CONTRATAPA

Se calentó la tierra

 Por Bea Suárez

Me pongo Off, prendo espirales (verdes), rocío macetas, palanganas, tachitos, tapitas. Dicen que puede estar en una tapita!! Una simple tapita de una inocente botella de gaseosa. ¿Puede ser que ahí, ahí mismo la hembra se disponga a parir larvas peligrosas, esas me piquen y deba yo morir de una muerte que provenga de una tapita?

Sin embargo dicen, advierten, comentan, que hay que vaciar los floreros, las flores simples, que el agua de abajo podría ser un criadero. Qué espanto! Saber que arriba de la mesa del comedor hay un Diablo capaz de aniquilarnos a todos. Que a las flores debe renovárseles periódicamente el agua y no dejar que la misma llegue a tener olor a cloaca pues quizás, tal vez, el mosquito ande por ahí al lado de un churrasco a la hora del almuerzo.

Indican que cada cuatro horas debe uno ponerse repelente (pelente, como le decían cuando apenas salió por no pensar en que era un re, un recontra algo), que más vale abajo, en las piernas. Pienso, qué feo morir por algo que venga desde abajo; si me pica que se arrime y lo haga de frente, en la cara... Qué joder!. Vení, dale, vení de adelante a ver si te animás.

Encima no es uno común, describen las patas a rayas, un mosquito horrible, flaco, grande, alto, con pretensiones de vaca o cebra (que es peor).

Por ahí siento el sssssssssss! A la noche en la oreja, me pego cada piña que casi quedo sorda, pero lo voy a matar dignamente y de una. No... si... semejante esperpento no me va a ganar.

Un bicho que adentro tiene un virus, que es casi un no animal, un no ser vivo pues siempre existe a expensas de otro (en este caso el mosquito, o nosotros).

Un avioncito que lleva un terrorista muy poderoso, capaz de arrasar la población, pero que a su vez muere o se ahuyenta con dos disparos de aerosol. Qué curioso!

Está en el agua limpia, no es ningún boludo, vive bien, tiene confort, la hembra pone ahí, quiere maternidad privada, limpia, con enfermeras pulcras que a sus crías las cuiden.

Señores con delantales y barbijos fumigan plazas, parques y jardines. Argentina desbordada por un bicho que pesa diez miligramos o menos.

Parece que nadie informó que venía una pulga semejante, o bien que por ser así (insignificante) nadie le dio la suficiente bolilla.

Reviso rinconcitos de casa donde tal vez una hembra se ha dado el lujo de poner un huevo, escribir un libro y plantar un árbol; miro una botella que hace años quedó en la terraza y me parece surrealista tener que cuidarme.

Casos autóctonos, la tierra, el río, la naturaleza, la luna, el mosquito y yo. Todos habitando este planeta que muchos suponen ofendido.

Una Dalia que tengo en la mesa de luz podría contener la patada final y podría yo morir ensangrentada este fin de semana.

Querría cortar al mosquito y freírlo para que aprenda que no puede reproducirse entre albahacas húmedas, o venir de visita a las ciudades donde no fue invitado.

Charata Chaco con patitas rayadas entrechocándose, haciendo temblar gente.

Observo mis plantas como a enemigas. La salud. El Paracetamol. Nunca podré dormirme si pienso en el pico del mosquito haciendo inyecciones virales de persona a persona, deslizándose desde una localidad a otra, pasando mensajes, jugando al teléfono descompuesto con la palabra Dengue y siempre Dengue.

Por momentos me olvido, me alejo, pero los hospitales no dan abasto, en Rosario hay casos confirmados, en Pérez también, el norte vulnerable, Bolivia.

Qué formidable síndrome nos descontrola, una roncha fantástica puede traer la última morada.

Cacharros oxidados en toda la manzana, desde lo alto veo techos de mis vecinos, me es difícil imaginar una desgracia.

Pero parece que la cosa es así, que se calentó la tierra en una discusión no sé con quién y vinieron las plagas modernas a seguir haciéndonos escribir la historia.

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