CONTRATAPA

Adrienne Rich

 Por Gabriela De Cicco

a Irene Ocampo y Gabriela Adelstein

I

Me entero de la noticia. Una compañera, activista lesbiana tiene en facebook la foto de ella en su perfil. Una foto de la poeta Adrienne Rich. Me entero de la noticia, y empiezo a llorar. Lloro, sola, frente a la computadora. Lloro, y empiezo a caminar de un lado a otro de la casa. Abro una ventana, me preparo los primeros mates de la mañana. Todo está nublado, incluso el día está nublado. Un día y medio después de que murió, me entero de que la "tata Rich", como solemos decirle con algunas compañeras, cruzó las grandes aguas.

Adrienne entró en mi vida de la mano de las traducciones de la poeta santafesina Diana Bellessi: "Soy el andrógino/ la mente viva que fallas en describir/ en tu lenguaje muerto/ el nombre perdido, el verbo sobreviviendo/ sólo en infinitivo/ las letras de mi nombre escritas bajo los párpados/ del niño recién nacido".

Ambas entraron a mi vida hacia finales de los ochenta. Ellas entraron en mi vida y me empujaron hacia una zona poética y de pensamiento donde nunca antes había estado, o en la que balbuceé algunas tímidas palabras, algunas veladas imágenes.

La entrada en mi vida de ellas y mi salida del closet, casi son la misma cosa. En unos pocos años todo fue re﷓fundación en mi vida. Era lesbiana y podía escribir como lesbiana. Había una existencia lesbiana que me recibía, y allí tenía un lugar para ser. La visibilidad era posible, y ver era posible: "Lo que vemos, vemos/ y ver es cambiar". La amada podía y debía habitar los poemas, los textos. Adrienne también me llevó con sus ensayos de la mano en mis primeros pasos dentro del feminismo. Primero solamente intelectual. Yo leía, devoraba lo que encontraba. Y la cabeza bullía, el corazón bullía, y años después gané las calles, grité y milité por la visibilidad; llevé eso también el ámbito de la academia.

Dos poetas me habían empujado a zonas inesperadas, inexploradas. Me habían dado palabras, ideas, contraseñas vitales. No, no había que suicidarse, había que vivir a pleno y cambiar lo que era posible e imposible cambiar: "Puede ser la acción la que nos lleve a la poesía, los actos a las palabras, cuando la poeta se identifica con otros y otras, iguales y diferentes a ella, que están intentando transformar un orden opresivo".

Recuerdo haberle leído sus poemas y fragmentos de sus ensayos a mujeres de las que me enamoraba o amé. Recuerdo haber leído en voz alta, apasionadamente, un concepto que me ayudó a entender la historia que era antes de nosotras: "Re﷓visión, es el acto de mirar atrás, de mirar con ojos nuevos, de asimilar un viejo texto desde una nueva orientación crítica, esto es para las mujeres más que un capítulo de historia cultural; es un acto de supervivencia".

Recuerdo haberlos leído en aulas de la facultad, en mi cuarto, en una playa al amanecer, en algún umbral de calle Tucumán después de salir del cineclub, a la que sería más tarde mi compañera de mi vida por muchos años.

Adrienne impregnó todo, desmanteló mis telarañas y me sacó a pasear y me hizo pensar como un nuevo ser, en construcción constante: "Para nosotras el proceso de nombrar y definir no es un juego intelectual, sino una captación de nuestra experiencia y una llave para la acción. La palabra lesbiana debe ser confirmada porque descartarla es colaborar con el silencio y la mentira acerca de nuestra existencia misma, es hacernos caer en el juego de la clandestinidad y volver de nuevo a la creación de lo inefable".

Ella me enseño que la poesía es política. Que una caricia es política. Ella abrió una puerta hacia una nueva dimensión que otras voces y otras compañeras fueron ampliando.

II

Para quienes aún no han tenido la oportunidad de leerla o conocerla, Adrienne, es una poeta y ensayista lesbiana norteamericana, que decidió tomarse un descanso un poco más prolongado este pasado 27 de marzo de 2012, tras 82 años de una vida plena de experiencias, poesía y militancia. Fue contemporánea de las poetas Sylvia Plath, Anne Sexton, Audre Lorde, June Jordan, Denise Levertov.

De su poesía hay una bella y pequeña selección en editorial Visor, ese fue uno de los primeros libros que tuve de ella, junto a su libro de ensayos Sobre mentiras, secretos y silencios (Icaria, 1983). Las traducciones de Bellessi son difíciles de encontrar en su formato libro, pero virtualmente se pueden localizar algunas de ellas. Icaria también publico el otro libro de ensayos, Sangre, pan y poesía. Hay más, mucho más, pero mejor que cada unx haga su propio camino de encuentro.

III

Una piensa que a medida que pasan los años se va preparando para las pérdidas. Hacía tiempo que no lloraba así por una muerte. Hacía tiempo que el desconsuelo no se instalaba de esta manera en mí. Apego, lo sé. Siento la voz de un par de amigas. Pero no, no es apego, es amor. Y sí, quizá el amor es otra forma del apego si es que no se dejar ir. Hacía tiempo que no lloraba mientras escribía frente a la máquina. Lo que siento es muy parecido a lo que fue cuando murió mi viejo, u otros dos muy queridos amigos. Creo que una no termina de estar lista para la muerte de seres queridxs. Pero sí creo en la transformación, en la energía nueva que circula y que sigue circulando, en la multiplicación de la voz y las palabras amadas.

Empecé este texto diciendo que lloraba sola frente a la computadora. Tuve que empezar a escribirlo para sacar esta llama fría de adentro. Sé que no estoy sola. Lo sé, y una vez más viene la voz de Adrienne, y me susurra: "¿Quieres preguntarme si estoy sola?// Si estoy sola/ debe ser la soledad/ de despertar primero, de respirar/ el primer soplo frío del alba en la ciudad/ de ser quien está despierta/ en un casa absorta en sueños// Si estoy sola/ es con la firmeza de un bote congelado sobre la costa/ en la última luz roja del año/ que sabe lo que es, que sabe no es/ hielo ni lodo ni luz invernal/ sino madera, con la gracia de arder".

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