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Lunes, 29 de agosto de 2011

OPINIóN › SIETE DíAS EN LA CIUDAD

Postales de la semana política

Binner aborda con la tranquilidad que le da su meta de "mejor segundo" el tramo final de la campaña nacional. El campo santafesino empieza a cambiar más rápido de lo que se esperaba. Bonfatti y Fein arman sus equipos en medio de la ansiedad que despierta siempre la danza de nombres.

 Por Leo Ricciardino

"Si al gobierno nacional se le hubiese ocurrido cambiar de sistema electoral en medio de un proceso eleccionario, lo que no nos hubiesen dicho. De todo, menos honestos". La frase la largó esta semana un dirigente provincial del Frente para la Victoria y evidencia una crítica clara para los deseos del candidato presidencial del FAP, Hermes Binner, que sigue impulsando la boleta única para el 23 de octubre. En rigor, muchos creen que desde el Frente Amplio Progresista se exhibe la novedad electoral como un logro santafesino y por ende, como una conquista más de gestión que se puede mostrar a nivel nacional. Puede que haya también algún tipo de cálculo político, pero no es seguro que la implementación de tal sistema beneficiara únicamente al candidato socialista y sus aliados.

A esta altura, Binner y su nucleamiento se conforman claramente con pasar al segundo puesto -el primero de la grilla opositora- y así confirmar los celos que envolvieron al cada vez más alicaído Ricardo Alfonsín cuando, despechado, criticó a Binner: "Parece que es más importante salir cuarto que segundo", en referencia a la consideración que los medios nacionales tienen para con el gobernador santafesino. Agrandado, el socialista arremete con que "nosotros somos lo nuevo, lo demás es el Pacto de Olivos y la Banelco". Cuando quiere ser gráfico, alcanza a lograrlo. En rigor, nada tiene por perder el candidato del FAP y así, tranquilo y sin desesperarse, va a transcurrir el resto de su campaña. Experimenta un derrotero que pocos candidatos logran: Le falta conocimiento, pero a medida que lo alcanza cosecha adhesiones. Es una cuestión de tiempo. En una situación parecida se encontró, por ejemplo, Omar Perotti en las internas provinciales del 22 de mayo. Con unos meses más, hay quienes calculan que otra hubiese sido la historia. Pero no fue. Y eso es lo único concreto y real. Como real es la distancia sideral que alcanzó Cristina en las primarias que la hacen transcurrir concentrada únicamente en asuntos de gobierno los días que restan para las generales de octubre.

Los desatinados balbuceos referidos al presunto fraude en algunos distritos electorales no hicieron más que acelerar la caída de los ya hundidos dirigentes opositores. Jueces con competencia electoral y fiscales de todo tipo hicieron quedar en ridículo a candidatos que encontraron un telegrama con dos o tres errores creyendo haber hallado algún antiguo tesoro escondido. Incluso aquí en Santa Fe hubo algunos pataleos de fuerzas menores que reclamaron por la sustracción de boletas electorales. El juez federal de Santa Fe con competencia electoral Reinaldo Rodríguez fue contundente: "A mí no me llegó ninguna denuncia formal y los plazos para los reclamos ya se vencieron". No cabe duda que la única intención era agitar un par de titulares en los medios y nada más que eso.

Hasta que aclare

Como buen gaucho, el líder de la Federación Agraria Argentina Eduardo Buzzi, conoce de sobra la frase del general: "Hay que desensillar hasta que aclare". Esto no lo hace ni más ni menos peronista, pero sí lo configura como un dirigente dispuesto para encontrar nuevos rumbos con cabalgadura y todo. Sobreactuando el "horror" que le produjeron las declaraciones del titular de la Sociedad Rural Argentina Hugo Biolcatti (aquello de Tinelli y la cuota del plasma), el paisano de J.B Molina apareció fotografiado este fin de semana junto al ministro de Economía Amado Boudou, el ministro de Agricultura Julián Domínguez, el jefe de la bancada kirchnerista en Diputados (y otrora centro de los huevazos y de la furia del campo en la zona) Agustín Rossi, el primer candidato a diputado nacional del Frente para la Victoria Omar Perotti y la también candidata del sector Claudia Giaccone.

