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Viernes, 19 de noviembre de 2010

LUX VA A LEER LA AUTOBIOGRAFIA DE RICKY

Muérdeme libro

Nuestrx cronista se traga entero el libro de Ricky Martin y enseguida escupe el carozo.

Fue ver el libro en la mesa de novedades y comprender en las carnes propias aquello de que la lectura abre puertas. A mí, particularmente, se me hicieron todas giratorias. Y cómo no, si Ricky te mira fijo, se saca la remera, quién sabe si también un rato antes se sacó todo lo que le sobraba como invitándote a atracar en su puerto. Su puerto rico, claro que voy. Unx se pregunta, ya libro en mano como frente a un talismán, quién puede hacerme feliz y él te contesta en mayúsculas: YO. Y sí, mucho no se mató con el título pero qué querés, él está para cantar y para mandar twitter a troche y moche. Esta noche no salgo ni a navegar, me dije mientras buscaba unas gafas de sol y me untaba con protector contra latinos. Allá vamos, allá fuimos. Y allí encontramos la primera decepción. ¡A quién se le ocurre publicar una autobiografía sin fotos cuando todos sabemos que las imágenes miden mucho más que todas las palabras que pueda decir Ricky! Bueno, Lux, me dije, la letra con sangre entra, y eso puede tener su encanto, empecemos la lectura con la entonación que nos enseñó la maestra de jadeo. Segunda decepción: Ricky empieza diciendo que se va a sentar al borde del camino y yo que quería verlo caminar, verlo irse, tener su primera relación sexual, menearse tal vez con algún compañerito de Menudo, bailar, marearse con el éxito, caerse y volverse a levantar. Y Ricky después de sentarse me sale con una cita de Mahatma Gandhi, con que hay que ser bueno, ayunar, hacer el bien. Y cuando parece que vamos a tener un poco de intimidad, Ricky me cuenta que se encontró a sí mismo en un viaje a la India, que tiene un maestro de la espiritualidad, y que está tranquilo, nivelado. Mi respeto a la gente que se compra una chacra y encuentra su ídem. Lo que pasa es que como el astro había dicho que decidió contarle a todos que era gay cuando notó que si no iba a tener que decir muchas mentiras en su biografía, esperaba encontrarme con muchas verdades. Grandes verdades, erectas, jugosas, de carne y hueso. Corté por lo sano. Me saltée unas cincuenta páginas donde se explaya sobre su buena relación con todos para ir directo a sus relaciones con algunos.

Tercera decepción: si hay alguna descripción hot, que casi no la hay, está referida a las contadas, emotivas y fugaces relaciones que Ricky tuvo o tuviese, con señoritas... Los varones le despiertan amor y emoción. Las chicas no, pero sin embargo se acuerda de escenas bien cachondas. ¿Será que se olvidó de las mentiras que debía sacar? ¿Será que el marketing no afloja y la ilusión de las fans nunca debe perderse? Ricky está impecablemente correcto cuando explica cómo ha construido su familia con sus mellizos nacidos de un vientre subrogado, la relación con la dueña del vientre y la relación de él con sus hijos. Sin dudas y lejos, ésa es la mejor parte. El resto, sinceramente, Ricky, prefiero leer a Paulo Coelho, que al menos nunca me prometió un jardín de rosa. l

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Ricky Martin Yo Editorial Plaza & Janés 290 páginas
 
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