando por el registro de una construcción efímera por Marcela Sinclair (Museo, 2011), una foto hallada en Internet por Franco Ferrari o el pasaporte de una nación que sólo existe como objeto artístico y mide ocho hectáreas en el desierto de Utah (Zaqistán, 2010), por Felipe Salem.

El formato plantea nuevos desafíos a los curadores, para quienes ya no se trata de transportar sino de realizar localmente, a partir de tutoriales digitales, obras creadas en un lugar distante. La primera obra adquirida por La Ene fue la Fuente tropical (2009) de Radamés Juni Figueroa, una pieza efímera inscripta en la tendencia caribeña del "cheverismo", que hace suya la máxima de Schiller: "el hombre es completamente humano cuando juega".

Objeto, acción y happening, la Fuente requiere de una palangana, una bomba hidráulica, frutas tropicales y ron barato. La condición que pone el autor para su exhibición es que se documente todo el proceso cada vez. En el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario sólo quedan la palangana, la bomba apagada y una serie de fotos.

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Obra conceptual realizada por el artista Luis Camnitzer para La Ene.
 
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