CONTRATAPA

Para estar menos solo

 Por Luis Novaresio

Uno: ¿Cuál es el sentido de escribir esta contratapa? ¿Perdón? Sí. Le pregunto a tu honestidad brutal cuál es el sentido de que cada domingo escribas esta contratapa que ahora estamos leyendo, vos y yo. Ah, bueno. Esa suele ser tu muletilla cuando no sabés qué decir, cómo evadir una respuesta, te viene de decir ah bueno cuando tenés que pensar alguna excusa sin sentido. El "nocierto" de Cavallero, el "está" de Carrió, el "de la misma manera" de Ubaldini. Excusas. Ah bueno, otra vez.

Opciones: Escribís esta contratapa porque tenés ganas de contar cosas, porque tenés ganas de dejar por escrito lo que pensás, porque te seduce ver tu apellido y nombre impresos en hojas que jamás conocerás y suponés que otro manosearán, porque te gusta sentirte poderoso y capaz de superar el síndrome de la hoja en blanco, porque te pagan bien por esto o porque, simplemente, no tenés la menor idea y te cuesta ejercitar el músculo del no. No es crítica. A mí me pasa eso. Viene alguien y con todos los diminutivos posibles, un favorcito, un minutito, una cosita, un ratito, te pide que le prestes su casa, que dispongas de dos días de tu vida, te pide el auto o el dinero de tus ahorros de los últimos diez años y vos, que el diminutivo te sabe a programa infantil con Julieta Magaña, tu tierna infancia, sin saber decir que no, aceptás. Ejercicio. Eso te hace falta. No quiero, no puedo, no sé, no tengo. O simplemente no me viene la gana. Diez veces a la mañana, en ayunas, y se aprende.

Escribir suele ser un desafío. Eso pienso yo, no sé vos. Desafío de juntar cosas que cambian el curso de los acontecimientos, una gran entrevista que denuncia las coimas en el Senado y que, a pesar de los senadores, el pagador, dos secretarias que vieron los billetes, el juez sigue dudando, in dubbio por reo, siempre y cuando el reo sea del establishment del poder que supimos conseguir. Desafío de sorprenderte con la complicidad de la risa cuando se juntan noticias insólitas, un preso tamaño inmenso, traficante de drogas se escapa por la puerta de la cárcel, el mismo día que se roban una estatua de tres toneladas de peso de un parque público y tres mil kilómetros de cable de teléfono que se exportan como producción minera cuando en el país no se descubre cobre desde San Martín. Y con eso podría seguir, gracias al cielo, pienso en vos, que escribís en el país del recurso de arrancatoria de una sentencia de la Corte gobernador por una década por Carlos primero de Anillaco, lector de todas las obras que escribió Sócrates y autor de la máxima "¿por qué no?" ante cualquier cosa que sucediera en estas pampas y que, de movida, parecerían ridículas. Escribís en los tiempos en los que Rosúa (un enorme y ético político, estratega democrático, pero ineficiente a la hora de garantizar la seguridad) es Maradona en Santa Fe, los créditos del BID para casas desnudan que no importan las viviendas sino que son la vía para amigos y enemigos íntimos jueguen su juego y en donde los perros deberán tener seguro con número de chasis o patente porque los animales bípedos que tienen por dueños son unas bestias.

Y todo, ¿para qué?

Para sentirme menos solo. Nada menos.

Dos: Se me hace difícil explicártelo. Entonces recurro al diccionario. Suele ayudar. La primera acepción es "respecto de una persona, el padre de su padre o su madre". Abuelo. Pero después, acepción quinta de la misma Real Academia dice: "cada uno de los mechoncitos que tienen las mujeres en la nuca y que quedan sueltos cuando se atiranta el pelo hacia arriba". Escribo para aprender, pienso. Abuelo. Sustituto, dice el mismo libro, en el otro tomo, "persona que hace las veces de otra". Un abuelo sustituto es una persona que hace las veces del padre del padre o de la madre de otro. Lo del pelo, será para otro momento. Releo. Hacer las veces de padre o madre. Un verdadero oximoron. Porque no es adopción, generoso acto de amor incondicional que no tiene parangón, decisión de ser, de ser, existencial y jurídica, el padre y la madre ante la ley y la sociedad. Esto es otra cosa. El sustituto, es como ser, un parecer, un querer pero sin interferir. ¿Se puede ser abuelo sustituto sin inmiscuirte en el abuelazgo de sangre? Se puede, me dice ella. ¿Me lo explica?

