CULTURA / ESPECTáCULOS › LITERATURA. A DóNDE VAN LOS CABALLOS CUANDO MUEREN, DE MARCELO BRITOS

La novela del médico errante

La nueva obra del contratapista de Rosario/12 ya era un espectro mítico en el ambiente literario rosarino cuando en 2013 ganó el primer premio en el Certamen Sor Juana Inés de la Cruz de México. Mañana se presenta en Rosario.

 Por Beatriz Vignoli

A dónde van los caballos cuando mueren, la segunda novela de Marcelo Britos, ya era un espectro mítico en el ambiente literario rosarino cuando en 2013 ganó el primer premio en su género en el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz del Gobierno del Estado de México. Era "la novela sobre la Guerra del Paraguay" que nadie había leído pero de la que su autor (profesor de literatura y contratapista de Rosario/12, con varios premios más y libros publicados en poesía y cuento) siempre hablaba. No tanto de la novela sino de la investigación en la que se basó: sus discusiones con historiadores, su obsesión por la exactitud. La publicó en México y en Italia; recién ahora se podrá leer en Argentina, gracias a su reciente edición en Buenos Aires por Aurelia Rivera libros, que la presenta mañana a las 19 en la librería Homo Sapiens (Sarmiento 829).

Al igual que en su novela anterior, Empalme (Editorial Municipal de Rosario, 2010), Britos narra las peripecias de un héroe a merced del azar. Desertor por comprensibles motivos, tras atender en un hospital de campaña a los innumerables heridos de la batalla de Curupaytí (considerada como la peor derrota de la historia argentina), el médico Mariano de Orma huye con un caballo, un hombre solitario y una noble excusa a la fuga: devolver el animal a sus legítimos dueños.

El caballo y el solitario ya eran personajes del primer cuento de otro libro de Britos, El último azul de la noche (2013). Ese cuento fue el origen de esta novela de 178 páginas que abarca 20 años en la vida del médico errante, quien llegará hasta Tierra del Fuego. Sus aventuras evocan y aluden al poema nacional de José Hernández: "La canción hablaba de un gaucho al que le habían quitado todo, la mujer, los hijos, su hogar. Y había andado en fortines y tolderías y había vuelto...".

A dónde van los caballos cuando mueren es una reescritura del Martín Fierro con indios buenos; es una denuncia de las crueldades del poder en la Argentina de hace 150 años y una novela en clave de revisionismo histórico que subvierte el punto de vista porteño y liberal de Sarmiento en el Facundo. El conflicto no se da entre civilización y barbarie sino de hombre a hombre en el interior de la naturaleza, como en los relatos existenciales de Quiroga o Hemingway.

El médico perseguido, como el antihéroe de la novela picaresca o el detective del policial negro según Fredric Jameson, "se mueve de un medio a otro y encadena episodios ligados entre sí no de manera intrínseca pero sí de manera pintoresca". Algunos: la batalla de Pavón (1861), donde Urquiza fue derrotado por Mitre; la epidemia del cólera en Buenos Aires, atribuida al contagio desde el frente paraguayo y que entre otras 1600 vidas costó en 1868 la de Marcos Paz (vicepresidente de Mitre, a quien reemplazaba como presidente durante la guerra); una batalla naval descrita con decimonónica magnificencia literaria; y, en los más bellos escenarios naturales del país, la expedición de los rifleros del Chubut que en octubre de 1885 emprendieron Luis Fontana, Juan Murray Thomas y 28 hombres más; 29, con el médico de ficción.

Novela en cuidada prosa poética, con anclaje histórico, mensaje político y trasfondo etnológico, A dónde van los caballos cuando mueren tiende, por sus ambiciones y estilo, hacia la misma zona de la biblioteca que Fuego en Casabindo, de Héctor Tizón, La revolución es un sueño eterno, de Andrés Rivera o Zama, de Antonio di Benedetto. Sin embargo, su estructura episódica laxa y reiterativa agobia la lectura, donde no obstante resaltan tanto los datos históricos (rinde mucho poner cada nombre propio en el buscador) como imágenes así: "A metros de la costa el caballo renació desde un remanso como si hubiera sido inventado en las profundidades".

Los símiles (que ya destaca Hernán Ruiz en el prólogo) asombran: si bien la acción transcurre entre 1865 y 1885, en cierto pasaje "algo hace interferencia". Muchas escenas parecen cinematográficas, como escapadas del género western. El monólogo de la viuda de un pescador galés es lo mejor del libro.

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Marcelo Britos es profesor de literatura y contratapista de Rosario/12.
 
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