CONTRATAPA

Escrito en el cielo

 Por Sonia Catela

Al cielo lo dibuja la avioneta (nueva, debutante, ¿a quién pertenece?) y con sus excrementos de humo escribe un enigma: "Carina, te amo", declaración que mete insidia en las cabezas levantadas hacia el firmamento del puñado de habitantes de Colonia Nueva, (hoy no hay viento, ideal para la siembra) "Carina te amo". Recuento y no pasan de veinte las Carinas que este pueblo alberga; veinte las Carinas, las veinte, casadas y una de ellas, conmigo, aunque ¿entra la mía en el juego de probabilidades siendo ése su segundo nombre, casi ignoto, para una conciencia colectiva que la conoce sólo por Adela, día de su santo el 9 de setiembre? Pero tampoco se puede descartar una estratagema que intente despistar al probable damnificado (¿yo?) con ese uso del segundo nombre de la traidora; veinte de las cuales, una, adúltera. ¿Mas cuál?

La avioneta revolotea y huye, se esconde en algún cobertizo desconocido donde busca albergue el enamorado que bien pudo recurrir a un sistema más privado para dar a conocer su "te amo", digamos una carta, un email, (tenemos servicio cooperativo de internet desde hace seis meses) no esa macro declaración que cubre el cielo celeste para embobar a tontuelas y contra la que yo, qué antídoto podría aplicar, ¿flores silvestres? ¿un conejito? mi Carina, corazón romántico telenovelero... Y el hormiguero humano boquiabierto que mira hacia arriba como si bajaran extraterrestres en la avenida del pueblo, no sabe por dónde empezar, si por el ser o no ser de la Carina y su concurrencia y con qué frecuencia a una cama conyugal indeterminada ¿por qué no la de uno? o si comenzar por la identidad del propietario de la avioneta para ir a romperle la cara, retarlo a duelo o desinflarle las cubiertas de la camioneta, ¿qué haría Harrison Ford en las presentes circunstancias?.

Según este atontado peatón que balbucea caminando en zigzag por ser adjudicatario de una de las Carinas de la lotería infausta, el aparato aéreo se dirigió hacia la finca de Weiss, al sudoeste ¿no se fijaron? casi lagrimea y en el cielo sigue clavado el cartel como las tablas esculpidas de la ley, o empezar por saber en qué sitio se consigue una avioneta para fumigar, quién las vende, si las registra la Comuna, si pagan patente, dónde cargan combustible, y ubicar el carnet de conductor del revoloteante enamorado.

"Para mí la que más se zarandea es la Pachiotti, tiene que ser ella", se arriesga una voz de la masa, pero Juan Pachiotti exhibe su coartada: "llamen, llamen a la escuela a ver si está, o no, dando clases mi Carina", como no advirtiendo que los hechos se perpetraron de manera retroactiva. "La tuya también es Carina", devuelve Pachiotti "y la tuya", maldita moda de hace treinta años: despilfarrar ese nombre de raza de víboras; otra voz imagina "las citamos en conjunto y las interpelarmos". "¿Como en un juicio?", "Pero no en bloque; se darían aires. De a una, para que se quiebren"; divagamos, rompemos filas, los abandono. Busco mis binoculares porque habrá segundo acto, y es de nuevo el cielo celeste, todos los hombres de aquí camuflados en las azoteas con sus prismáticos, aunque Carina me jura desde anoche que ese asunto no la involucra y que deje de sospechar de ella porque la insulto y que la bese y la beso con un ojo en el firmamento que trae de nuevo la avioneta, la estridencia del "Carina te amo", dividiendo a este pueblo rural en dos bandos, los que duermen tranquilos y los que llevan del brazo a una consorte con nombre incriminatorio, bandos que articulan telefoneadas anónimas, cartitas del mismo tenor, bandos que por más que enfoquen al piloto de la avioneta con los binoculares no pueden determinar su identidad (el hombre usa un casco espacial de motoquero) y tampoco cazarlo al aterrizar porque no se puede entrar al campo donde se posa, localizado en el centro de una estrella de haciendas ajenas e indescifrables. Seguimos en un suplicio que se prolonga y hace que uno implore por una temporada de lluvias pero la página del weather channel acierta sol y más sol, bajo el cual se suceden las rencillas, un par de rupturas matrimoniales, reconciliaciones, desconciertos. Hasta que aparecen los volantes amarillos, impresos en la vecina localidad de Rafaela. "Primera fábrica de fideos "Carina" en Colonia Nueva. Colonia Nueva industrializará su mejor materia prima: trigo. Bienvenidos a la era industrial. Francisco Rovira, propietario. Inauguración de la planta en mi estancia, el primero de diciembre. Quedan todos invitados". Ah, qué bien. Bárbaro el asunto de crear suspenso. Rovira fabricará fideos. Era eso. Sí. Pero ¿por qué los llamó "Carina" si a su esposa la bautizaron Ana Paula? ¿Y por qué Ana Paula acaba de abandonarlo justo anoche?

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