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Domingo, 14 de octubre de 2007

SOCIEDAD › HERALDO VERA, 19 AÑOS Y UNA VIDA EN LAS CARCELES

"Drogado sentía menos dolor"

Estuvo en comisarías, en Coronda -donde un juez lo había "perdido"- y ahora en la U-3, que tampoco es un centro de detención para menores.

 Por Alicia Simeomi

Heraldo Vera tiene 19 años y está detenido en la Unidad Penitenciaria Nº 3, la vieja cárcel de encausados de Rosario. Hace poco el juez de Menores con jurisdicción sobre su causa lo encontró responsable material y penalmente del homicidio de un policía, el sargento 1º Orlando Martínez. Vera no debería estar allí sino alojado en algún sitio que responda a los requerimientos y cuidados para que pueda 'rehabilitarse', según el término usado de manera más común. Sin embargo su historia registra soledades, olvidos y abandonos por parte de su familia y también de la Justicia. Como se repite en la mayoría de la vida de chicos en conflicto con la ley penal, Heraldo Vera pasó hambre, comió de la basura, vivió en la calle, fue abandonado por sus padres, tiene cursado sólo hasta el cuarto año de la educación formal y la Justicia que debía protegerlo lo arrumbó, casi siempre en lugares de adultos, comisarías y penitenciarias. Pasó por el pegamento, la marihuana y muchas puñaladas en su cuerpo. Hoy cuando es un ferviente practicante evangélico su discurso místico propone la esperanza que parte de la existencia divina y a la vez la resignación como actitud ante lo que parece inmodificable.

Rosario/12 cumplió las formalidades para entrevistarlo, justamente porque como este diario publicó tiempo atrás dos magistrados, entre ellos el encargado de tutelarlo, el juez de Menores Juan Leandro Artigas y el de Instrucción Luis María Caterina desconocían que estaba en la cárcel de Coronda en abierta violación a leyes nacionales y tratados de los que la Argentina es firmante en protección de los chicos detenidos. Tanto es así que H.V. tomó 'existencia real' cuando el juez Caterina lo citó a través de una cédula que envío a la zona del barrio de la comunidad toba en Travesía y las vías y como no se presentó porque estaba en Coronda, y ni siquiera se enteró de ese requerimiento, lo declaró en rebeldía.

Heraldo llegó a las 5 de la tarde del jueves pasado a la oficina asignada para la entrevista. Estaba vestido y peinado como 'de domingo': jean azul oscuro nuevo, campera con abrigo de corderito y una tranquila sonrisa que mantuvo durante casi toda la charla.

El vino a Rosario desde el Chaco y a la zona de Travesía al 200 cuando tenía 3 años. Lo hizo con su padre paraguayo, su madre chaqueña y 6 hermanos. Lo primero que dice es que desde que era muy chico iba a pedir monedas, "una forma de juntar algo porque papá y mamá no tenían trabajo". Lo anotaran en la Escuela 614 República de Nicaragua en la avenida Alberdi y Rubén Darío donde cursó hasta el cuarto grado y de allí en más no volvió al estudio formal. La sonrisa que mantuvo a lo largo de las casi dos horas de charla con esta cronista se desdibujó para contar las que recuerdas como imágenes dolorosas: "Papá empezó a tomar vino y a pegarle a mamá hasta que regresó al Chaco con algunos de mis hermanos". Aquí quedó su madre, él y su hermano Angel que ahora tiene 24 y es la única persona que de vez en cuando lo visita en la UP Nº 3. "Estaba todo el tiempo en la calle, conocí el cigarro, la marihuana y el Poxi...Me quedaba a dormir por ahí con otros chicos de 13 y 14 y no volvía por días a casa. Comíamos de la basura, empecé a caer detenido". Por el relato de Heraldo la primera vez fue cuando tenía 10 años por un robo. "Me había acostumbrado a estar en la calle, a hacer daño, a robar".

-¿Te buscaba tu mamá?

-Sí, me buscaba y yo me escapaba de ella. La ví llorar muchas veces. Ahora la entiendo. Había caído en la comisaría 11º. Después cuando ya tenía 12 y volví a estar detenido me abandonó. Sólo la vi una vez más a los 14.

Agustina Núñez, la madre de Heraldo, una mujer de 44 años vive en Formosa y su padre sigue en el Chaco. "Me sentía mal, muy vacío, cuando tenía droga estaba un poco más tranquilo, me ayudaba a sufrir menos, a sentir menos dolor en mi corazón". Las entradas en comisarías fueron recurrentes hasta el día fatal, el 4 de febrero de 2005 cuando en la zona de Bielsa y Felipe Moré fue herido el sargento 1º Orlando Martínez quien murió luego. En esa zona fueron detenidas dos personas, Heraldo y un mayor de 22 años que se encuentra ahora condenado a cadena perpetua y está en Coronda. Heraldo dijo siempre que él no había sido y que sólo llevaba en su bicicleta a un chico que conocía de vista y que según su testimonio, no es el mayor condenado.

