CIUDAD › DESPUES DE LAS FLORES Y LA TABLADA, LUDUEñA SE RECORTA COMO UNA DE LAS ZONAS MAS VIOLENTAS. DELITO Y LAS DISCUSIONES QUE SE RESUELVEN A LOS TIROS.

Territorios violentos

La Barra de la Cortada y La 14, no tienen la sofisticación ni el poderío económico de Los Monos o Los Garompas; para citar a los colectivos delictuales más violentos de la ciudad. Pero en marzo balearon a un jugador de Tiro Federal por llevar el apellido de uno de los miembros de estas bandas. Los autores del ataque fueron dos chicos de 15 años.

 Por Alicia Simeoni

En un sector de barrio Ludueña, en el que se levantan viviendas precarias y otras humildísimas, los chicos de 13, 14 y 15 años portan armas como si fueran un elemento de uso común y a menudo se matan entre ellos. Se trata de la zona lindante con el club Tiro Federal donde no hay políticas públicas que comprendan o universalicen a esa población joven de la ciudad. Las organizaciones alrededor de las que se nuclean tiene que ver con el fútbol, pero también con la falta de recursos de promoción para sus vidas. La 14 y la barra de La Cortada (Ludueña) son dos colectivos en este sector de la franja urbana que tributan a la mayor cantidad de hechos violentos después de los que suceden en Las Flores y en La Tablada. El esquema de los agrupamientos barriales que actúan, por ejemplo, en el marco de Las Flores, donde están Los Monos y Los Garompas, o las peleas y constantes muertes por la sucesión de Torombolo, en La Tablada, se sintetiza en Ludueña, tal vez con menos sofisticación y con una economía de menor escala. Sin embargo, en ella, el delito no está ausente como patrimonio de muchos de sus integrantes o cómo método de vinculación con el resto del contexto social. El lumpenaje, la degradación personal y colectiva hacen que se construya la inseguridad de la que los vecinos hablan mucho. Fue en ese marco que el 15 de marzo pasado resultó baleado un jugador de Tiro Federal, Luis Ezequiel Roldán, casi únicamente por portación de apellido, ya que muchos otros Roldán pertenecen a la barra de La Cortada y los agresores, dos chicos de 15 años, se acercan a La 14. Luis Ezequiel Roldán que jugaba en la 5ª división del club, recibió un impacto de un calibre 22, propiedad de uno de los adolescentes que lo atacaron, hubo que practicarle tres by pass y estuvo con riesgo para su vida y luego de perder la pierna.

Ludueña siempre pareció a esta cronista un barrio amable, como todos cuando al caminarlo aparecen algunos olores conocidos. Allí están la placita de Carriego y Urquiza, las vías ruidosas de un tren que tuvo mucho movimiento, un club emblemático como "La Carpita", que en realidad se llama Unión Americana, Tiro Federal, el profundo trabajo del padre Edgardo Montaldo, la historia y el recorrido de Claudio Lepratti, el movimiento generado en los últimos años alrededor de la Casa de Pocho, las murgas, los carnavales y la música.

Las inundaciones que llegaban, infaltables, para divertir a los chicos y arrastrar lo poco que tenían los padres, ya no están. Tampoco el solidario tejido social que permitía ir a dormir a la casa de un vecino que se conocía, pero con quien no se intimaba, por el sólo hecho de tener su vivienda construida sobre terreno más alto. Los que fueron muchos espacios baldíos están ocupados por viviendas precarias y otras, muchísimas, son un entreverado de chapas, algún que otro block, pisos de tierra o pórtland cuarteado. Es más fácil identificar cada casa si tiene un color tan predominante como la de Luis Ezequiel Roldán, sus padres y hermano de 10 años, ubicada unos cuantos metros adentro de uno de los pasillos curvilíneos que están a la altura del 2.300 de la calle Humberto Primo. Son muchos los Roldán que hay a pocos metros unos de otros. Cuando se pregunta por el chico con ese apellido, el que fue baleado, hay una devolución del interrogante: "¿Cuál de ellos?" dicen dos chicas amables dispuestas a colaborar en la búsqueda. Hay que explicar entonces que es el que recibió el disparo de un calibre 22 cuando intentaba recuperar la bicicleta que le habían robado, tal como Ezequiel declaró en la Justicia. Entonces sí, llaman a la puerta de la vivienda de la bisabuela, una mujer de unos 65 años que avisa a un par de vecinos que están por allí para que llamen a Claudia, la madre de Ezequiel. La mujer de 34 años se acerca, quiere hablar sobre lo que pasó y lo primero que dice mientras guía hasta la vivienda de chapas pintadas de verde es que "casi todos los chicos están armados y se matan unos a otros". Ella tiene miedo de que su grupo familiar sea atacado y hace el reclamo por los temores cuando van a trabajar: ella en limpieza mientras que su marido es albañil, aunque como ella describe "sabe hacer un poco de todo".

