PSICOLOGíA › IGLESIA, HOMOSEXUALIDAD Y LA LEY DEL PADRE

El desafío de nuevos semblantes

 Por Sergio Zabalza*

El teólogo católico polaco Krzysztof Charamsa hizo pública su condición de homosexual pocas horas antes del inicio de un cónclave dispuesto a debatir temas cruciales como la anticoncepción, el aborto, los homosexuales y la relación con los divorciados vueltos a casar. Como si fuera poco, Charamsa formuló estas declaraciones junto a su pareja, con quien ﷓según reveló﷓ hace tiempo sostiene una estable relación. La intención manifiesta del polaco fue incidir en las decisiones de los prelados: "Es el momento de que la Iglesia abra los ojos y comprenda que la solución que propone, la abstinencia total de la vida del amor, es inhumana", dijo tras hacer públicas sus polémicas revelaciones.

Si bien coincido con las palabras del sacerdote y catedrático que, a tono con la época: "ha salido del placard", me gustaría abordar el episodio desde otro ángulo, a saber: la relación de una institución detentora del símbolo por excelencia (el Padre) con la transparencia que, para bien o mal, distingue a nuestra época. Es que toda institución se conforma a partir de ideales que reúnen a sus miembros bajo modos de vida, valores y convicciones. Estos ideales son construcciones simbólicas que tienen un valor de semblante, es decir, brindan una imagen y transmiten un mensaje más allá del efectivo cumplimiento de los mismos. Se trata de una cuestión de creencia, es decir la capacidad que reúne una autoridad -la iglesia en este caso- para hacer valer su palabra sobre la grey que sostiene su investidura: se trata de un fenómeno de fe basado en la habilidad de las palabras para adaptarse o incluso determinar el devenir de las circunstancias. No en vano, según Jacques Alain Miller: "[El semblante] consiste en hacer creer que hay algo allí donde no hay nada".

Ahora bien, basta leer El Nombre de la Rosa de Umberto Ecco para constatar que la homosexualidad habita en la iglesia desde hace siglos, y por otra parte son sabidas las libertades que algunos de sus miembros desde siempre se han tomado para mantener relaciones heterosexuales, de hecho en la baja Edad Media los sacerdotes tenían hijos, todo el mundo lo sabía y nadie se escandalizaba: el velo de los semblantes era ﷓como canta Serrat﷓ "un manto de guirnaldas para que el cielo no vea". Pero hoy que los smartphones se meten hasta en la cama, el cielo ya no puede elegir cerrar los ojos o mirar para otro lado. La iglesia se encuentra ante el desafío de elaborar semblantes ﷓actitudes, posiciones, mensajes, gestos﷓, acordes a un mundo en que la relación de lo íntimo, público y privado ha cambiado de manera sustancial. De su habilidad para adaptarse a los nuevos tiempos dependerá, entre otros muchos actores, que el ojo absoluto de la transparencia se consolide como amo cruel y perseguidor, o bien como otro semblante con el que intentar conformar un mundo un poco menos tonto.

*Psicoanalista. Integra el equipo del Hospital Alvarez.

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