CIUDAD › OFRECEN EN VENTA UNA CASA Y LOS DUEñOS FUERON A LA JUSTICIA

Crónica de una escritura trucha

Herederos de una casa de zona sur denunciaron por estafa al escribano Eduardo Torres, quien en 2013 selló una "escritura apócrifa" con la firma del abuelo de la dueña actual, fallecido en 1990. Encima, la propiedad fue tomada hace dos años.

 Por Lorena Panzerini

"No compre esta casa. Si se la ofrecen, denuncie. Son estafadores". El mensaje en letras grandes sobre el frente de la propiedad de dos plantas de bulevar Seguí 1055 fue escrito por los herederos de la casa, quienes denunciaron por estafa al escribano Eduardo Torres, que en 2013 selló una "escritura apócrifa" firmada por el abuelo de la dueña actual, fallecido en 1990, a favor de Hernán Scalarandis. "Este escribano hace firmar a los muertos", se quejó Daniel Varela, esposo de la propietaria actual, Natalia Naves, que comparte la titularidad del inmueble con su tía. Los denunciantes reclaman que la causa avance en la Justicia penal, donde se radicó en diciembre pasado; y recordaron que el escribano en cuestión "ya no debería tener su matrícula", porque "fue condenado en 2006, por un caso de falsificación e intento de estafa, por cuatro mil pesos", se quejó Varela, quien debió dejar a una persona al cuidado de la casa, luego de que varias personas golpearon para pedir recorrerla, ya que se las ofrece un tal "Gonzalo".

Cuando los abuelos de Natalia fallecieron, su padre y su tía heredaron la propiedad construida en un terreno de 200 metros cuadrados. Años después, la pérdida de su padre la dejó como dueña legítima del inmueble junto con su tía. Desde entonces, los problemas comenzaron con dos usurpaciones, que fueron denunciadas y solucionadas por la Justicia correccional. "La casa estuvo ocupada más de dos años, hasta que se dieron los desalojos", relató Daniel.

El 19 de setiembre pasado, alrededor de las 13, Natalia pasó en el colectivo por la propiedad en la que no tenían decidido qué hacer, ya que es compartida, y vio "la puerta abierta y varias personas que arrojaban objetos que sacaban de la casa a un volquete colocado en el frente". La mujer llamó por teléfono a su esposo (empleado de una empresa de telefonía) para que pasara por allá antes de regresar a su casa, ubicada a pocas cuadras.

Daniel relató a este diario que vio a una persona parada en la puerta y otras tantas trabajando. Enseguida se bajó del auto y le preguntó al hombre qué hacía allí y quién era, a lo que Scalarandis respondió que era el dueño. Sorprendido, Daniel le planteó que ello no era posible y recibió como contestación que la había comprado en un remate por una hipoteca, y que la estaba limpiando.

El matrimonio contactó ese mismo día a su abogada, Natalia Krabler, pero cuando llegó solo quedaban los hombres trabajando. Frente a esa situación llamaron al 911 y denunciaron el robo de los objetos que eran tirados al volquete. Poco después, varios móviles llegaron al lugar y se llevaron detenidos a cuatro hombres que "estaban desvalijando el inmueble" y les solicitaron que llamaran al dueño de la casa.

Una hora después, el supuesto propietario llegó a la comisaría 15 con una copia de la escritura de compra venta de la casa. "En esa copia (con fecha 26 de julio de 2013) mi abuelo, fallecido en 1990, vendió el inmueble a Scalarandis. Estaba firmada por el escribano Torres en connivencia manifiesta con el supuesto comprador. Otorgaron una escritura falsa en el Registro de la Propiedad", se quejó la mujer al presentar la denuncia que ahora está en manos del juzgado de Instrucción N 7. "Estas personas se conocían entre sí y sabían que mis abuelos habían fallecido", dijo. Daniel fue claro: "23 años después de su muerte, el abuelo de mi esposa vendió la casa".

En tanto, los denunciantes relataron que dos semanas después un abogado se contactó con la letrada que los patrocina y "quería ver la posibilidad de hacer una nueva escritura a favor de quien quisiéramos y pagar una indemnización. Le explicamos que no participaríamos de ninguna maniobra delictiva", reza la denuncia. Daniel agregó que lo que buscaban era "que no se hiciera la denuncia penal".

Enseguida, Daniel pagó a una persona que cuidara la casa, propiedad de su esposa y la tía de ésta, debido a que existieron "apretadas e intentos de meterse de nuevo al inmueble". Días después, se contactó con un amigo suyo, que es policía, y que necesitaba mudarse. "Le ofrecí quedarse a cuidarme la casa. Actualmente está viviendo ahí, como casero". Sin embargo, "hace 15 días apareció una persona con intensiones de ver la casa. Golpeó, atendió mi amigo y le dijeron `me manda Gonzalo (no saben a quién se referían) porque voy a comprar la casa y quiero verla'. Hasta le ofrecieron plata para que se vaya. Encima, este fin de semana, otra mujer vino a lo mismo", señaló.

Daniel denunció que "Torres tiene causas previas", y muestra a la cronista un recorte de una noticia del 14 de mayo de 2008, en la que el diario La Capital daba cuenta de que el "escribano condenado por falsificación sigue trabajando". Incluso una página de Facebook advierte: "Cuidado, estafador suelto en Rosario".

La abogada del matrimonio reclamó que la causa avance. "Frente a las demoras judiciales, se hicieron las pintadas en la casa, para evitar una venta por parte de esta gente", señaló; y lamentó: "No sabemos si es una estafa particular o se trata de una asociación ilícita que hizo esto con otros inmuebles". El paso siguiente es pedir "la nulidad de la escritura" en la Justicia Civil, y presentar un escrito para pedir explicaciones al Colegio de Escribanos.

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La propiedad de dos plantas de bulevar Seguí 1055.
Imagen: Andrés Macera.
 
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