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Martes, 22 de noviembre de 2011

CONTRATAPA

El discreto encanto de ser gorila

 Por Javier Chiabrando

Yo tengo un primo (es decir, todos tenemos un primo), pero yo tengo un primo que se llama igualito que yo, que nació el mismo día del mismo año, mide lo mismo, le gusta la misma marca de whisky, y no fuma, como yo. Para colmo es guapo a mi estilo e, igual que yo, sobrelleva la calvicie con un toque de orgullo a lo Telly Savalas. Como es lógico, nos confunden a menudo. Hay quienes sostienen que es pura esquizofrenia de mi parte, y yo contesto que no tendría sentido inventarme una personalidad que se llame y luzca como yo. Para eso me invento Tinelli o Messi. Volviendo a mi primo, suelen achacarme a mí lo que dijo él y a él lo persiguieron dos novias que habían sido abandonadas por un servidor cuando se embarcó en el camino del amor verdadero. En lo que sí nos diferenciamos es en que él tiene teorías un tanto estrambóticas, sean filosóficas, políticas o culturales. Ahora se le dio por decir que por fin puede declarar públicamente que es gorila. Nada menos.

Según mi primo la expresión gorila viene de La Revista Dislocada (con libretos de Cammarota), que en una parodia de la película Mogambo decían "deben ser lo gorila, deben ser". Hoy es una línea más de nuestro diccionario, y no de las menos importantes. Yo le contesté que nunca entendí muy bien eso de que parecerte a un noble animal, harto inofensivo y maternal (como bien lo sabe Tarzán), y para colmo en vías de extinción, pudiera ser un insulto. Como insulto, siempre me sonó peor tero o pato criollo. En plan de mostrar creatividad poética (de la rama de los insultos), hay otros de la onda zoológica más graves que gorila; ser ganso, gato, perro, rata, laucha, avestruz, por ejemplo. Pero la cultura popular y nacional instauró que gorila es lo peor que pueden decirte y ya se sabe que lo que las masas proponen no se puede discutir sin ser tratado de antinacional o antipopular, o sea de gorila.

Volviendo a mi primo y a sus teorías trasnochadas, ahora dice que como es kirchnerista (a veces dice cristinista), por fin puede gritar a los cuatro vientos que siempre fue un asqueroso gorila. ¿Cómo es posible eso, amado primo?, le dije yo como si le hablara a un espejo. Según mi primo, él era gorila porque por mucho que se esforzara en entender a las masas obreras y toda esa cantinela, no podía dejar de relacionar al peronismo con Estelita Martínez, el turco que no nos iba a defraudar, una camionada generosa de sindicalistas ladronzuelos, fascismo vernáculo más entusiasta que el ítalonazi, López Rega y tutti quanti. Y para colmo la figura de Perón no le movía un pelo y la de Evita apenas un pelo, es decir poco para dejar de ser gorila. Eso dice mi primo.

Pobre mi primo, seguro que nadie se tomó el trabajo de explicarle dónde estaba el bien y dónde estaba el mal, es decir dónde lo nacional y popular y dónde los vendepatrias. O se lo explicaron, pero las imágenes de la masacre de Ezeiza y otras películas de terror del estilo no le permitían ser ecuánime. O en todo caso no le permitían dejar de ser gorila. Intentando que reflexionara le conté que Rodolfo Walsh había sido antiperonista y que había terminado militando en el peronismo porque sentía que ahí estaba la gente con la que se podía hacer la revolución o, para no ser cándidamente optimista, la gente con la que se podía hacer cambios. A esa contundente analogía, mi primo contestó que él no era tan inteligente como Walsh y que ese proverbio que dice que "solamente los necios no cambian de opinión" le parecía una tontería. Bueno, aclarado más o menos quién es quién, vamos a lo que se podría llamar "Fundamentos de la Teoría de mi Primo".

Javier Chiabrando: "Hay cambios y cambios, algunos circunstanciales o coyunturales, y otros categóricos. El kirchnerismo sería (nótese el potencial) de los últimos, es decir categórico. Este movimiento o proyecto político propone la recuperación de la autoestima de todo un país, la reinserción internacional, un emparejamiento de las realidades sociales internas (que en la jerga se llama inclusión), hacerle pito catalán a las recetas de los organismos internacionales, industrialización del país para salir del modelo exclusivo de productor de materia prima, fortalecimiento del sistema educativo, y etc. ¿Es una revolución? No, pero es un cambio profundo".