Los Roldán son casi todos parientes y algunos integran la que se llama la barra de La Cortada, que es la cortada Ludueña, un espacio abierto que conduce a otro sector del amontonado caserío. Ezequiel no integra la barra: él tiene 18 años y jugaba en la 5ª división de Tiro hasta que recibió el balazo en su pierna izquierda, el mismo que casi con seguridad no le permitirá seguir con la práctica deportiva que era su ocupación de tiempo completo, después que dejó la escuela en 9 º año. De todos modos en la casa de los Roldán la mujer sonríe aliviada, es que en la última consulta médica en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez los médicos estaban contentos, le habían salvado la pierna luego de que lo hicieran con su vida, ya que estuvo mucho tiempo tirado, desangrándose en el piso, hasta que llegó la ambulancia del SIES.

Sobre calle Casilda, entre Felipe Moré y Matienzo, está el portón nuevo de Tiro con la leyenda "El Tigre de Ludueña". El club de la B incluye a muchos, les posibilita transitar una niñez adolescencia con una actividad central distinta a la que tanta marginación les tenía preparada. Pero por fuera del club quedan muchos más, las barras aglutinan y el fútbol es sólo una excusa, por lo menos en Ludueña. "Ese "Tuti" que baleó a mi hijo lo hizo con un hombre grande el mismo día, tiene 15 años y anda armado". En realidad son dos los nombres de chicos de 15 que circularon en torno al caso de Ezequiel Roldán. Uno de ellos se presentó a la citación que mediante la seccional 12º se hizo para que concurra a Tribunales, en cambio el otro "está con paradero desconocido", según dijeron sus padres en la comisaría.

Un joven baleado, otro, C.M. portando un calibre 22 como él mismo lo dice y C.F.S. sin ubicación conocida permiten concluir en que todos tienen sus derechos vulnerados y los dos de 15 que se posicionan como victimarios también corren serios riesgos. De todos modos con respecto a C.F.S., Claudia Páez y su hijo dicen que anda entre los pasillos, que todos lo ven y que pocos días atrás mostró un calibre 34 y anunció que "es para Ezequiel". Pero sigue formalmente con paradero desconocido.

La otra barra es La 14. Algunos dicen que tiene ese nombre porque asolaba la seccional policial de ese mismo número, fue corrida de allí y recaló en la zona de la 12ª.

La sucesión de hechos respecto del robo de la bicicleta el 15 de marzo a manos del chico que no se encuentra pese a haber oficiado a Seguridad Personal para que lo busque , mientras Ezequiel iba en el rodado con su novia Vanesa, incluye que por la tarde le dicen a Roldán que su vehículo está en la casa de una tía de la chica adonde la había llevado C.F. El joven va a buscarla y es entonces cuando la mujer no se la quiere entregar diciendo que había que preguntarle a los dos jóvenes de 15. Poco rato después aparecen C.F.S y C.M. con un grupo de chicos y en ese encuentro Ezequiel es baleado sólo en la pierna porque su novia intervino, forcejeó con C.M. y el tiro no dio en la cabeza del muchacho. C.M. dijo que el arma era suya, un revolver 22 largo y que no recordaba quien se la había dado y si bien reconoció que había disparado a Roldán, contó que lo había hecho antes que éste lo matara a él.

En su casa, tanto Claudia como su hijo aseguraron que no usa armas, que no forma parte de ninguna de las barras y que la agresión la recibió, simplemente por ser un Roldán. También señalan que hechos como el de Ezequiel son más que frecuentes y que no recibieron la visita de ninguno de los niveles de autoridad que intervenga en el tema, que por la edad de los chicos debería ser la Dirección Provincial de Promoción de los Derechos de Infancia, Adolescencia y Familia. Por otra parte se solicitó a la Subsecretaría de Derechos Humanos Zona Sur que intervenga para averiguar el paradero del chico C.F.S. Cuesta pensar que no haya intervenciones de ningún tipo, los dos chicos de 15, que no miden el peligro siguen portando armas, lo que no tiene que ver con la protección ni promoción de sus derechos tal ley 26061 de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes.

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Claudia y su hijo Luis, baleado en una pierna. "Acá casi todos los chicos están armados y se matan unos a otros", dice.
 
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