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Miércoles, 3 de abril de 2013

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Jere, Mono y Patón

El 1 de abril se cumplieron quince meses del cobarde asesinato de nuestros compañeros Jere, Mono y Patón. Quince meses de una lucha insistente, quejumbrosa y, por sobre todo, decidida. Una lucha decidida, en primer término, a hacer Justicia en el entorno de una ciudad que ha decretado sin más la penumbra y el anonimato sobre nuestros territorios, postales del olvido y la estigmatización. Pero también, una lucha decidida por darle visibilidad a una problemática estructural que campea en toda la geografía provincial: la profundización del enquistamiento narco en nuestros barrios y su alarmante consecuencia de centenares de muertes jóvenes e impunidad.

Desde el primer momento fuimos claros y contundentes a la hora de establecer un diagnóstico: la trama de complicidades que constituyen el "fenómeno narco" en nuestra ciudad tienen nombres y apellidos. Una corporación policial enteramente entregada al negocio, que goza de un absoluto auto﷓gobierno. Una Justicia Provincial y Federal insistentes al momento de desarticular las investigaciones, de fragmentarlas, cuando precisamente de lo que se trata es de auspiciar investigaciones integrales, que garanticen pesquisas lo suficientemente serias como para acabar con la ridiculez de apresar ﷓exclusivamente﷓ a perejiles que reportan al escalafón más recóndito en la cadena de mandos. Conglomerados empresariales cuya ingeniería financiera se apresta al lavado del dinero fresco producido en los más de 400 kioskos diseminados en la geografía popular rosarina. Una estructura de abogados penalistas que se repiten obscenamente en los casos de mayor resonancia (y no tanto), mayoritariamente ligados al universo narco.

Sin lugar a dudas, este complejo andamiaje de complicidades persevera y se profundiza merced a la más infeliz de las estrategias asumida por el elenco ejecutivo provincial: en lugar de predisponerse a dar una lucha estructural contra este nicho de complicidades, adoptando medidas que apunten a desarticular los altos mandos (empezando por una profunda depuración de la fuerza policial), han adoptado la imperdonable iniciativa de estigmatizar nuestros barrios, presentándolos como sub﷓mundos donde se asienta el narcotráfico, como único y excluyente "territorio de combate", presto al desfile de topadoras justicieras que derrumban el mismo bunker que reabrirá sus puertas a escasos metros de distancia.

Frente Popular Darío Santillán

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