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Viernes, 19 de noviembre de 2010

Rosana

 Por Flavia Company

Poca gente debe de haber en el mundo conectado a televisión, radio o Internet que no sea capaz ya no digo de cantar, pero sí de tararear algunos de los grandes éxitos de la canaria (imposible mejor procedencia para una cantante) Rosana. “A fuego lento” o “El talismán de tu piel” han encendido más de una pasión en largas noches de cena o discoteca y sus letras han servido para que quienes no tienen el don de la palabra digan lo que sienten. En los bares “de ambiente” españoles, cuando suena Rosana (y siempre suena), todo el mundo se lanza a bailar. Y más todavía: a cantar.

La carrera de éxitos de esta mujer comenzó en 1996, cuando tenía 32 años y lanzó su primer disco, Lunas rotas, del que Quentin Tarantino utilizó dos temas para su película Tú asesina, que nosotras limpiamos la sangre. El disco se convirtió en álbum de diamante en menos de dos años y se publicó en más de 30 países. Respecto de este éxito fulminante, la artista ha confesado: “En un primer disco, y así de rápido, yo no se lo deseo a nadie. Es una putada. No me quejo de lo que pasó, pero si pudiera volver atrás, le dedicaría a todo más tiempo”.

Después han ido llegando otros álbumes (Luna nueva; Rosana; Marca registrada; Magia; De casa a Las Ventas; A las buenas y a las malas) que, sin obtener el éxito aplastante de aquel primero, han mantenido a la artista siempre en primera fila y no han rebajado en absoluto la calidad. No en vano las canciones que llegan al disco lo hacen después de una rigurosa selección: “Para un disco compongo 40 o 50 canciones. La familia y amigos quitan unas 20. El resto las presento a la discográfica, que se queda con 12 o 13”.

Entre el año de su lanzamiento y la actualidad, Rosana ha vendido más de 6 millones de copias y ha dado más de quinientos conciertos repartidos por el mundo entero.

Su perfil es de cantautora: sus espectáculos se centran en su figura, ajenos al mundanal despliegue de artificios del pop. En su persona, de apariencia sencilla y ademanes corrientes, se concentra una increíble capacidad de transmitir. A quienes escuchan a Rosana no sólo se les mueve el cuerpo sino también el alma. No hay más que ver el video de promoción de su último trabajo, A las buenas y a las malas (disponible en YouTube). Ahí podemos verla cantando “Llegaremos a tiempo”, cuya letra sin duda deja pensando a quien la escucha: “Tengo miedo que se rompa la esperanza / Que la libertad se quede sin alas / Tengo miedo que haya un día sin mañana / Tengo miedo de que el miedo te eche un pulso y pueda más / No te rindas, no te sientes a esperar”. Rosana aparece con la cara pintada (el símbolo de la paz, el yin y el yang, de camuflaje, de firmamento nocturno, de mapamundi), mirándonos a los ojos, sosteniendo con ellos la letra, se diría que casi desafiándonos a contradecirla. Sostiene que la música es como el aire, que no se extraña hasta que nos falta. De lo que no cabe duda es de que ella ha encontrado la suya y de que, gracias a su talento y su oficio, ha conseguido que no sea sólo la suya sino la de muchos. A ver quién no ha cantado alguna vez, al menos en susurros o siguiendo el ritmo con el pie o con los ojos cerrados y soñando: “A fuego lento tu mirada / A fuego lento, tú o nada”.

Esta mujer, que se declara anárquica y optimista, todavía tiene mucho que contar mediante esa música suya de letras poéticas y ritmos contagiosos. La seguimos.

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