SOCIEDAD › PASADO. FELIPE PIGNA PRESENTó EN LA FERIA DEL LIBRO DE ROSARIO EL CUARTO TOMO DE LOS MITOS DE LA HISTORIA ARGENTINA, QUE ABARCA DE 1943 A 1955.

El motor de la historia

Es lejos el más mediático de todos los historiadores argentinos, no lo ofende que lo encuandren como a un "divulgador", pero se ríe de sus críticos porque asegura que "ni siquiera leyeron mis libros, creen que cuento anécdotas históricas y mi trabajo es profundo y basado en documentos". No desdeña ningún medio, desde el libro, a su página web, la tele y la radio para difundir su visión del pasado argentino. En este diálogo con Rosario/12 asegura que vive como un triunfo personal este interés actual por la historia.

 Por Leo Ricciardino

Felipe Pigna ha logrado una síntesis entre eso lejano y cerrado que todos llaman "la Academia" y el muchas veces pasional pero poco documentado período del "revisionismo histórico". Hace una historia popular y sencilla, pero odia la simplificación. "Yo no simplifico nada, cuento de manera simple procesos complejos, que es una cosa muy distinta", dispara cuando se lo consulta por sus pujas con otros reconocidos historiadores argentinos. Su historia es, sin embargo, ideológica y directa, con interpretaciones permanentes que es -y está de esto convencido- uno de los objetivos del historiador: "Interpretar procesos históricos en base a los documentos que posee, el que diga que hace una historia aséptica está mintiendo de manera irresponsable". Pigna comenta las partes salientes de su último libro que abarca la Argentina peronista hasta 1955, y adelanta la tercera entrega del exitoso ciclo televisivo "Algo habrán hecho", esta vez acompañado por Juan Di Natale en reemplazo de Mario Pergolini, para recorrer el turbulento período que va de 1900 a 1944, cuando Perón y Evita se conocen en el Luna Park, en aquella noche de gala a beneficio de los víctimas del terremoto de San Juan.

Consultado sobre su el interés que hay por la historia en este país es una moda o algo mucho más profundo, Pigna asegura que "a esta altura es una tendencia sostenida. Algunos hablaban maliciosamente de una moda, yo no creo que sea así. Arrancó con fuerza me parece que allá por el 2001 cuando la gente empezó con fuerza a buscar respuestas y estaba claro que las respuestas no estaban en la historia inmediata, sino más bien en la mediata y la larga también. Y, afortunadamente eso se mantuvo, y no lo digo por una cuestión personal, sino porque es muy bueno que una sociedad pueda reflexionar sobre su pasado. Y que además esto permeé a la producción académica porque se tuvieron que dar por enterados de que la sociedad estaba demandando otro tipo de historia. La propia Academia salió con una colección de ensayos de divulgación, lo cual yo personalmente lo vivo como un triunfo en el sentido de militar siempre por esto de que la historia llegue al pueblo entendiendo que es un patrimonio social colectivo, que no le pertenece sólo a una corporación y por supuesto mucho menos a la corporación de los historiadores. La historia es algo a lo que todo el mundo debe acceder, para conocer y vivir mejor el presente, entendiendo lo que nos pasó para ser también mejores ciudadanos, reafirmando lo positivo y no repitiendo lo negativo.

-Ese interés, ¿lo atribuís también a que no hay cosas saldadas en el presente?

-Seguramente. Aunque hay un fenómeno que uno podría decir que es mundial porque hay sociedades que aparentemente tienen saldado su pasado, también están en un proceso en el que vuelven a buscar en su pasado. Hay un éxito muy fuerte de los canales documentales en Europa, Estados Unidos y también en América Latina. Así que hay una tendencia mundial y en Argentina, por esto que decía antes, hay algunas causas particulares y obviamente hay cosas no resueltas que vuelven a traer interés sobre temas puntuales. Obviamente la crisis del campo fue un ejemplo de ello.

-Bueno, precisamente en tu último libro sobre la Argentina peronista de 1943 a 1955, uno puede encontrar capítulos enteros que parecen ser una crónica de marchas y reclamos que son bastante parecidos a lo que pasó hace unos meses atrás...

-Bueno, pasa una cosa curiosa que creo, es a lo que te referís: Hay como un resurgir del antiperonismo cuando en realidad no hay un peronismo enfrente. En el sentido de que se ha ido desdibujando el peronismo clásico, donde el partido justicialista prácticamente no existe, es un sello de goma, sin una identidad muy fuerte. Sí el movimiento, la mística, que van por otros carriles. Pero frente a un identidad peronista -digamos- lábil, hay sí un antiperonismo visceral, un gorilismo incluso que va más allá del antiperonismo incluso. Que abarca lo antipopular, el resurgir de términos durante el conflicto con el campo como "negros de mierda" y toda esa cosa espantosa que pasó de racismo, clasismo que uno creía terminado en la historia argentina y que lamentablemente resurgió.

-Es como que hay sectores interesados en reponer toda esta lógica de enfrentamientos...