Heraldo Vera fue llevado al IRAR donde le dijo a Rosario/12 que ya había estado antes. ¿Cómo era el Instituto?, preguntó este diario.

-Pienso que no era un lugar para rehabilitarse ni para capacitar a los pibes. Todo era muy sucio, era muy feo cuando nos 'engomaban', siempre entre las 2 y las 4 de la tarde.

-¿Qué contacto tuviste con la defensora oficial?.

-En ese momento no recuerdo que haya venido a verme. Después me llevaron 1 o 2 veces a Tribunales, una cuando estaba en Coronda. La ví algunas veces más en el último tiempo y después de la resolución del juez.

-Te escapaste del IRAR...¿Qué hiciste en ese tiempo hasta que volvieron a detenerte por el intento de robo de una moto?

-Siempre volví a lo mismo. Me sentía muy mal, muy vacío y sabía que me andaban buscando, quizás para quitarme la vida. Tenía mucho miedo. En esos 6 meses me pasaron muchas cosas, hasta recibí 9 puñaladas y no sé como me salvé, porque yo recuerdo que estaba tirado en el piso de una habitación donde tenía sueño y mucho frío. Pensaba que mi vida se terminaba ahí.

El 27 de enero de 2006 Vera volvió a ser capturado. Allí lo quisieron llevar a la seccional 1ª, no quiso y llegó a la comisaría 2ª de la que dice que era "una seccional cristiana, allí empecé a encontrar paz buscando a dios y leyendo la Biblia. Un día me preguntaron si quería ir a la UP 3 y dije que sí porque en la 2ª estábamos muy amontonados. Pero no, me llevaron a Coronda.

-No deberían haberte llevado a Coronda...

-En algún momento pensé cómo iba a ser ese lugar y sentí mucho miedo. Fue el sitio donde más miedo sentí por todo lo que pasaba, por toda la gente que había. De todos modos ya dios estaba en mi corazón y pensaba que si no había permitido que me quiten la vida cuando tuve las puñaladas, tal vez me había llevado allí para que testifique y dé a conocer su palabra. Estuve 1 año y tres meses hasta que pedí el traslado, aunque fuera transitorio para poder ver a mi familia, a mi hermano. Pero me dieron el traslado definitivo y ahora estoy en un pabellón con hermanos de distintas edades -se refiere a quienes profesan la religión evangélica.

-¿Cuáles son tus actividades durante el día?

-Leo la Biblia, hablamos sobre dios, cantamos alabanzas, oramos. A veces algún pastor nos visita.

-¿No vas a la escuela, no participás de talleres? ¿Tuviste ayuda psicológica alguna vez?.

-No. Ya lo pedí. Quiero terminar la escuela y me gustaría aprender carpintería o poder ser ayudante de albañil. También le pedí a la asistente de aquí -se refiere a la UP 3- hacer los talleres pero parece que no se puede. Me gustaría ir a la escuela, dibujar, hago muchos dibujos, de corazones, de rosas. También trabajo como cuartelero y reparto la fruta. Ah y nunca tuve tratamiento psicológico.

-El juez Artigas te encontró culpable material y penalmente del delito de homicidio agravado del que resultó víctima el sargento 1º Orlando Martínez. ¿Qué pensás, vos dijiste que no fuiste responsable?.

-No me afecta en nada, yo en mi corazón me siento tranquilo, a lo mejor es lo que me encomienda dios. La defensora me dijo que apeláramos y yo le dije que hiciera como ella quisiera. También me llamó la asesora porque no me conocía y el juez que me vio muy cambiado. Realmente uno no cambia si no es porque existe dios.

-¿Cómo debe ser una institución en la que estén los chicos que cometieron delitos?

-Un lugar donde puedan apoyarlos, donde los escuchen y brinden amor y que también se entienda por qué se llega a estas situaciones. Tiene que haber escuela y talleres porque el encierro a uno le hace mal (se toca la cabeza), siempre sigue pensando en lo mismo, robar y las otras cosas como la droga. Por eso también quiero ir a predicar al IRAR para llevar una palabra que muestre el camino correcto porque yo estuve a punto de desaparecer.

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Heraldo Vera estuvo un año "perdido" en el penal de Coronda.
Imagen: Alberto Gentilcore
 
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