CONTRATAPA

Esto es pura ficción

 Por Dahiana Belfiori

Yo vivo en una ciudad en la que caminar se ha vuelto peligroso. Una ciudad como cualquiera de las tantas, de las todas, ciudades del "interior". Aquí los autos florecen como la primavera, sólo que todo el año, y las bicicletas hacen malabares para sostenerse sobre el empedrado y la indiferencia. Ya no hay niñxs jugando en las veredas. Ya no hay tapitas, bolitas, escondidas, manchas ni rinrajes que aceleren el corazón, enciendan las mejillas y arruinen el siestero sueño de lxs adultxs. Saudade de infancia: con mi hermano y algunxs vecinxs asaltábamos la calle y la siesta: eran nuestros territorios. Yo vivo en una ciudad a la que no le interesa mi nostalgia. Ni la tuya.

Yo vivo en una ciudad, seriamuyseria, que apura vidas al ritmo de las válvulas, los relojes, las máquinas y el arado, mientras cuenta en silencio los dólares (sí, aquí todavía se piensa en dólares) que se pierden y se ganan en el minuto a minuto de las cotizaciones bancarias. Yo vivo en una ciudad que dice poseer una alta estima por la cultura, en la que sus artistas brillan puertas adentro de sus casas y sólo son reconocidxs si tienen la suerte de ganar algún premio en algún improbable concurso... en la capital. Porque ya se sabe, del arte no se vive. De la cultura menos. Bueno, algunxs sí. Yo vivo en una ciudad que considera criminal la guitarra, el ula ula y las clavas en las esquinas y en las plazas, y que elogia la misma rutinaria "vuelta al perro" alrededor de la plaza central en autoúltimomodelogrisplata de cada santo domingo. Yo vivo en una ciudad inhabitada de poesía, aunque ella, la señora, resiste en algún bar de mala muerte, en alguna loca boca ronca, de rebeldía:

/a veces/ qué se yo, viste/ casi siempre/ tengo cansado el estómago/ se me derriten las pupilas en las ojeras/ se me instala en el cráneo un cerrojo/ se me comprimen las penas en/ este nudocorazón.

qué se yo, viste/ a veces/ se me despierta el hambre/ triunfa la mirada/

una imagen me aligera el pensamiento/ se me desahoga en lluvia una arteria.

a veces/ se me florece mi sonrisa a veces/ sin explicación.

a veces/ tiemblo.

Yo vivo en una ciudad que no percibe si tiemblo. Ni percibe tu temblor. El grafiti está prohibido, porque ensucia la perla de mi ciudad. Aquí la seguridad es lo más importante. Los "lavacoches" son responsables de todos los asesinatos, incluso de los que no se cometieron; los asesinos viajan libres por el mundo; los policías nos gobiernan. Si matan a cuchilladas a una mujer, seguro que algo habrá hecho. La justicia es ciegasordomuda para la justicia.

Yo vivo en una ciudad de primera. A los hinchas de cada equipo que llega a mi ciudad se los trata muy bien: tienen a la gendarmería como seguridad privada. Mientras, se suspenden las clases porque se juega un partido de fútbol de "alto riesgo" en el club ubicado frente a la escuela. Yo vivo en una ciudad que no registra mi azoramiento ante la sala llena de un teatro en la que una supuesta gurú chilena alaba la diferencia pero te manda a lavar los platos si sos mujer, a la fábrica si sos varón y a... qué decir, la diferencia se acaba allí. Sólo hay clasemediatrabajadorahétero con casa, perro, hijxs y... ¡auto! La pobreza es un invento de quienes viven en los asentamientos.

Yo vivo en una ciudad que no tiene ningún puerto en la puerta, ni agua tiene. Estoy convencida que es como cualquier ciudad, pero es la mía. Lo que me alienta es que habito el terreno de la pura ficción. Vos y yo podemos dormir tranquilxs.

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Imagen: Luis Acosta.
 
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