-Sí, cuando el gobierno toca determinados intereses aún con todas sus contradicciones, aparece un frente muy homogéneo del otro lado que lamentablemente no existe en el campo progresista donde siempre el otro aparece más como un sospechoso que como un aliado. En la historia de la izquierda argentina eso es un clásico: Primero se cuestiona al supuesto compañero y después recién al enemigo, una cosa que es terrible y verdaderamente grave.

-Vos haces una historia fuertemente ideológica, pero a la vez has logrado una síntesis entre la Academia y el Revisionismo Histórico tradicional. ¿Cómo trabajas en esa frontera tan difusa?

-Primero que para mí es muy importante el rigor, muy por el contrario de lo que dicen algunos de los que se autodenominan críticos míos, que yo no les doy ese carácter porque el crítico es un tipo que te lee. La crítica se hace a partir de la lectura y muchos de los llamados críticos míos no han leído mis libros y entonces suponen que mis libros son de anécdotas y demás. Cuando eso está lejos de la realidad porque mis libros están ampliamente documentados, se podrá estar de acuerdo o no, pero me baso en documentos. Eso es lo primero, el rigor. Y después me parece importante mantener un estilo que es el de acercarse con un lenguaje sencillo a la gente. Pero es un trabajo que está lejos de la simplificación, detesto la simplificación. La gente debe poder comprender en un lenguaje accesible procesos que son muy complejos. Y afortunadamente, el peronismo por más que algunos lo pretendan, no es apto para simplificaciones. Es muy complejo y eso es lo que lo hace también atractivo y perdurable.

-O sea que no corren esas preguntas del tipo "el peronismo, ¿era de izquierda o de derecha?".

-No claro. Primero tenés que saber de qué peronismo estás hablando, de qué época. Y lo mismo con el propio Perón, no es lo mismo el del 45 que el del 73, está claro. Entonces la seriedad con que uno lo encara es fundamental. Y después, en mi caso me permito con mucha libertad el humor en los títulos, la ironía, que tiene que ver con mi estilo. Realmente me siento muy cómodo escribiendo así, entonces esa heterodoxia -pero con una escuela que tiene que ver con el materialismo histórico- también incluye un lenguaje cargado de opinión como corresponde a todo historiador. Porque el historiador que diga que hace asepcia está mintiendo y es un descarado porque la historia mundial es así. Ya Heródoto, el primero de los "nuestros" hacía una lectura totalmente subjetiva de la cultura egipcia, por ejemplo.

-¿Y en el caso de nuestra historia?

-Bueno, la escuela histórica se funda con Mitre que hace política a través de sus libros, que opina de manera muy clara y que recibe la crítica de altísimo nivel de alguien como Alberdi, que critica su forma de escribir la historia. Entonces, cuando vienen las críticas desde el lado del liberalismo, se olvidan de dónde vienen. Otro ejemplo es Ricardo Levene, estamos hablando de dos grandes historiadores con los que por supuesto puede no coincidirse, pero que fueron grandes historiadores los dos, Levene y Mitre. Bueno, Levene opina y no se priva de decir que Linniers estuvo bien fusilado, por ejemplo. La pretensión de que uno sea un mero cronista, es ridícula. Es más, la verdadera función del historiador es sacar conclusiones de los procesos que analiza.

-No desdeñaste como historiador ningún soporte. El libro, la televisión, la radio, todos estos medios te son familiares, ¿crees que esto fue de ayuda para llegar a los más jóvenes que por ahí no tienen tanta costumbre del libro?

-Sí, totalmente. Primero y principal cuando uno toma esto como una especie de militancia (en un sentido amplio del término) creo que no se puede desdeñar ningún medio. Y obviamente a los que vos nombraste te agrego internet porque la página (www.elhistoriador.com.ar) porque es un medio formidable para un montón de gente que por ahí no puede comprar un libro. Nosotros estamos teniendo un promedio de 6 mil visitas diarias y es una página absolutamente gratuita en la que lejos de tener rédito económico invertimos permanentemente, creamos, ahora acabamos de hacer una cronología multimedia que está a punto de ser premiada por su diseño y contenido, y bueno eso tiene que ver con las ganas de que la gente acceda al material y que se de un intercambio. Estamos abriendo una sección para historias regionales para que la gente del interior pueda subir su material, no sé muchos proyectos en marcha en ese sentido. Tratamos de servir también de puente como para que los chicos estudien, se interesen, progresen y si no se sientes cómodos en sus medios académicos tengan un lugar de expresión, y no para hacer la contra ¿no?.

-Paralelamente, ¿seguís en la docencia?

-Sí estoy en la Universidad de San Martín, donde me siento muy cómodo, con una gran libertad de trabajo. Estamos haciendo un departamento de publicaciones, hemos empezado una serie inédita de documentos de San Martín que van a ser cinco tomos y también trabajando en seminarios y otras actividades. Bueno, en realidad la docencia va conmigo, me encantan las clases, las charlas, doy cursos, y realmente es una actividad que me encanta, me da mucho placer.

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Imagen: Alberto Gentilcore
 
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