OPINIóN › SIETE DíAS EN LA CIUDAD

Un águila guerrera

La presencia de la presidenta hoy en Rosario, en el día de la Bandera, despierta expectativas por la movilización de militantes y público en general que pueda llegar a expresar su apoyo a una reelección. Binner, Solanas y el destino del FAP que nació con problemas. La presión del escenario nacional en las elecciones a gobernador del 24 de julio.

 Por Leo Ricciardino

Todo está listo, ordenado y coordinado para que hoy llegue a Rosario la presidenta de la Nación a encabezar los actos oficiales por el 20 de junio. La expectativa que despierta su presencia esta vez está rodeada de la decisión trascendente que ella misma debe tomar hasta el día 25 de junio, cuando vence el plazo para la inscripción de candidaturas nacionales. Ya casi nadie imagina un escenario sin Cristina como candidata a la reelección y el mismo Agustín Rossi utilizó palabras que se pueden escuchar en eco en distintos rincones del peronismo. "Yo no tengo plan B sin Cristina, no creo que nadie lo tenga en el kirchnerismo", dijo el candidato a gobernador por Santa Fe. Y es que la presidenta superó la prueba más importante de su vida política al conservar y consolidar el poder político y presidencial tras la muerte de Néstor Kirchner. Ni los embates del camionero Hugo Moyano pudieron disputarle poder real, ni el "fuego amigo" del escándalo Schoklender o la disputa con tonos discriminatorios en el interior del Instituto Nacional contra la Discriminación entre Morgado y Rachid, cambiaron sustancialmente la situación. Y resistir estos conatos en el peronismo implica acumulación de poder, jefatura y consolidación de los espacios ocupados.

La posibilidad de que la presidenta haga el anuncio que muchos esperan aquí a la vera del Paraná se fue diluyendo con el correr de las horas. "No va a utilizar un espacio cívico como el del Monumento en el día de la Bandera para un anuncio político", dicen desde el kirchnerismo provincial. De todos modos, y si bien es posible que ella no diga nada, desde la organización pidieron por las dudas un escenario más cercano a la gente, como se anunció aquí la semana pasada. Se sabe que habrá movilizaciones desde temprano en distintos rincones de la ciudad, convocadas por decenas de agrupaciones K de distintos puntos de la provincia y el país. Ese será el marco, con la presidenta en el palco y con los militantes y mucha gente pidiéndole que sea candidata desde las inmediaciones. Así, no hará falta que diga nada. Casi todo estará dicho.

Todos estos días, desde los mensajes en las radios o en la sección lectores de los diarios, se pudo leer y escuchar el debate de la calle en torno de la presencia presidencial en Rosario en este marco. Unos conmovidos por la llegada de Cristina y con clara tendencia a concurrir al Monumento para pedirle por su reelección, y otros --muchos también- totalmente contrarios a que "la fiesta cívica se transforme en un acto político". Y en este marco siempre son recordadas las movilizaciones de la década del '90, cuando Carlos Menem era presidente y encabezaba los actos desde el palco. La situación es totalmente distinta no sólo por los personajes en juego o la época, sino porque Rosario y su gente recuperaron el Monumento para el festejo de la familia y --sobre todo - porque la mayor parte de la militancia kirchnerista se pone en marcha por la actitud militante de sus cuadros y no por el choripán y la coca que abundaba en las columnas que llegaban desde Villa Gobernador Gálvez para vivar a Carlos en los raquíticos actos de los '90. Aunque, hay que decirlo, aquel mismo que movilizaba y pagaba las cocas y los chorizos hoy es un aliado K.

El dilema FAP

La sigla remite a los violentos '70, pero es la que se le pegó al flamante Frente Amplio Progresista, un nombre que Pino Solanas vio por los diarios y lo decidió a romper con el nucleamiento cuatro días después de verlo nacer. Es que por más que el senador provincial Juan Carlos Zabalza se esfuerce por expresar que el Frente se inscribió sólo sobre la base jurídica del Partido Socialista y del GEN, "porque no había tiempo y se vencían los plazos"; el titular de Proyecto Sur y varios dirigentes del Partido Socialista Auténtico se sintieron realmente afuera de las negociaciones que terminaron impulsando la fórmula Hermes Binner Norma Morandini.

El binomio debutó en canales de la televisión porteña con un continuo de desacuerdos discursivos que revelan distancias reales más profundas. A esta altura, muchos se preguntarán dónde quedó aquel barco que Binner llamaba a construir con acuerdos programáticos sólidos, si su segunda no piensa como él ni en las políticas agrarias, ni en la extracción de sangre de los hermanos Herrera Noble, ni en la Ley de Medios, ni en el aborto. No parecen ser trivialidades a la hora de expresar desacuerdos. Habrá que ver qué modelo de barco podría salir de allí. Lilita Carrió y sus referentes santafesinos hacían cola para expresar su regocijo político, convencidos ya --al menos su líder- de que las construcciones políticas plurales son una pérdida de tiempo que se expresa en la lucha constante en la hoguera de las vanidades.

Pero la pelea en el centro del flamante FAP no sólo fue por una cuestión de nombres y protagonismo. Revela una manera política de proceder de parte, sobre todo, de un PS acostumbrado a liderar nucleamientos pluripartidarios. Siempre se pone como ejemplo de convivencia política al Frente Progresista santafesino. Y es cierto, ha sobrevivido a muchas elecciones pero ahora el radicalismo (socio mayoritario) ha encontrado un canal de acumulación electoral llamado Mario Barletta y desde allí comenzará a batallar internamente. "No existe la supervivencia de un frente que no tenga un horizonte de alternancia política", le dijo a este cronista un dirigente de alto nivel de esa misma coalición política provincial.

Esto significa, entre otras cosas, que la UCR sigue dentro del Frente porque alguna vez imagina conducirlo y hegemonizarlo. Algo que, en el marco de la naturaleza política, no puede permitir el socialismo. Habrá una lógica tensión que ya se empieza a esbozar.

Como era de esperar, Binner ha comenzado a tomar distancia del gobierno nacional en un movimiento pendular que no es nuevo. Su candidatura nacional lo obliga a posicionamientos que no parecen muy saludables como, por ejemplo, hablar del tipo de cambio. Una cosa es reclamar mayor federalismo, que sigue inscripto en disputas estructurales e ideológicas que pueden continuar sin zanjarse, pero otra muy distinta es debatir la economía real, incluido el régimen de retenciones agropecuarias en un país que estuvo al borde del colapso por el tema y donde nunca se había visto una discusión tan pública y estridente sobre la apropiación de la renta, en vivo y en directo.

Como sea, Binner deberá cuidarse en esta toma de posición casi diaria a la que lo expondrán los medios nacionales. Por un lado puede ganar espacio y prestigio en determinados sectores diferenciándose del gobierno nacional. Pero por otro lado, puede no ayudar demasiado a su candidato a gobernador Antonio Bonfatti, que pensó y expresó que muchos de los votos a Cristina también podrían ser de su cosecha en Santa Fe.

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