CIUDAD › UN EXITOSO PROGRAMA SOCIAL SERA LEVANTADO POR EL MUNICIPIO

Más de mil pibes en seis barriadas

Psicólogos, docentes, trabajadores sociales, fonoaudiólogos y cientistas de la educación; advirtieron sobre el final de un programa que funcionó por tres años en los centros de Salud de Mauricio Casals, Casiano Casas, Juana Azurduy, Las Flores, Mangrullo y El Gaucho.

 Por José Maggi

Una madre que llega a un dispensario con su hija de seis años que pesa solo diez kilos, a quien pretende alimentar pero sin saber cómo y que luego de tres años termina cosiendo un disfraz de princesa junto a su chiquita para que ella misma lo luzca, pareciera ser una prueba suficiente de los resultados de un programa de asistencia, que sin embargo será levantado por el municipio. Por eso el grupo de 26 profesionales -compuesto por psicólogos, docentes, psicopedagogos, trabajadores sociales, fonoaudiólogos y cientistas de la educación- que trabaja en la inclusión escolar de chicos de barriadas pobres salió a pedir públicamente la continuidad del proyecto que naufragara con el recambio de gobierno municipal. Es que a pesar de haber demostrado que han atendido con suficiencia a más de 1300 pibes de seis barrios carenciados en los últimos tres años y medio la decisión es terminarlo.

"Esta población pertenece a los barrios más vulnerables, familias con problemas en la función materna y paterna. Son familias excluídas del sistema, con padres analfabetos de varias generaciones, con historias de fracasos en lo familiar y en lo laboral, sobre quienes volvemos a hacer el intento de incluirlos. Esta es la población con la que trabajamos", explica el psicólogo Jorge Gallino.

El programa funciona desde hace tres años y medio y ha permitido la atención de 1365 niños y de sus familias en forma conjunta con las instituciones educativas y de salud barriales. Para esto se conformaron seis equipos interdisciplinarios con anclaje en otros tantos centros de Salud: Mauricio Casals, Casiano Casas, Juana Azurduy, Las Flores, Mangrullo y El Gaucho. "Este trabajo permitió que los niños encontraran un espacio para elaborar las dificultades que ponían en riesgo su escolaridad básica, como ser dificultades emocionales, sociales, lingüísticas y cognitivas" dice Verónica Almeida, quien como psicóloga advierte que "al suspender la ejecución del proyecto se interrumpe el seguimiento acompañamiento y trabajo específico con cada niño y su familia, ya que este trabajo no puede garantizarse por la red asistencial actual".

El proyecto "Inclusión y prevención de la deserción escolar para niños de áreas con alta vulnerabilidad de Rosario" es coordinado por la Dirección de Educación, la Secretaría de Cultura y Educación, la Dirección para la inclusión de personas con discapacidad, la Dirección de Atención Primaria, la Secretaría de Salud Pública y esta subvencionado por el Fondo de Asistencia Educativa (FAE).

"El responsable político es el intendente, más allá de que intervienen las Secretarias de Cultura y Salud" aclara Jorge Gallino, psicólogo y uno los profesionales involucrados en el proyecto en Casiano Casas. "Lo que reclamamos que más allá que ahora aparezca que desde el Ministerio de Educación provincial se va a continuar atendiendo a esta población de algún modo, lo que decimos es que se está dejando afuera a un grupo de profesionales que fueron seleccionados por concurso, que trabajaron en el terreno durante tres años, tiempo en el que forjaron puentes con la comunidad en las escuelas, y que merecían la oportunidad de poder continuarlo. Por eso pedimos que no se desconozca el trabajo realizado", pide Gallino.

Por su parte Nuria Ortiz, docente especial en el centro Juan Azurduy de Empalme Graneros, opta por reseñar solo una de las tantas historias de estos años: "Tenemos una nena que empezó con nosotros desde el principio del proyecto, derivada por el médico del centro de salud. Tenía seis años, una desnutrición de grado 4 y pesaba solo 10 kilos. Nunca había ido a la escuela y había llegado al centro de salud por problemas nefrológicos. Cuando hicimos la primer entrevista detectamos que su mamá estaba complicada, porque sufría una discapacidad importante: había terminado sus estudios en una escuela especial, y quería que su hija empiece la escuela pero no sabia como hacerlo. Empezamos entonces a trabajar con ella, pasando por varias escuelas hablando con las directoras, hasta que comienza a escolarizarse. Hoy es una nena totalmente alfabetizada, su madre pudo organizar su vida, y hasta aprendió como darle de comer a su hija, que tampoco sabia: luego de un trabajo hormiga como por ejemplo haciéndole un calendario para enseñarle cuándo y qué darle de comer a su criatura, a qué hora, en qué momento, como preparar esa comida, qué cosas eran sanas y qué no. Y así fue aprendiendo paso a paso a sus 26 años como criar a su hijita, con quien comparte hoy el taller de costura y asi le pudo hacer un disfraz de princesa, al que le cosió lentejuelas. Asi la nena empezó a reconocer a alguien que se preocupa por ella y que va a usar el domingo en la última actividad que tendremos en este proyecto, en el Centro de Distrito Noroeste".

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"El trabajo permitió que niños elaboraran las dificultades que ponían en riesgo su escolaridad". "Esta actividad no puede garantizarse por la red asistencial actual", aseguraron.
 
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