CIUDAD › ROSARIO/12 ESTUVO EN CARCARAñá CON UN GRUPO DE VECINOS DE LA ZONA NORTE DE ESA LOCALIDAD QUE SUFREN TODO TIPO DE ENFERMEDADES POR EL GLIFOSATO.

"No hay controles y fumigan a cualquier hora"

Desde hace más de veinte años los vecinos de los barrios San Martín, Las Flores, Los Pinos y Abrate, al norte de la ciudad, sufren los tóxicos que se arrojan en un campo cercano. Han reclamado en varias dependencias, juntado montones de firmas, pero nada. No logran impedir que se prohíban las fumigaciones.

 Por Pablo Fornero

Reacciones alérgicas se repiten en vecinos de seis barrios de la ciudad de Carcarañá. Desde hace más de una década padecen complicaciones de salud a raíz de las fumigaciones que se realizan en campos privados afincados en la zona urbana. A pesar de que las ordenanzas municipales fijan que el mínimo permitido para llevar a cabo esta práctica es cien metros de distancia entre campo y viviendas, los vecinos aseguran que las máquinas que arrojan agroquímicos lo hacen a solo tres metros de las casas. "Nos vienen fumigando enfrente de las casas, estamos todos con alergias, el que no es asmático tiene granos en el cuerpo, tenemos muchas criaturas", narró Norma Zava, que vive a 15 metros de unos de los campos. "No hay controles, fumigan a cualquier hora. Los inspectores van, sacan fotos, la policía constata. Pero queda todo ahí", reveló Paola Angeletti, integrante de la Agrupación Bicentenario, que lucha para impedir que los vecinos padezcan el "veneno".

Carcarañá es una localidad que se encuentra a 45 kilómetros de Rosario. Hacia el oeste. Hasta el 10 de diciembre su intendente será el kirchnerista Mauro De Cándido. Ese día lo reemplazará el radical Ramón Soques. "Desde hace más de veinte años" los vecinos de los barrios San Martín, Las Flores, Los Pinos y Abrate, al norte de la ciudad, sufren los tóxicos que se arrojan en un campo cercano. Han reclamado en varias dependencias, juntado montones de firmas, pero nada. No logran impedir que se "prohíban las fumigaciones". "Les pedimos a las nuevas autoridades se pongan un poquito las pilas acá", ruegan en conjunto. Hablan de sarpullidos, granos en distintas partes del cuerpo y reacciones alérgicas. También se animan a contar varios casos de leucemia y cáncer en el barrio. Cuando realizan consultas en el hospital, los médicos les adjudican "un virus", pero no les precisan la procedencia de los síntomas.

Solo la calle Río Colorado separa al campo de las viviendas. "Una vez por año tenemos que ir al médico", aseguró Claudio León, uno de los vecinos afectados. Habitualmente, el campo sojero es fumigado dos veces al año. Antes y después de la cosecha. Quienes fumigan atentan contra los vecinos hasta los días en los cuales sopla viento. En esos casos, el polvillo tóxico que levantan las brisas se esparce rápidamente por los hogares cercanos. "Tenemos derechos a vivir, sentarnos en el patio de nuestras casas y jugar con nuestros hijos", pide León, a quien el mismo dueño del campo le mostró el permiso municipal que poseía para fumigar a 0,5 kilómetros de distancia de las viviendas más cercanas. León es claro: "De mi casa al campo hay 15 metros", asegura.

Al otro lado de la ciudad, cruzando la Ruta 9, los barrios Itatí y El Descanso padecen el mismo problema. Distinto campo, complicaciones repetidas. "Nos fumigan el campo muy cerca de las casas. Ya nos hemos quejado porque nos están tirando veneno y tenemos las criaturas", cuenta Adriana Alvarez, con su hijo en brazos. Denuncian a los directivos de la Escuela Agrotécnica Nº 486, institución que tiene frente sobre la ruta pero en uno de sus laterales tiene tres lotes de campo de grandes dimensiones. Ese predio linda con las casas de los vecinos. "No estamos en contra de la escuela", pero "se sabe las enfermedades que traen eso", repiten.

Aseguran las víctimas que la escuela alquiló los campos a una institución denominada Hogar Infancia, un centro de ayuda a niños huérfanos. "El Municipio dice que no se puede hacer nada, la policía vino, miró que tenían todos los papeles en orden y dijo que vayamos al Juzgado de Cañada, que a lo mejor ahí íbamos a obtener alguna respuesta", contó ┴lvarez, cuyo hijo es alérgico y "una vez se brotó todo y se le cerró la garganta". No obstante, prefiere ser cauta y afirmar que "no sabemos si es exactamente ese veneno". El campo es fumigado dos veces al año. Se cosecha trigo y como son tres los lotes, el mosquito produce consecuencias seis veces al año.

Verónica Madero tiene cuatro hijos, "dos con alergia". Su marido sufre de asma. Los problemas respiratorios se multiplican en el barrio. "Cuando fumigan" el campo, sus familiares "no pueden respirar". Las máquinas que arrojan agroquímicos circulan "a cualquier hora". A la mañana y a la noche. Incluso ﷓ cuentan los vecinos ﷓ cuando la escuela se encuentra atestada de alumnos. La última vez fue la semana pasada. Madero lleva 13 años en la zona y desde el primer día se encontró con el problema.

Angeletti contribuye con los vecinos. Cuenta con "delegados" que intentan concientizar en los barrios damnificados. Ahora reparte el Manual de Acción Ciudadana contra las Fumigaciones que edita el Movimiento Paren de Fumigarnos, al cual pertenece. "Siguen fumigando al lado de las casas, a menos de tres metros. Es un problema de salud. Justamente acá en la Agrotécnica uno lo que plantea siempre es que no es contra de la escuela, es en contra de una práctica que está afectando no solo a Carcarañá sino a muchas localidades no solo de la provincia, muchas provincias de Argentino y el mundo", explicó.

"Los vecinos están cansados". A lo periodista ciudadano, toman fotografías y realizan filmaciones cuando padecen las fumigaciones. Luego envían la evidencia a los medios de comunicación de la ciudad y región. "Vienen luchando desde hace un montón, desde antes que nosotros empecemos con todos los temas de concientización sobre el uso de agroquímicos", dijo Angeletti. "Es un problema de todos los barrios. Problemas de piel, muchos chicos con malformaciones, cáncer, leucemia. No es echarle la culpa solamente a los agroquímicos, hay muchos factores. Pero yo creo que es uno de los principales", añadió.

El año pasado la Agrupación Bicentenario impulsó y logró la modificación de la ordenanza municipal 1948/09 que prohíbe que se pueda fumigar a cien metros de la zona urbana tomados desde zonas suburbanas o rurales. "Lo que dice la Ley 11.273 (Ley Provincial de Productos Fitosanitarios) es que no se puede fumigar a 500 metros con ningún producto banda roja, pero sí permite fumigar con banda verde, como glifosato, round up", describió Angeletti. Los vecinos damnificados reciben este argumento de los propietarios de los campos. Pero ellos descreen y confían que los productos agroquímicos utilizados son "veneno".

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Los vecinos de Carcarañá se quejas de las alergias permanentes y casos de asma en menores que se multiplicaron.
Imagen: Sebastián Granata.
 
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