CULTURA / ESPECTáCULOS › SEMBLANZA EN PARALELO DE DOS FIGURAS TAN ICóNICAS COMO DIFERENTES DEL SIGLO XX

Actores y personajes, miradas opuestas

Ayer, el último de los sex-symbols, B.B. cumplió sus ochenta años, en un ambiente que reafirma la ausencia de compromiso en el mundo de hoy. De haber vivido, Marcello Mastroianni, entrañable y melancólico, hubiese celebrado sus noventa.

 Por Emilio A. Bellon

Nacieron el mismo día con diferencia de diez años. Ella en ese París que estaba surcado por la música de acordeones callejeros, los rostros de Jean Gabin y Arlettyen en la pantalla y en las tapas de revistas y en los cafés de los boulevards un joven chansonnier con sombrero de paja, Maurice Chevallier, dibujaba sonrisas enamoradas a la hora del crepúsculo.

Un día como ayer, un 28 de septiembre de 1934, nacía en el interior de una casa de la alta burguesía quien, en pocos años más, pasaría a ser uno de los últimos mitos de la pantalla. Su despertar a la vida tuvo lugar en ese París en el que ya se anticipaba el triunfo del Frente Popular, hecho que tendría lugar dos años después, como lo representa el primer capítulo en flash﷓back del sublime film de EttoreS cola, El baile.

En esos días convulsionados, de desaliento, Brigitte Bardot comenzó a dar sus primeros pasos y en poco tiempo, motivada por las actitudes artísticas de su madre, se inscribirá en el Conservatorio Nacional para estudiar danza. En una de sus últimas entrevistas, en las que desata todo su odio contra los grupos inmigratorios, la Bardot ha declarado que bailar sigue siendo su gran pasión.

A la edad de catorce años, tiene lugar la primera fotografía que lleva la firma de un conocido estilista. En esos días, de manera familiar, ante sus amigas y familiares, era llamada con el nombre de "Bri Bri". Y así la comenzaron a identificar en los escenarios cuando tenían lugar ciertos festejos y muestras académicas.

Pero su imagen, ahora en un catálogo de ropa para adolescentes, despertó en los editores de "Elle" el deseo de que ese rostro y esa silueta pasaran a ser la imagen de la tapa. Primero, rechazos por parte del grupo familiar, pero ante la insistencia y nuevas propuestas finalmente esa adolescente, que en pocos años más bailará con los pies desnudos sobre una mesa bajo la dirección de su mecenas y Pigmalion, Roger Vadim, aparece en la portada de esta revista de gran difusión, con un nombre expresado en una sigla "B.B.", por exigencias de sus parientes.

Mientras tanto, tras haber nacido en ese mismo día, en 1924, en Fontana Liri, un pequeño pueblo ubicado a kilómetros de Roma, la familia Mastroianni, ante la prepotencia y exclusiones del régimen fascista, luego de haberse establecido en Turín, viajaba a Roma para habitar una casa del barrio Tuscolano, abriendo su padre un negocio como ebanista.

Ya, entonces, a la edad de nueve años, Marcello seguía recibiendo las prendas de su tío Domenico, este escultor que le narraba historias y que lo comenzó a conectar con el mundo de las obras artísticas. Sus vestimentas, ante la mirada de sus compañeros, lo colocaban en el lugar de un nuevo escenario por el colorido de sus camisas y pantalones, por sus gorros, que llamaban la atención de los demás, y que lo ubicaban en un lugar diferente al de los otros chicos del barrio.

Desde esos días, el oficio de fabular lo alcanzaba. Aunque todo esto fue desmentido después por su madre Ida en un reportaje que le hiciera la televisión italiana. Su condición de "gran mentiroso" lo va a conectar años después con este gran maestro llamado Federico (nuevamente presente en la sala del cine El Cairo), a quien pasará a considerar como otro "compañero de clase", tal como él llamaba a sus amigos de los días escolares.

Y un día de 1938 (año en el que transcurre uno de sus films más amados, Una giornata particolare, de su amigo Ettore Scola), le llegó la oportunidad de saltar a la escena. A partir de la invitación que le hiciera a su madre la madre de un amigo, que cumplía el trabajo de cajera en un pequeño bar cerca de Cinecittá, un joven Marcello de 14 años pasará a ser otro de los figurantes, de la comparsa, del film de Carmine Gallone, Marionette, en la que en un momento el cantor Beniamino Gigli se paseaba por los viñedos. Y él ahora, en ese film, era uno de los extras que estaba sentado junto al consagrado tenor.

En su libro de memorias, Mi ricordo, si, io mi ricordo, llevado fragmentariamente al cine por su última compañera Ana María Tato, rodado cuando el actor se encontraba en Portugal bajo la dirección del veterano y entusiasta Manoel de Oliveira, presentado en Mar del Plata en el '97 y programado en varias oportunidades por el canal Europa Europa, Marcello, en uno de sus renglones, nos dice: "Recuerdo que fui por primera vez al cine en Turín. Vi Ben Hur, con Román Novarro. Tenía 6 años". Recuerdo la música de Stardust. Era antes de la guerra. Bailaba con una chica que llevaba un vestido floreado. Recuerdo una noche de verano con olor a lluvia".

