CONTRATAPA › OPINION

Que la muerte no se ponga de moda

 Por Asamblea de los Derechos de la Niñez y la Juventud

Venimos a repudiar enérgicamente los hechos de violencia que vienen reiterándose en distintos barrios de la ciudad, y que recientemente tuvieron como resultado la muerte a golpes por parte de un grupo de más de 50 vecinos de David Moreyra, un pibe de 18 años, laburante, de barrio; que se vio en el momento y lugar menos oportunos, convirtiéndose su cuerpo en el lugar de descarga, de la frustración y la ira de un grupo de autodenominados "ciudadanos de buena fe" que golpearon a David hasta descerebrarlo.

Repudiamos además el apoyo masivo a través de las redes sociales, de muchos otros "ciudadanos de buena fe" que celebraron el hecho como si fuese una hazaña; hablando de hacer justicia por mano propia.

Desde este espacio, sabemos y denunciamos permanentemente que el poder judicial no es una herramienta impartidora de justicia como debiera ser; denunciamos que el poder judicial es una de las tantas herramientas a través de las cuales el estado en sus tres niveles debiera impartir políticas que abonen a la equidad social, a la integración; y muy por el contrario, y como sucede también respecto de otras instituciones públicas como la policía; estas instituciones corruptas, no hacen sino profundizar la desigualdad y la exclusión social.

Sin embargo, entendemos que cuando estos sectores de la población hablan de hacer justicia por mano propia, no hacen sino repetir las condiciones de desigualdad; entendiendo que hay vidas que valen más y vidas que valen menos.

Con el agravante de generar procesos de enjuiciamiento y condena en un sólo acto; prejuzgando que un pibe por su aspecto es culpable del delito que fuere y condenándolo a morir en el mismo acto; siendo los mismos jueces sus verdugos.

Eso no es hacer justicia; eso es retomar prácticas que desde hace casi treinta años se condenan como aberraciones en nuestro país; eso es desconocer el principio de inocencia, es desconocer que la pena de muerte fue abolida hace mucho tiempo en Argentina. Es desconocer que ese pibe al que se está asesinando es una persona con los mismos derechos que esos "ciudadanos de buena fe". Eso no es justicia, es barbarie.

En este sentido, dice Mónica Torres, abuela materna de David: "Desde lo más profundo de mi corazón lleno de dolor les pido, no sé como, pero que esto que pasó sirva para aún quien sea culpable no sea matado nunca más. Quisiera decirles a todas las abuelas que apoyen para que se pare la violencia, no somos animales, somos seres humanos, la justicia debe actuar, pero no tomaremos revancha por propias manos. Yo sé quien fue mi nieto, él no era ladrón, pero sí otro chico o joven es culpable no tomemos justicia por nuestras manos, murió un joven que apenas había cumplido 18 años, pero hay miles de chicos que crecieron maltratados, aún por sus padres. Difundan, yo soy la primera abuela que salgo al frente por cualquier culpable o inocente que en la tierra juzguen los jueces, arriba juzgará Dios".

Desde la Asamblea por los Derechos de la Niñez y la Juventud venimos denunciando la escalada de violencia que nos lleva a contar en lo que va del año más de 70 muertes violentas, en su mayoría pibes de las barriadas populares de la ciudad.

Condenamos todo hecho de violencia, entendiendo la preocupación de vastos sectores de la población respecto de los hechos de robos que se registran; pero entendemos también que hay otras formas de violencia que se invisibilizan y que hacen a la creciente desigualdad social en la que los pibes se crían como pueden; en condiciones de vida indignas, tratando de sobrevivir a la falta de políticas inclusivas del Estado, tratando de sobrevivir en los territorios apropiados por los narcos, tratando de sobrevivir a pesar de la estigmatización que sufren a través del discurso discriminatorio de los medios masivos de comunicación, que fomentan permanentemente la división entre el "ellos" y "nosotros", abonando así a la idea de bandos enfrentados, enemigos cuyo campo de batalla son las calles de nuestra ciudad; calles que día a día se van tiñiendo del rojo de la sangre que habitualmente es de los pibes.

Por otro lado, entendemos que es imperioso que los funcionarios públicos y los referentes de los distintos espacios políticos y sociales, salgan a repudiar estos actos de violencia salgan a condenar el asesinato de David, y se comprometan con sus familiares, amigos, y toda esa otra parte de la población que rechazamos el linchamiento de pibes como forma de impartir justicia, a que se investiguen los hechos, se encuentre a los culpables y se los condene por el homicidio cometido.

Tanto a aquellos que golpearon a David hasta descerebrarlo, como a la señora que canceló la ambulancia, como a todos los "ciudadanos de buena fe" que siguen celebrando este hecho e instan a entenderlo como una práctica necesaria para hacer justicia.

La violencia no se combate con más violencia, pero tampoco con el silencio; entendemos que el linchamiento de David Moreyra genera un antes y un después respecto de cómo abordar el problema de la llamada "inseguridad".

Por todo ésto exigimos: ¡Justicia para David Moreyra! El Estado tiene la obligación de expedirse sobre el linchamiento de David, y comprometerse a investigar, juzgar y condenar a cada uno de los responsables de su asesinato.

¡La inseguridad no se combate con linchamientos! Sino con equidad social.

¡Basta de matar a nuestros pibes! E invitamos a todos aquellos que se sientan identificados con este pronunciamiento; a pronunciarse ellos mismos. Es necesario romper el silencio. Es necesario terminar con esta barbarie que entiende que el linchamiento de pibes es una forma de impartir justicia.

Que la muerte no se ponga de moda. Que el estado asuma sus responsabilidades y que la población diga ¡Basta a tanta violencia!

Abrazamos y acompañamos a los familiares y amigos de David en su pedido de justicia, como así también a los familiares y amigos de las víctimas de la violencia descarnada en la que nos toca vivir por estos días.

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