PSICOLOGíA › ENTREVISTA A GERMáN GARCíA, POR RICARDO BIANCHI Y ANGEL FERNáNDEZ

"Tengo la trompada prohibida"

El psiconalista y escritor Germán García afirmó que se abstiene de usar términos psiconalíticos en su literatura, porque lo acusan de hacer psicoanálisis aplicado. "Cuido que jamás aparezca ninguna alusión", dijo.

 Por Ricardo Bianchi* y Angel Fernández**

Angel Fernández -¿Cuál es la relación entre escribir literatura y hacer análisis, cómo es ese cruce?

-Yo he tomado siempre la cuestión de la literatura como en una tensión opuesta al psicoanálisis, en el sentido de que cuando uno escribe está en una posición de analizante, entonces podemos decir que el otro al que se dirige la propia lengua, diría Harold Bloom, la angustia de las influencias, es aquello que uno tiene como interlocutores virtuales de lo que hace. Y que ponerse en una posición de analista es más bien sustraerse con respecto al lenguaje. Entonces yo lo veo como alternativa. Ahora cuando, durante mi período de juventud, cuando yo era analizante, yo recuerdo, por ejemplo, el uso que hacía de temáticas psicoanalíticas para hablar de temáticas personales. Es decir, por ejemplo, yo escribí sobre Strindberg, que tenía un delirio con el padre, la paternidad, pero era una cosa que a mí me interesaba, yo acababa de tener un hijo, tenía una historia muy complicada con mi propio padre, es decir, que era un poco lo que hizo Freud con Dostoievsky y el parricidio, que lo utilizó para hablar de su contratransferencia con el hombre de los lobos.

Entonces, en ese sentido era como un autoanálisis, o como algo que acompañaba a mi análisis, mi primer uso de la teoría analítica. Claro, pero después cuando uno empieza a entender, yo me había analizado acá con un freudiano, más o menos así, freudiano a la Argentina, un poco ecléctico, pero después yo me volví a analizar cuando estaba en Barcelona, iba y venía a Francia todas las semanas, y me analizaba con Eric Laurent, y claro, ya es una práctica diferente, primero porque no es una práctica de la anamnesis, la práctica lacaniana, la anamnesis si uno quiere la hace en su casa, más bien es una práctica del corte, de la puntuación, no hay manera de elaborar ningún mito personal con el analista. Entonces paradójicamente eso me llevó más a la literatura, porque entonces liberaba el hecho de que esos cuentos que no se podían hacer en el propio análisis, y separó mucho el psicoanálisis de la literatura, en el sentido de que yo ahora leo a otros y digo bueno, estos tipos están libres, yo tengo la trompada prohibida, como se dice, porque hablan y dicen, no, la neurosis, la histeria de tal; si yo digo eso empiezan a decir que... psicoanálisis aplicado. Entonces yo me cuido de que en lo que escribo literariamente jamás aparezca ninguna terminología ni alusión ni nada al psicoanálisis.

Recuerdo cuando yo publiqué Cancha rayada, donde yo deliberadamente tomaba el mito de Edipo como una parodia, como una cosa para jugar, y un tipo que el padre se la cortaba, el tipo se la ponía de nuevo, tonterías así, y el mito de Edipo mezclado con Sandro y otro tipo de cosas, cuando yo hice esto, uno dijo "novela agobiada por el peso teórico de Freud y Lacan"; otro para ganarle a ese dijo "Freud, Lacan y Levi﷓Strauss". Y entonces, es una novela que fue medio dejada, digamos, fue best﷓seller, vendió como siete mil, en esa época se vendía, pero digamos, desde el punto de vista de la crítica fue dejada de lado y nadie la cuenta. Primero que yo la había hecho deliberadamente como opuesta a Nanina, si Nanina aparecía como una Bildungsroman, una novela de iniciación, que era eso por otro lado, digamos una especie de Juguete rabioso, esto era exactamente lo opuesto, porque era críptica, llena de alusiones, de juegos de palabras, una especie de joycismo. Pero entonces de ahí empezó la cuestión, después con Literal y todo, de que nosotros, cuando digo nosotros digo Gusmán, Lamborghini, etc, éramos una especie de tipos que hacíamos psicoanálisis aplicado, lo cual era exactamente al revés, lo que hacíamos era utilizar el psicoanálisis para operar en el campo de la literatura, operar sobre todo en el campo de la crítica, cuando yo escribo el Macedonio, lo que subyace al Macedonio es la tesis de Freud sobre Duelo y melancolía, el objeto perdido, la obra como construcción del objeto.

Ricardo Bianchi: Masotta, él tenía pacientes.

-Sí, sí, pero no podía decirlo en ese momento. Era gente, analizó a amigos míos. Ahí, hay una parte cuando se pregunta frente a Lacan, dice, a muchos nos falta experiencia clínica, pero no es para tanto. Lo da a entender, pero ese era un momento en que vos no podías decidir, después él mismo provocó un fenómeno donde miles de psicólogos practicaban el psicoanálisis, y bueno, la cosa se rompió. La ley después con Alfonsín y toda la historia, pero en aquel momento, era... Masotta, era un loquito, un tipo que hacía happenings en el Di Tella. Vivía de eso Masotta, eso también poca gente lo sabe, Masotta tenía un sueldo, era su trabajo eso, estaba en el Di Tella pagado como investigador para inventar cosas, entonces hizo una bienal de la historieta, escribió un libro sobre la historieta, el arte pop, el happening, en todo lo que se metía, era un tipo inteligente, lo hacía bien, pero no era que eso era su interés.

*Psicoanalista, Licenciado en Filosofía, Docente, Director de la Revista Nadja.

**Psicoanalista.

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