PSICOLOGíA › USAR EL PSICOANáLISIS PARA OTRAS COSAS PARECE SER UN SIGNO DE éPOCA

Dejen hablar a Oscar Masotta

A cien años del descubrimiento del inconciente, se sigue durmiendo el sueño de la conciencia, se sigue actuando como si se supiera lo que se hace. Hay analistas imposibles de soportar, pero el psicoanálisis no es una práctica imposible.

 Por Angel Fernández*

Desde que Sigmund Freud inventa el psicoanálisis para que algunas personas puedan hacer análisis, otras se dedican a inventar cualquier cosa para no hacerlo. El psicoanálisis nace, como cualquiera de nosotros, rechazado. Esta situación no habla mal de nadie sino que ubica en un lugar privilegiado la prescripción del múltiple interés del descubrimiento del inconciente para la cultura.

Usar el psicoanálisis para hacer otras cosas más importantes, más urgentes, parece ser un signo de época. Pero no es más que la tontería de siempre: negar la simple práctica de hablar con otro en confianza, para afirmar la sugestión muda, la sumisión orgullosa a los ideales del poder de turno. Que para hablar freudianamente, son siempre los de la de la madre.

Una parte del "lacanismo estudioso y analizante" de finales de los 80' y principio de los 90' no encontraba su lugar en el desorden del mundo y tampoco aceptaba las ofertas que prometían ordenarlo. Había entendido lo que había que entender: el refugio ofrecido era la intemperie misma. Y entonces era armar bandas, intercambiar lecturas, vagar, y leer a Oscar Masotta.

Un curso anual de psicoanálisis funciona en este contexto como la memoria viva de ese tiempo perdido y como el olvido necesario para el tiempo por venir.

La Biblioteca es la afirmación de un lugar de estudio para el psicoanálisis: de la historia del movimiento analítico, de su entrada en nuestro país, de la correspondencia freudiana en sus incidencias clínicas, de la interlocución lacaniana con la sordera de la cultura, del lacanismo disidente y fecundo que supo hacer la diferencia con Lacan escribiendo a su modo sin el narcisismo de las pequeñas diferencias, del estilo que entre otros, Luis Gusmán, Sara Glasman, Jorge Jinkis y Germán García le imprimen al discurso analítico en Argentina.

Los beneficios son temibles: salir de la ignorancia, entrar a saber y deambular por la equivocidad. Con un maestro que no sabe enseñar lo que no se puede aprender.

Pero la idea es ir en contra del misterio y la sospecha. Ser claros, y sobre todo ahí donde la teoría es oscura. No tomar la parte por el todo y hacer un fetiche de los grafos, de los nudos, de los matemas, de las frases, de los textos. Una cosa es la dificultad de la teoría y otra muy distinta es inventar obstáculos retóricos para que no se entienda nada.

Presentar un plan de estudios es mostrar de entrada las cartas. Desplegar el orden de razones en que se sostiene una enunciación. Decir de manera clara y distinta qué nos parece que hay que leer y cómo, para practicar el psicoanálisis. Cualquiera puede llevarse el plan con la bibliografía correspondiente y seguirlo por su cuenta sin necesidad de asistir al curso.

Las cuatro clases preparatorias están destinadas a consensuar en base al programa propuesto los caminos a tomar para producir articulaciones entre textos, temas y autores durante el 2012.

La frecuencia quincenal, como siempre, es para disponer de un tiempo de lectura que favorezca la elucidación de los conceptos y el entendimiento de los problemas.

Después de treinta años de idealización universitaria del saber, de jerga infusa, del oscurantismo de la "revalorización de nociones refutadas", es posible plantear, aunque no sea buen negocio, el fin de los misterios. Hay analistas imposibles de soportar, pero el psicoanálisis no es una práctica imposible, aunque a más de uno le resulte insoportable.

Un amigo me decía: "No hagas como los que empiezan dando Seminarios y terminan dando charlas de café. Hacé al revés". Y me marcaba la serie: charla﷓conferencia﷓curso﷓seminario. Tenía razón. Cada forma es un modo distinto de relación. Y aunque no hay progreso, como decía Lacan y también Freud, "lo que se gana de un lado se pierde del otro". Hay diferencia.

A cien años del descubrimiento del inconciente seguimos durmiendo el sueño de la conciencia, seguimos actuando como si supiéramos lo que hacemos, seguimos creyendo que por pensar somos algo, pero ya no tanto. No sabemos absolutamente nada y mucho menos la causa de que el psicoanálisis se haya vuelto incomprensible para todo el mundo.

Pero entonces, dejemos hablar al viento o a Oscar Masotta que es lo mismo, cuando sopla esto: "En Freud las cosas ocurrían de otro modo, eran menos seguras, más serias, menos sencillas".

*Psicoanalista. Docente Facultad de Psicología, UNR.

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Oscar Masotta afirmó: "En Freud las cosas ocurrían de otro modo".
 
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