CONTRATAPA › EL BOTE

Instantáneo

 Por Beatriz Vignoli

--Me imagino que habrás empezado por los archivos --dice Irazusta.

--Soy crítica de arte --respondo. Mi respuesta lo desconcierta. Le explico que en mi especialidad es más fácil obtener información. Es un campo social denso, como un pueblito, no hay desconocidos. Salvo alguna que otra excepción deshonrosa, algún raro escándalo, todo es transparente. O casi. O se puede fingir que lo es y no pasarla mal.

Sigue desconcertado.

--¿Pero empezaste o no empezaste por los archivos?

--La verdad, no.

--Bueno, si vas a los archivos, vas a saber quién fue Agustín.

--Peleó en Malvinas.

--Eso lo sabemos todos. Yo también.

--Vos también peleaste en Malvinas.

--Sí, pero yo volví y me puse a estudiar Medicina.

--¿Y él?

--El estuvo un año en su casa con la mamá y el hermano (el papá falleció hace mucho). Después se fue a vivir con la abuela (el abuelo había fallecido) y consiguió trabajo en una agencia de seguridad. Laburó varios años ahí, le fue muy bien, ganaba un buen sueldo. Nunca me explicó bien lo que hacía porque era súper confidencial. Por lo poco que vi, entiendo que tenía que ver con la tecnología informática...

--¿Espía? ¿Hacker?

--Qué sé yo. Ponele...

--¡Hacker y ex combatiente, como Félix!

--¿Quién es Félix? No lo conozco.

--Es el protagonista de Las islas, de Carlos Gamerro.

--¿Y qué es eso?

--Una novela.

--Ah.

--¿Y entonces?

--¿Y entonces qué?

--¿Y entonces qué hizo Agustín?

--Bueno, Agustín un día se rayó.

--Se rayó.

--Se volvió loco. Debe ser por ese trabajo que tenía, todo virtual, siempre encerrado con una máquina, llegó a tener una novia virtual de quien nunca supo si existía, si era realmente quien decía ser, y lo más loco era que a él ni le importaba.

--¿Y los compañeros? ¿Los demás ex combatientes?

--A medida que lo iba absorbiendo ese laburo, se fue encerrando más y más en su casa y en su pieza y en sí mismo. En los '90 todavía participaba de las reuniones e incluso de algunas le recordamos anécdotas memorables, pero para el 2000 yo era el único que seguía yendo a visitarlo. Por esa época dejó el laburo. Un año antes de dejar el laburo había empezado a coleccionar armas. Armas de guerra, inclusive. Armas de todo el mundo. Se gastaba todo el sueldo, que era un buen sueldo, en esas armas. Esas cosas de la convertibilidad, ¿viste? Venían en peso dólar y el sueldo era en peso dólar y quien no tuviera un sueldo así lo único que podía hacer de su vida era pegarse un tiro con una Itaka si es que mi cumpa les prestaba alguna. Pero bueno, es un arma muy larga y no te podés suicidar con una Itaka, y menos prestada, porque ¿cómo la devolvés?

--¿Y él qué hacía con las armas?

--Las escondía.

--Pero se estaba armando un arsenal...

--Claro.

--¿Y en el barrio sabían? ¿La familia sabía?

--Sí, sabían, pero ¿qué podían hacer?

--¿Lo veían entrar y salir con los fierros?

--¡No! El tenía una conexión en el mercado negro. Era una conexión muy firme, muy estable. Le llevaba todo embalado a la casa.

--¿Quién era?

--Una mujer, cuyo nombre nunca supe. Incluso después de dejar el laburo, él siguió un tiempo comprando, con los ahorros. Pero un día, no sé cómo, la abuela, que estaba ya viejita y no podía confiar, se ve, en ese nieto, tomó una cuidadora cama adentro que por lo que supe estaba chapa. Creía ser hija de ella. La había conseguido él a través de esta mujer que le vendía las armas. El 19 de diciembre de 2001, a las 9 de la mañana, las dos mujeres (la abuela y la cuidadora, que creía ser su hija) vieron el clima denso que se venía en los barrios y se mandaron a mudar. Lo dejaron solo en la casa. Habían puesto todo bajo llave menos los cubiertos, el té, el mate y el café instantáneo.

--Y las armas.

--Y las armas. Yo me acuerdo muy bien de cada detalle porque hasta la media tarde, en que se cortó Internet, estuvimos chateando. Llevábamos varios días chateando los dos por Messenger con una mina que usaba una identidad falsa. A nosotros no nos importaba.

--¿Y qué pasó?

--Salió a buscar café con un fusil de asalto.

--¿Pero no tenía café?

--Sí, pero instantáneo.

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