Con unos kilos más y sonriente, Buzzi festejó de buen grado la firma de un documento que compromete a las autoridades a levantar un monumento por el centenario del Grito de Alcorta. Esa epopeya campesina que dio origen a la Federación Agraria y que le costara la vida al abogado rosarino Francisco Netri, fue precisamente un grito contra los terratenientes. Esos que cien años después marcharon juntos, limando diferencias, por el odio que les despertaba un gobierno. Hoy las cosas volvieron a cambiar, los chacareros votaron masivamente por Cristina y cada dirigente parece querer volver a representar al sector social y productivo al que pertenece. Acá "nadie se suicida", como expresó el propio Buzzi tras los comicios del 14 de agosto. Nadie podría expresarlo mejor que él que es todo un sobreviviente.

Danza de nombres

Muchos dirigentes políticos se han quemado con leche y por eso no quieren ni que le hablen de una vaca. En ese entendimiento, razonan que si alguien tira su nombre a la opinión pública para ocupar un cargo, es porque alguien del entorno cercano o el propio periodista lo hace para perjudicarlo. Para "quemarlo" rápido y pasar a otro con posibilidades. Pero no siempre es así y, hay que decirlo de una vez por todas, muchos "personajes" del "ambiente" tienen un grado de paranoia más allá de lo razonable. Estas son las razones de tanto celo a la hora de aceptar que algunos nombres se han filtrado a la prensa y que, aunque no sean los que finalmente terminen designados, están circulando en el "ambiente".

Mucho de esta situación se dio en las últimas horas alrededor de los futuros gabinetes de Antonio Bonfatti y Mónica Fein. El gobernador y la intendenta de Rosario electos, es absolutamente lógico, están barajando nombres para integrar sus equipos de gobierno. A nadie sorprende que uno de los primeros nombres que hay surgido sea el de Rubén Galassi. El periodista acompaña a Binner desde hace más de 15 años y hace mucho tiempo que sus funciones están más allá de la mera comunicación oficial. Por eso se lo menciona para un cargo de relevancia en el futuro gobierno de Bonfatti.

El nuevo gobernador parece que perderá dos ministros clave como son Carlos Rodríguez (Trabajo) y Héctor Superti (Justicia). El primero es un experto internacional en la materia y fue el responsable de impulsar los Comité Mixtos de Seguridad en la provincia. Mientras que el segundo tendría el deseo de alejarse de la función pública al ver que su principal criatura ya ha comenzado a andar: Nada menos que la reforma integral del sistema judicial santafesino. Pero así como algunos partirían, otros colaboradores estratégicos seguirían a bordo del barco. En esa lista se enrolan el ministro de Aguas y Servicios Públicos Antonio Ciancio; y el titular de la cartera de Salud Miguel Cappiello. Ciancio tiene por delante la conducción de la obra más importante que tiene Santa Fe por delante: La concreción de los acueductos que doten de agua potable de calidad a la totalidad de los santafesinos. Mientras que Cappiello no sólo ha mostrado solvencia en la gestión de Salud sino que fue el responsable de la consolidación de un conjunto de políticas públicas ya probadas en Rosario y que aún deben llegar a todos los rincones del inmenso territorio provincial.

"(Horacio) Ghirardi tiene el problema de haber superado las pruebas más difíciles en el área más delicada que existe". La confesión a este periodista de una alta fuente del socialismo revela que el joven abogado rosarino pasaría de la actual secretaría de Seguridad provincial a ser la cabeza del ministerio del área que, precisamente, se ha caracterizado por no tener una en los últimos meses. Alvaro Gaviola no seguiría como colaborador de Bonfatti.

Todos hablan de Letizia Mengarelli, cuando se menciona a la reemplazante de Elida Racino en Educación. Obviamente, descuentan que la actual ministra resultará electa diputada nacional en la nómina del Frente Amplio Progresista. Habrá más nombres en el futuro, como pasa cada vez que hay recambio de gobierno. Es un ejercicio que nos gusta hacer a los periodistas y que impacienta a los protagonistas.

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