OPINIóN › 7 DíAS EN LA CIUDAD

Hombres y estructuras en la política

Las elecciones del domingo 23 en Rosario demostraron que la recuperación de la política, avasallada durante años por la permeable Ley de Lemas,
es un fenómeno que no muchos han comprendido a tiempo. La inmensa pérdida de votos del PJ respecto a las internas de agosto y el triunfo del
socialismo en todas las seccionales, son una muestra contundente.

 Por Leo Ricciardino

Después de cumplir el primer año de mandato, se lo dijo a este periodista. Lo repitió el viernes a la mañana en una entrevista por LT8 y, ayer insistió con el tema en declaraciones a La Capital. A esta altura, cuando Miguel Lifschitz señala que no se imagina pasar otros cuatro años como intendente de Rosario a partir de 2007, habría que creerle. Aunque hay una salvedad que él mismo acepta: En política, cuando se llega a determinados niveles, las decisiones dejan de ser sólo personales. Pero sabe que -también en política- cuando se tienen opciones, es porque se tiene futuro, lo que para ese mismo terreno, es casi la mitad del camino recorrido.

Ni el PS, ni los dirigentes, ni los votantes, ni él mismo saben qué le deparará al intendente de Rosario que -aunque no directamente él- se alzó con un caudal de votos el 23 de octubre que le permiten no poner techo a sus serenas aspiraciones. Si Héctor Cavallero encontró en su secretario de Salud Hermes Binner a un "tapado" como sucesor que hoy está donde está. Si el propio Binner halló en un experimentado pero desconocido ingeniero a su reemplazante, y Lifschitz se halla donde se halla; ¿por qué no repetir la fórmula y promover a otro candidato?. Aunque ahora el que tenga todos los números sea el subsecretario de Gobierno y concejal electo Horacio Ghirardi, Lifschitz asegura que "podrían ser muchos". Eso sí, tanto Cavallero como Binner, primero atravesaron dos mandatos (uno y medio en el caso del primero) antes de proyectarse a otros ámbitos. Pero el proceso podría acelerarse.

En base a esta pequeña historia política de Rosario de los últimos años, está claro que el peso del socialismo no sólo son sus hombres, sino que básicamente es su estructura la que crece en forma exitosa y promueve nombres que se transforman en referentes políticos.

Si bien Binner traccionó el domingo 23 sus propios votos y Lifschitz hizo lo mismo a través de un candidato que no desentonaba; lo que el votante socialista y (a juzgar por los resultados, el no socialista también) ha sopesado, es una manera de funcionar, de gestionar la política.

Por eso en un momento de la campaña Ghirardi respondió al ARI que se jactaba de ser una fuerza "sin aparato o estructura". El hombre con más votos a concejal decía: "Nosotros estamos orgullosos de nuestra estructura, nos llevó años armarla y perfeccionarla. Que el ARI la construya si no la tiene, porque así no se puede hacer política en serio". Los números del PS y los del ARI parecen darle la razón. El partido de Elisa Carrió entró en Rosario en una meseta anticipada que ni el propio Carlos Comi esperaba. La elección de esta fuerza no fue mala, pero tuvo sabor a derrota.

Para qué hablar del peronismo en este punto. Su famoso aparato defeccionó hasta el final. No hay otra manera de explicar la pérdida de más de 50 mil votos en la ciudad, respecto de las internas del 7 de agosto. Es que al aparato peronista sólo le queda la fama, su estructura ha sucumbido presa de la horadación lenta pero persistente de sus hombres más encumbrados, a través de la Ley de Lemas. El propio Carlos Reutemann no conoce otra manera de hacer política que el personalismo y el rejunte apresurado que marcaba el ritmo de aquel sistema electoral.

Por formación y capacidad hubo un sólo hombre del PJ que se adentró en esta lectura. Y no es casualidad que haya resultado uno de los pocos que quedó en pie después del Tsunami del domingo 23. "Creo que trabajamos (en el peronismo) con el nuevo sistema electoral como si fuera el viejo", dijo Agustín Rossi que puede moverse mejor que nadie en las recuperadas aguas de la política como siempre se entendió: A través de la construcción, cumpliendo cada uno la función que debe cumplir para el logro de los objetivos comunes. Claro, esto será muy difícil de comprender para quienes llegaron a la política y al peronismo, sólo convocados a ocupar puestos de la mano del hasta ahora, hombre más exitoso del PJ santafesino.

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