Ella se acomoda los lentes, se endereza su distintivo metálico y cuenta. Que hace un tiempo vió cómo los viejos iban al PAMI a reclamar para que su salud fuera un derecho o al ANSES para exigir sobrevivir con dignidad. Y, cuenta, que los vio flaquear. Vió que muchos no podían, no sabían, ya no querían. Que la soledad después de tanto tiempo de lucha les ganaba. Y otra vez, dice que fue a un hospital y supo que había pibes curándose o preparándose sin saberlo para lo peor. Solos. Sin abuelos. Porque no estaban, porque no los había. Ese cóctel de necesidades presenciadas en los extremos de la existencia, la movió a hacer abuelos sustitutos. Una mujer que hace las veces del padre o madre de tu padre o madre. Que te asiste, porque padece lo que vos en el PAMI. Que te acompaña, porque piensa en sus nietos si sos un chico.

Abuelos sustitutos nació por la convicción de muchos como ella. Se entusiasma cuando habla de ellos. Se reúnen, van a los hospitales, tejen, ayudan con los trámites del PAMI, visitan a los pibes solos. Hoy a las 3 de la tarde van (¿estarás leyendo de tarde y deberás ver escrito "fueron" en vez de "van"?) al Geriátrico Provincial de Godoy y Provincias Unidas a celebrar el día del abuelo con los viejos que saben poco de festejos. El último, ni les tocó, sonó a stripper desvistiéndose ante una directora que se equivocó de ámbito, tapa de nuestros diarios, difusión inmensa. Difusión del slip de bailarín, digamos. Poco de las necesidades de los abuelos. Sigue sin haber calefacción, nos enteramos que el pibe desnudista pasó frío. Y los abuelos lo siguen padeciendo. Se anuncia para hoy a las 3 de la tarde fiesta con torta, mate con galletitas, charlas con afecto, oídos con ganas de saber. Ella dice que además de las personas que hacen las veces de padres o madres de un hombre o una mujer irán nietos sustitutos que viene a ser lo mismo, visto desde las ramas de idéntico árbol. Y me cuenta, ahora con fuerza que emociona, que vos podés ir. Con torta o sin, con chocolate, café o sin. Que sólo se reclaman las ganas de sentirte menos solo. Y ofrecer tus ganas a los que, en serio, no cuentan con casi nadie.

Marta Chimento es el alma mater de los abuelos sustitutos. Apasiona escucharla. Contagia saber lo que hace. Te da enseguida su número de teléfono cuando le contás que hay un abuelo que necesita un odontólogo desde hace años o un nieto que hace un mes está en la sala de oncología de un hospital. Llamame que vamos a ver qué hacemos. ¿Y, sabés qué? Hacen. Y hacen. Y hacen. Te dejo el teléfono, me dijiste, para ver si podemos darle una mano. Ella y todos ellos dan tantas, que bien podríamos hacer algo: 4484056. Se pueden donar cosas, comida, ropas, objetos. Se puede dar tiempo.

Los abuelos sustitutos son otro invento de acá. Como Olmedo, el carlitos de jamón y queso y las eses aspiradas. Existen, son, y pueden ser en vos.

Tres: El único posible de todos los posibles es la muerte. Así decía el profesor de filosofía. Es posible que vos estés leyendo esta contratapa o que la hayas dejado. Que te cases o que no. Que tengas buen sexo o mueras sin orgasmos. Que quieras o que no. Lo único seguro, fatal, el único posible de todos los posibles es que nos vamos a morir. Y no seas tan idiota de creer que te estoy diciendo algo pesimista. Así nos dijo el docente. Es la plataforma de despegue para hacer lo que quieras y asumir la responsabilidad de tus actos. Hacer. Hacer. Y no echarle la culpa a ningún posible, excusa cobarde para no bancarte lo que sea. Hacer. Para estar menos solo. Raro exorcismo para combatir la soledad.

Como escribir esta contratapa.

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