SOCIEDAD › LA BIBLIOTECA LEPRATTI RECUPERA LOS HITOS DEL BARRIO LA TABLADA

La fuerza de las historias mínimas

La ONG fundada en 2002, para cumplir el sueño del militante social asesinado en diciembre de 2001, continúa con sus múltiples proyectos. Ahora, investiga las vivencias de los vecinos en los hechos que marcaron al barrio, la ciudad y el país.

 Por Evelyn Arach

El 27 de febrero, Claudio Pocho Lepratti hubiera cumplido 43 años. Pero no. Una bala mortal dejó truncos muchos sueños, como el de construir una biblioteca Popular en una barriada pobre. Dando vida ese anhelo, en octubre de 2002 un grupo de militantes sociales fundó el espacio cultural que lleva su nombre en el Barrio La Tablada, una zona de trabajadores y changarines poblada de memoria. Es precisamente esa memoria la que sociólogos y antropólogos pertenecientes a la Biblioteca Pocho Lepratti comenzaron a recorrer hace pocos días en el marco de una investigación financiada por la secretaría de Ciencia y Técnica de la provincia. Las entrevistas a los vecinos del lugar tienen como eje las vivencias que tuvieron durante el Rosariazo, la última dictadura militar y Diciembre Trágico. "Queremos saber lo que la gente recuerda, el grado de participación que tuvo en esos hechos históricos así como la influencia que ejerció en sus propias vidas", explicó a Rosario/12 el presidente de la Biblioteca, Carlos Núñez.

Así la historia mayúscula comienza a poblarse de otras más pequeñas y subjetivas que la enriquecen. "Esta mañana entrevistamos a una jubilada que perteneció al proyecto de la Constancio Vigil -contó la antropóloga Verónica López-. Durante 20 años luchó junto a otras personas que ahora están desaparecidas, lo hizo encarnizadamente pese a tener cuatro hijos, ser docente y recibir todo tipo de críticas familiares por el tiempo que le dedicaba a la Biblioteca. Hasta que el gobierno militar la intervino y la destruyó quemando miles de libros. Fue shockeante que todos esos sueños quedaran truncos. Tuvo que luchar bastante para conseguir otro trabajo... Paradójicamente terminó su carrera en la misma escuela donde mataron a Pocho", concluye.

El proyecto continuará durante todo el año y la Biblioteca planea editar una publicación que contenga los testimonios más valiosos. "Es fundamental comprender qué les pasó a los vecinos cada vez que quisieron participar a lo largo de la historia y desde allí planificar estrategias que los incluyan", afirma la socióloga María Laura Audaro. En esa búsqueda se incluye desde los obreros que pusieron el cuerpo en las manifestaciones durante el Rosariazo hasta una cruzada que llevaron adelante otros vecinos para conseguir un centro de salud digno.

En los comienzos de Rosario, La Tablada era un basural y fue cambiando su fisonomía con la llegada del ferrocarril y de los frigoríficos. Durante la crisis del 2001 fue la imagen de la desolación. Poco después apareció la Biblioteca que se ha convertido en un referente. "Los primeros en llegar fueron los chicos -recuerda Alejandra, integrante del proyecto- pero después de mucho esfuerzo el espacio se ha ido consolidando. Los padres vienen a consultar por los talleres, a buscar libros para sus hijos... Podemos decir que se han apropiado de la biblioteca. Siempre que surge un problema social, alguien se queda sin techo, sin trabajo, o un adolescente se va de la casa, recurren a nosotros para pedir ayuda o simplemente para que los contengamos".

Allí concurren unos 50 chicos de entre 4 y 13 años que asisten a los talleres de Serigrafía, Apoyo Escolar y Cuentos. Son pibes que a duras penas asisten a la escuela y de otra forma no tendrían acceso a ese tipo de actividades. Este año además proyectan crear un espacio de género y a partir de abril sumarán un taller de alfabetización para adolescentes y adultos que no sepan leer ni escribir. Hace poco inauguraron un Jardín de Infantes, "Las Hormiguitas", para infundir valores solidarios entre los más pequeños. Y anuncian que Torbellino, la revista mensual que hace mella en la memoria colectiva, seguirá editándose. "La Biblioteca va a seguir, ahora necesitamos un lugar propio", se entusiasman.

Pero en la reflexión de Carlos Núñez, uno de los fundadores de este sueño, hay un dejo de tristeza y honestidad: "Cuando camino por el barrio, muchas veces hay chicos trabajando en carros como cirujas o colgándose de los colectivos y cuando me ven me saludan porque alguna vez pasaron por los talleres de la biblioteca... La sensación en ese momento es terrible. Entiendo nuestros límites: hay una realidad marcada por la exclusión. Apenas aportamos un granito de arena", concluye. Y es que las calles de la ciudad siguen escribiendo sus propias historias mínimas, que rara vez encuentran un lugar en la historia oficial.

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En seis años, la Lepratti se convirtió en un referente del barrio, y no sólo para los chicos.
 
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