Eso dice mi primo, y luego, para que yo no me quede con la idea de que su teoría es demasiado peregrina, cita uno de esos libros de consulta ligera que uno tiene a mano para engañar almas crédulas. El libro se llama La Cultura y lo escribió un alemán llamado Dietrich Schwanitz. Hablando de cultura (no de política), el alemán dice: "(...) la forma más efectiva, más rápida y al mismo tiempo más segura de acceder a la cultura es integrarse a una de esas escuelas (se refiere a movimientos o escuelas o corrientes culturales)... Dominar una teoría es más fácil de lo que suele creerse, tarea tanto más sencilla cuanto más ambiciosa sea la teoría (...) Todo punto de vista que eleva grandes pretensiones teóricas rompe totalmente con la tradición e introduce unos fundamentos completamente nuevos, lo que constituye una ventaja para quien no conoce la tradición. Carecer de conocimientos previos no es ninguna desventaja; al contrario, así no se necesita cambiar de opinión".

Yo no entendí nada hasta que mi primo me explicó que, en criollo, lo que él quiere decir con ayuda del alemán es que es tan ambicioso el kirchnerismo que para integrarse a él no es necesario tener conocimientos previos, o sea ser peronista o justicialista. Es decir: uno puede entrar en la política ahora mismo, sin necesidad de justificar o de aclarar de dónde viene ni si tiene historia política anterior. Mi primo siente que esta idea justifica su gorilismo explícito del que ahora alardea.

Yo no le creí del todo, pero la verdad es que mis convicciones tambalearon un poquito. Entonces mi primo arremetió con otro ejemplo más pedestre, el de ese grupo de intelectuales antikirchneristas que cada media hora hablan por televisión para decir que en este país no los dejan hablar. Se refería a Abraham, Lanata, Caparrós y otros menos fotogénicos que actúan a manera de claque. Según mi primo, ellos no pueden decir que son gorilas porque además son antikirchneristas, y eso sería como decir dos veces que no son nacionales y populares, que odian por duplicado, no como mi primo que odia una vez y ama otra. Y el amor, ya se sabe, derrota al odio siempre, o la mayoría de las veces, o muchas. Pero esos intelectuales pueden mostrar ahora su gorilismo porque (pero) lo enfocan al kirchnerismo y dejan al Pocho y a Evita (sobre todo) de lado.

Lanzado a teorizar, mi primo me da otro ejemplo. Dice que Pino nunca podría haber dicho (como dijo) que el voto de los salteños era de poca calidad si esos votantes mediocres hubieran votado a un peronista cualquiera (como lo fue él). De haberlo hecho, podrían haberlo acusado de gorila. Pero como esos votantes mediocres votaron a un candidato K, él quedó como lo que es. ¿Qué es? Vaya a saber uno.

Después de escuchar detenidamente a mi primo, aguijoneado por la duda, que es la jactancia de los intelectuales, comencé mi propio camino de investigación. Me pasé una semana llamando a amigos y a no tanto, a familiares y a ex novias (que en mi encuesta quedaron como No sabe/No contesta), además de compañeros de escuela y conocidos varios; en suma, llamé a todos los teléfonos de mi agenda. Y fueron varios los que, luego de contarles el derrotero intelectual de mi primo Javier Chiabrando, se animaron a confesar que, siendo kirchneristas o cristinistas, eran gorilas, algunos dijeron un poco gorilas y otros casi gorila.

El problema era que ante cada confesión, el confesado buscaba un cómplice y me preguntaba qué era yo, si gorila o nacional y popular, a lo que yo contestaba que el que hacía las preguntas era yo, que si querían saber más que se armaran una encuesta propia y me llamaran a su momento.

Bueno, no del todo convencido, pero entusiasmado, entendí que ahí había un caudal político nuevo del que un par de vivos como nosotros se podía aprovechar. Ahora estoy ayudando a mi primo a organizar un nuevo movimiento social donde mucha gente como yo, quiero decir como mi primo, y aún más gorilas, va a encontrar refugio y comprensión, y gratis.

Ese movimiento se llamaría Gonapo (Gorilas Nacionales y Populares), o Megonapo (Medio Gorilas Nacionales y Populares), o quizá Napopego (Nacionales y Populares pero Gorilas). Fiel a la época, la afiliación será sólo online, las movilizaciones se darán en el muro de Facebook y al que grite consignas de más de 140 caracteres le regalaremos una afiliación Golden Card al radicalismo.

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