CULTURA / ESPECTáCULOS › BUENA PROPUESTA PARA HOY EN EL CAIRO, EN LA SEMANA DE CINE FRANCéS.

El amor en tiempos contaminados

Premiada en Cannes, la película tiene una sobriedad que sabe
cuándo no ocultar la pasión. Grand Central exhibe una puesta
en escena que es crítica sobre el uso de la energía nuclear.

 Por Leandro Arteaga

Grand Central

(Francia/Austria, 2013)

Dirección: Rebecca Zlotowski.

Guión: Rebecca Zlotowski, Gaëlle Mace.

Fotografía: George Lechaptois.

Montaje: Julien Lacheray.

Reparto: Tahar Rahim, Léa Seydoux, Olivier Gourmet, Denis Ménochet, Johan Libéreau, Nozha Khouadra.

Duración: 94 minutos.

Sala: El Cairo, hoy a las 20.30

Puntos: 7 (siete)

En el marco de la Semana de Cine Francés, que Cine El Cairo programa desde el jueves pasado, se exhibe hoy en función única, a las 20.30, Grand Central, segundo largometraje de la realizadora Rebecca Zlotowski. Así como en su anterior film Bella espina, de 2010 , la actriz Léa Seydoux brilla aquí con su cuerpo de belleza en espera (en cartel por estos días con la nueva versión de La bella y la bestia), en esta ocasión junto al destacable Tahar Rahim (de quien, entre tantos títulos, vale recordar El pasado, del iraní Asghar Farhadi).

Con paso por el Festival de Cannes y Premio François Chalais bajo el brazo , la realizadora aborda en Grand Central una historia pasional con una central nuclear como telón de fondo. De acuerdo con lo referido por la misma Zlotowski, el film tuvo su rodaje en una central nuclear austríaca, inutilizada, mientras los exteriores fueron filmados en Francia. Lo que convierte a cada una de las escenas de la Central en un registro veraz, atento con los cuidados dispensados en su tarea diaria. Es en ese infierno frío donde se internarán los protagonistas.

Por un lado, el personaje de Gary (Tahar Rahim), sin plata ni afecto familiar. Para él, la planta nuclear es una oportunidad, también un riesgo de vida que vale la pena enfrentar. Junto con él, muchos más conocen una situación similar, sin dinero y robando lo que pueden (la secuencia inicial, en este sentido, es ejemplar). Hay quienes ya son expertos en el oficio supuesto por la Central y saben cómo demandar atención en los nuevos. Otros, se introducen allí ante la pobreza de expectativas. (Uno de ellos, a destacar, interpretado con solvencia por Nahuel Pérez Biscayart).

Por otro lado está Karole (Léa Seydoux), una de las empleadas de la Central. Los dos se conocen desde un impacto primero, con aval del propio novio de Karole: ella lo besa de manera imprevista, ante la mirada de los demás, en el bar. La consigna: ¿cuánta dosis radioactiva se puede resistir? O también: ¿cuáles son los síntomas? El cuerpo de Gary no se muestra inmune al arrebato de Karole, a sus curvas y desenfado. Algo así, dice ella, es lo que le va a pasar si se contamina.

Entre los dos, el paso siguiente será igualmente drástico: desde el roce en el coche, apretados, al zambullirse mutuo de los cuerpos. La elipsis es rápida. Como si la necesidad por sentir el cuerpo del otro fuese urgente. Seguramente lo sea, al observar cómo, al término de cada jornada, todos insertan sus manos en el detector de radiación, con la tensión puesta en caer víctimas de una luz roja fatídica.

De este modo, lo que se construye es un relato íntimo, de amor a escondidas pero en tiempos contaminados. Es decir, todo podría terminar y bien rápido, puesta la vida al borde de un mal paso que transforme la radiación destinada a energía en muerte instantánea. Las paredes de fuego frío de la Central contrastan, por eso, con el verde natural, a cielo abierto, donde los cuerpos amantes se gozan.

Pero, atención, también es frío el temple de Karole: ella puede lograr que la pantalla transpire, pero también saber cuándo mantenerse incólume, como estatua. Por su parte, Gary es el del cuerpo sin contractura, maleable, capaz de desafiar con suerte al toro mecánico donde los trabajadores se divierten. Es él, justamente, el único operario capaz de salvar de las garras mortales a Toni, novio de Karole (Denis Ménochet).

La fisonomía brusca de Toni, su corpulencia de mastodonte, son también rasgos para el contraste formal que el film exhibe desde su puesta en escena, en un juego de afectos que culminará por conocer sus propios límites. La Central será, en todo caso, el escenario de un apocalipsis temido, también instancia de prueba que enfrentar, a la que sobrevivir. Lo mismo, de paso, podría decirse de Karole. De todo ello toma nota Gary en su libretita, mientras apunta el porcentaje de dosis diaria que su cuerpo almacena. Quiere el dinero, pero también la quiere a Karole. La contaminación está al acecho. ¿Cuánta dosis será capaz de soportar su cuerpo?

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El film, de formidable narración, se muestra sensible a los afectos entre sus personajes.
 
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