OPINION

AHORA

 Por Candela Sialle *

Acomoda la melena castaña frente a la cámara y enuncia el cliché agenciado por quienes reniegan de una vulnerabilidad desmadrada en público. "Esto no es terapia emocional", dice. Y al decir, te lacera el hígado porque una no puede dejar de imaginar todo lo que la oración omite: que lo amó.

Si hasta yo lo pienso al menos, una vez al día. ¿Cómo ha de sentirse ella, en la encerrona de las siestas metropolitanas? "Esto no es terapia emocional", dice.

Tómelo señora; ahora, tómelo. Porque las pasiones humanas son inestables y quizás mañana, volvamos a creer que es propicio priorizar el reproche por las vernáculas corruptelas o, aferrarse a la "tolerancia cero". En el momento en que la angustia por esta existencia sin a prioris, se agolpe en la garganta, los hombres abandonarán el berretín de ser misericordiosos para con el dolor del prójimo. Por eso, tómelo ahora.

En Tanzania a las viudas se les permite llorar los meses de verano y recogen su rostro de los almohadones húmedos solo cuando se avecinan las primeras brisas del otoño. En Tanzania, el ritual del duelo obliga a los hijos y hermanos del difunto a merendar en sábado junto a Claude Debussy. Pero aquí señora, usted no podrá siquiera, ausentarse un mediodía lluvioso. La soledad es un privilegio aristocrático. El retiro a una especialidad libre de voces y gestos, es desde el principio de los tiempos, potestad de las minorías. Plebeya, usted debe seguir trabajando. "Desde que me levanto hasta que me acuesto", seguir trabajando. Como en Curuzú Cuatiá, repítalo frente a la cámara cuantas veces pueda. En esta condición se cimenta la fortaleza de su vínculo. La reverencia frente al trabajo es el señuelo de las mayorías.

Cuide a sus perros de caza, aún cuando la mirada melancólica del erudito avive nuestro instinto materno. La comprendo; estos muchachos posan sus ojos en el horizonte y prometen devolvernos la claridad de a ratos perdida, la tranquilidad perdida, la comprendo. Ellos no ejercitan la estridencia y sus consejos criteriosos son lo más parecido a un amanecer nevado. Pero créame, en el instante en que el significante exige hacerse carne en el cuerpo, deponen las armas. Porque la decisión inexorablemente, se conduce como represión de alternativas (otros órdenes posibles). Y esta es tan fundante en la lógica de lo político como resistida en el registro del imaginario. La decisión cierra, sutura, singulariza, verbos todos ellos, despreciados por el pensamiento que se pretende libre, siempre. Y sin embargo, solo la decisión es capaz de rasgar el vestido de la historia. Abrigue, como hasta ahora, al perro fiel que renuncia a la tentación de la deidad totalizante y se atreve a decidir.

En tanto, frente a quien rechaza presupuesto, investigación, e impuesto: mastíquelo.

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