CIUDAD › UNA DESIGUALDAD QUE COMIENZA DESDE PEQUEÑOS

El jardín no es para todos

Nivel de educación de los padres, inclusión en la educación inicial, acceso a bienes simbólicos como los juegos o consumos culturales, son algunos de los aspectos en los que el estudio epidemiológico sobre salud mental en la infancia de la Facultad de Psicología de la UNR revela profundas asimetrías en las formas de ser niño. El estudio destaca la presencia de la madre "en todos los grupos familiares de la muestra", pero también señala que "el tipo de convivencia que establece con el hijo/a, el papel que le toca desempeñar en la vida familiar varía notablemente. En las madres de los cluster 3 y 4 (regulares y malas condiciones de vida), los porcentajes de amas de casa son los mayores de toda la muestra, "sobre todo entre los 3 y 5 años, coincidiendo con el mayor porcentaje de niños que no asisten a instituciones educativas", dicen las conclusiones. Es que el 46,8 por ciento de los niños de esa edad en el cluster 4, y el 37,2 en el cluster 3 no asisten a ninguna institución educativa. Es decir que el acceso al nivel inicial señala una diferencia en sus posibilidades de desarrollo.

En cuanto al entorno físico de los niños, el estudio permitió sistematizar que en los agregados 3 y 4, "las viviendas son inseguras, tienen poca luminosidad y el espacio es reducido con tendencia al aislamiento. Por lo general, los niños carecen de una habitación propia. La higiene y el orden resultan difíciles de mantener".

Pero también, los investigadores se ocuparon del clima familiar en el que viven los niños. "El estudio puso de manifiesto un marcado contraste entre los resultados del cluster 1, por un lado, y los demás por el otro. En el primer agregado, los progenitores -en su mayoría- desempeñan un importante papel en la socialización y en el aprendizaje para la convivencia", dicen las conclusiones.

Al mismo tiempo, considerando que se trata de un aspecto "básico para una buena educación", los investigadores también señalan: "Se podría afirmar que sólo uno de cada tres niños/as encuentra en su hogar respuestas a sus peticiones y respuestas básicas que surgen de la convivencia cotidiana".

Los autores del estudio alertan que "las diferencias apreciadas en la distribución del capital cultural pondrían en evidencia desarrollos psicológicos distintos en ciertos aspectos, y desiguales respecto al modelo de niño/ niña esperado tanto en la escolarización como en la participación social y cultural". En ese sentido, afirman que existe un "desarrollo básico desigual que daría cuenta en parte del éxito o del fracaso en los aprendizajes escolares y en la educación para la convivencia y la participación ciudadana".

Si se trata de plantear atributos deseables para los niños, Temporetti apuntó a que sean "autónomos, con manejo de su propio cuerpo y capacidad crítica". En todo caso, no se trata sólo de condiciones económicas. En el cluster 1 (mejores condiciones de vida), observaron que "está patinando" el modelo de convivencia. "Los hijos se les escapan, porque los padres no tienen tiempo para marcar pautas. Entonces, aparece la solución de los conflictos a golpes de puño. Porque aprender a dialogar lleva tiempo y entonces, (quién socializa a estos chicos?", indicó Félix Temporetti, uno de los autores de la investigación.

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