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Importantes batallas de Bonfatti

El gobernador santafesino obtuvo su primer triunfo en la Legislatura al conseguir que la oposición le aprobara un endeudamiento a través de Letras. Otra cosa será la reforma tributaria. El descontento del gobierno con la eficacia y la voluntad de la policía de Rosario. Los cambios inevitables. Un recuerdo de Malvinas.

 Por Leo Ricciardino

El gobernador Antonio Bonfatti tiene su primer tramo de batalla ganada. Esta semana, la oposición le demostró en concreto que en serio piensa que hay un estilo diferente al de Hermes Binner a cargo de la gestión. Pero Bonfatti no debe emocionarse demasiado: Los senadores del PJ tenían una realidad concreta a la hora de aprobar la emisión de Letras para que el gobierno se haga de 456 millones de pesos. Los representantes departamentales de Santa Fe en la Legislatura venían recibiendo la presión directa de intendentes y presidentes comunales para que les consigan fondos como sea. No se perdieron la oportunidad y le agregaron 100 millones de pesos más para ese fin a la autorización de emisión de los pagarés. ¿Qué indicaría que no será la misma negociación para la reforma tributaria que pretende el gobierno?

En su momento, Binner se aferró con uñas y dientes al reparto 70-30 del Fondo Sojero que representa más de 600 millones de pesos. A tal punto que muchos presidentes comunales del PJ le recordaban esta situación cuando el ex gobernador despotricaba contra el "centralismo porteño" y la "falta de federalismo". Bonfatti mantiene el mismo esquema, pero desde la oposición ya se empezó a hablar del "fifty-fifty" para repartir el dinero que derrama a las provincias de las retenciones a las exportaciones de soja.

La plata grande, la que posibilitaría que la provincia salga de una dependencia de casi el 60 por ciento de ingresos transferidos desde Nación, está en los Ingresos Brutos. Un impuesto que en los '90 Domingo Cavallo pedía eliminar por distorsivo y que desde el 2003 a esta parte representa el grueso de la disposición genuina de fondos que tiene Santa Fe. En la ampliación de este tributo a la industria hoy exenta, radica gran parte de las transformaciones que quedaron pendientes de la gestión socialista anterior.

"Le dimos todas las vueltas jurídicas al tema y no podemos. Fue lo primero a donde apuntamos. No hay caso, con un amparo nos tumbarían rápidamente cualquier medida". La confesión de un alto funcionario del gobierno provincial se refiere concretamente a gravar con Ingresos Brutos a las multinacionales radicadas en territorio santafesino.

El gobierno deberá andar con pie de plomo alrededor del tema después de que esta semana el Tribunal de Cuentas de la provincia le hizo saber que lo está controlando. El organismo le dijo a Bonfatti que no puede hacer lo que hizo por decreto: Incrementar al 3,6 y 3,8 Ingresos Brutos para empresas que facturen entre 30 y 40 millones de pesos anuales. El efecto recayó sobre unos 400 grandes contribuyentes santafesinos y la indicación del Tribunal es que la medida debió pasar primero por la Legislatura porque en el fondo se trató de una modificación impositiva de envergadura que ningún Ejecutivo puede determinar por sí solo.

Bonfatti se enfrenta además a otra disyuntiva: Encontrar un interlocutor válido en un peronismo bastante atomizado en la provincia. Por ahora pudo con los senadores, en Diputados se abrirá otro capítulo. Uno más sinuoso. Desde María Eugenia Bielsa que la emprendió con "la fiesta socialista" hasta Luis Rubeo que cree que "el gobierno debe mostrar una voluntad política de ponerle freno al crecimiento del gasto corriente". Son mucho más que matices. Aunque el fin de semana el PJ dio un paso importante en Esperanza al cerrar filas detrás de José Luis Freyre como candidato a presidir el Partido Justicialista. Efectivamente, Rossi, Perotti y Bielsa parecen haber limado las asperezas más gruesas.

Veníamos diciendo

Desde hace dos semanas, en esta columna, se anticipaba el inminente descabezamiento de la Unidad Regional de II de Policía. La permanencia en sus cargos del jefe Néstor Arismendi y Daniel Cabrera, era insostenible. A las sospechas que pesaban de antemano en su contra --recién nombrado ya se sabía que Arismendi estaba siendo investigado por su situación patrimonial-- se sumó que comenzaron a darse "una serie de hechos delicados vinculados a determinados indicadores delictivos que nos preocupan mucho", dijo a este diario con la mayor delicadeza posible el ministro de Seguridad Leandro Corti. La traducción literal podría ser: la policía no demostró tener ni la eficacia ni la voluntad de combatir los delitos más violentos y, tampoco pudo alejar de sí la sospecha de su participación en algunas de estas confusas situaciones. Basta citar el triple crimen de Villa Moreno para tener un panorama.

Corti ya había desplazado hace unos días a la cúpula de la Unidad Regional I de Policía con asiento en Santa Fe. Desde ese momento comenzó a saberse de la inconformidad del gobierno de Antonio Bonfatti con el accionar de la conducción de los uniformados en Rosario. Las demoras en llevar adelante los cambios obedeció a una situación muy sencilla: Encontrar candidatos potables con la menor cantidad de manchas posibles en sus legajos pero que a la vez tuvieran don de mando y una determinada influencia en la tropa. Este segundo aspecto pesó mucho más que el primero a la hora de elegirlo como jefe de Rosario al comisario Hernán Brest. Un veterano de la calles, curtido en peligrosas lides.

Otro manto de neblina

"Hoy es 12 de mayo de 1982. Los Pucará argentinos derribaron dos Sea Harrier en el espacio aéreo de Goose Green". Así escribíamos a los 16 años, un diario incomprensible a pedido de la profesora de Geografía. Todos los días, las novedades del frente. Ella lo redactaba primero con tiza en el pizarrón y nosotros lo copiábamos en la hoja anillada de la carpeta. En casa, mi viejo decía que los milicos argentinos eran atorrantes y ladrones --sobre todo cuando veía a la gente donar alimentos y joyas para el sur--. Pero lo decía más desde un espíritu contrera que desde una mirada realmente crítica. No recuerdo escuchar a nadie de mi entorno con una mirada realmente crítica en ese momento.

El salón de actos, algunos días de combates importantes, reunía a alumnos de los años superiores a escuchar la radio conectada a los parlantes. Bajo la custodia de profesoras y directivos, era el aporte que se podía hacer desde las aulas y los bancos. Nadie mejor que la dictadura en decadencia sabía lo que era generar cohesión.

El '78 en la calle, el '82 también. Rápido llegó el '83 que nos libraba de todo el oprobio pero también de la vergüenza de aquellos festejos. Con la democracia se come, se cura, se educa y se olvida a los colimbas que combatieron en el Atlántico Sur. Cómo mirarlos a la cara si eran el vivo retrato de nuestra vergüenza. Lo más certero a 30 años de Malvinas sería pedirles perdón por hacerlos esperar tanto tiempo. Cómo pudo ser tan difícil separar la dictadura asesina de lo que ellos tuvieron que vivir. Por eso, si se puede, no habría que perder la oportunidad de saludarlos.

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