Faltará una década y algunos días más para que este joven figurante pase a ser contratado en algún protagónico en el campo de la comedia. Simultáneamente, en la ciudad de París, un joven de origen ruso, Roger Vladimir Plemmiannikov, a quien le gustaba apocopar su nombre, fascinado, seducido, por una joven que ya había sido el rostro de revista, le solicita a B.B. hacerle una prueba ante las cámaras.

A la edad de dieciocho años, B.B. pasaba a ser la mujer de Roger Vadim, vínculo que no fue aceptado en el seno de su familia. De esta manera, la joven modelo comenzó a visitar de la mano de su compañero los sets de filmación y en ese mismo año participa de su primera actuación, seguida por otros films dirigidos por Daniel Gelin, Sacha Guitry, Anatole Litvak, Robert Wise, René Clair, Marc Allegret y Steno.

El rutilante estreno de Y Dios creó a la mujer, abre en 1956 su escalinata hacia la construcción del mito, pasando este film a encabezar la taquilla, más allá de las fronteras, particularmente en Inglaterra y en Estados Unidos no tanto por la labor de la actriz, sino por el tono erótico del film, en el que encontramos a un jovencísimo Jean Louis Trintignant, quien en pocos días más pasará a ser nuevo amor.

Ambientada en la Costa Azul, Y Dios creó a la mujer nos muestra a esta Marilyn francesa, de líneas estilizadas, provocativa y de rasgos añiñados, que trabaja como empleada de una librería. De luminosa belleza, candorosa y salvaje, B.B, ahora en el rol de Juliette despertará la pasión en cuatro hombres dando lugar a una suerte de fotonovela que transpira bajo el sol del verano. Si Dios había creado a la mujer, ahora este joven cazatalentos y enamoradizo llamado Roger Vadim pasaba a ser creador de la hoy mítica B.B.

En forma inmediata, y tras el alejamiento de la actriz, Roger Vadim modelará sus sueños y ambiciones en Catherine Deneuve, Jane Fonda, Marie Christine Barrault: actrices de sus films, compañeras de sus conquistas amorosas. Y en 1973, este nuevo hacedor de estrellas, volverá a filmar con B.B., Si Don Juan fuese mujer, en el que la actriz, ya sobre el final de su carrera, interpreta a un personaje que está convencido de ser la reencarnación de aquel aventurero; de hecho su figura seductora, en tanto mujer﷓diablo, despertó pasiones en Sacha Distel, Jacques Charrier, Gilbert Becaud, Sami Frey. En aquellos años, la prensa y otros medios no se alejaban de ella. Y mereció por parte de la industria editorial y discográfica particular atención: canciones en su nombre, posters, esculturas, films de otras nacionalidades que la nombraban.

En su ensayo sobre la actriz, quien ayer cumplió sus ochenta años, rodeada de sus animales y de su nuevo compañero, un político del ala derecha, Simone de Beauvoir la define como una mujer de "terrena terrenalidad" y "que obliga a los hombres a ser honestos consigo mismos". Así, la caracteriza en ese texto homónimo que lleva como subtítulo "El síndrome de Lolita", publicado en 1959.

Con manifiesto rechazo hacia la maternidad, Brigitte Bardot cierra su ciclo como estrella a la edad de treinta y nueve años. Y hoy a sus ochenta años está considerada desde sus declaraciones como una figura pública de conductas egoístas y de reacciones agresivas.

A partir de 1957, año en el que actúa en Noches Blancas﷓ Puente entre dos vidas, bajo la dirección de su admirado Luchino Visconti (será el protagonista una década después de El extranjero, sobre la novela de Albert Camus), Marcello pasa a ser uno de los actores más notables, sensibles y reconocidos del cine de nuestro tiempo. Filmará junto a Mario Monicelli, Jules Dassin, el recordado Federico Fellini, DinoRisi, Pietro Germi, EttoreScola, su amigo; Elio Petri, Marco Ferreri, Luigi Magni, John Boorman, Roman Polanski, Luigi Comencini, Jacques Demy, entre tantos otros. Y junto a su amiga Sofía Loren actuará en varios films.

En una oportunidad, en 1961, Marcello y B.B compartieron un set de filmación. Bajo la dirección de Louis Malle, ambos pasan a ser los intérpretes de Vida privada. En este trágico relato que transcurre en diferentes ciudades europeas, una joven nacida en Suiza, viaja a París a los fines de actuar en los sets de filmación. Conoce allí a un intelectual italiano, ligado al oficio, con quien vivirá un desesperado amor que los lleva a un camino de cornisa y que precipita y desbarranca en Spoleto.

Será este film el que despierte en el siempre experimentador Jean Luc Godard el deseo de invitar a B.B. a encabezar el elenco de El desprecio, una obra meridiana de aquellos primeros años '60. Tiempo después, el mismo realizador comentará con tono de desaliento su enojo por haberla contratado; tras haber declarado ella que nunca había leído, en diez años de carrera, ni un solo guión completo.

Igualmente, Marcello Mastroianni comentó sobre ella: "No sabe, nunca supo, reconocer la diferencia que hay entre la sex﷓symbol y la mujer de todos los días. Muestra estas dos caras en cada acto Y cada una de ellas tiene miedo de la otra".

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En 1961, Marcello y B.B interpretaron Vida privada, bajo la dirección de Louis Malle.
 
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