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Viernes, 13 de enero de 2012

ENTREVISTA

Mujeres alteradas

Rocío Durcal, Libertad Lamarque y Björk, entre otras mujeres que cantan al amor, vuelven a cobrar voz en el cuerpo de Carlos Casella, que reestrena su ya clásico espectáculo Babooshka en el Maipo.

 Por Paula Jiménez

Babooshka es el nombre de una canción que Kate Bush, con los ojos saltones y bajo un velo oscuro de tul, interpretaba en un videoclip de los ’80. La letra contaba cómo una mujer insegura ponía a su marido a prueba haciéndole creer que ella era otra. Veintipico de años después, en el marcador de Google, la palabra Babooshka aparece asociada en segundo lugar a Carlos Casella. Es que este cantante, actor y bailarín, ex integrante de la famosa compañía El Descueve, eligió bautizar así a su primer show solista. Babooshka, Canciones de mujer, reza la entrada con la que se ingresa a ver el espectáculo. Y como en Babooshka, también en las otras melodías se luce su maravillosa voz de hombre. Apropiándose de un tipo de discurso de mujer, el de la chica enamorada y herida, Carlos Casella se acompaña no solo por Kate Bush: Rocío Durcal, Rita Pavone, Libertad Lamarque y hasta la mismísima Björk, entre otras, cantan con él y su banda sobre las tablas del Maipo.

En la tapa del disco y en el show aparecés vestido con una liga en la pierna…

–Es una liga de hombre. Todos los accesorios que uso en el show son de hombre y el chiste es volverlos femeninos, pero dentro de un universo masculino. Me gusta ese contacto. Yo estoy vestido como de etiqueta, muy sobrio al comienzo, con los implementos del dandy, tiradores, gemelos; a la liga le agregué una hebillita. Y mientras muestro la liga canto “Qué me importa del mundo”, el tema que hacía Rita Pavone, como diciendo: me cago en lo que se puede esperar de una figura masculina.

¿Cómo fue la elección del repertorio?

–A mí me ofrecieron hace dos años en el Kónex estrenar algo y me dieron ganas de armar una banda y hacer un concierto con canciones de mujeres. En El Descueve yo hacía algunas escenas cantadas, y siempre eran canciones de mujeres, como “El diablo en el cuerpo” de la Lupe o “We always love you” de Withney Houston. Hay algo del sonido de la voz de la mujer que me interesa y me atrapa. Siempre estoy escuchando cantantes femeninas. Le propuse a Alejandro Terán que trabajara conmigo haciendo la parte instrumental y los arreglos, y armamos este espectáculo. La extracción de donde viene cada una de estas canciones es muy distinta y la idea es generar un contraste entre ellas para después acercarlas. La música que me gusta es muy variada y hay cantantes que yo agrupo por afinidad entre ellas. Por ejemplo, Andrea del Boca o Janette tienen algo común…

Tanto la voz de Jeanette como la de la adolescente Andrea del Boca tienen algo como perversito…

–Entre bizarro y perverso. Y a mí se me caía mucho para ese lado la elección del repertorio. Alejandro sugirió elegir solo algunas. En Babooshka hay una gran polarización, está Bjork y está Gloria Trevi, por ejemplo, cantantes muy distintas. Claro que el panorama es muy amplio y hay mucho material. Mujeres grosas que tienen una producción importante, una obra gigante. Y son como bombas de sus décadas.

Como Libertad Lamarque…

–Sí, que luego fue conocida como actriz, como figura de la televisión, pero al comienzo cantó unos tangos tremendos como “Besos Brujos”, un tango que yo versiono en el show. Yo te diré que no le hago asco a nada, lo escucho todo con el mismo respeto. Todo convive dentro de mi universo cultural personal, donde ellas se mezclan perfectamente y yo no tengo que hacer ningún esfuerzo. El repertorio recorre como 80 años, desde Tatuaje, de los años 30, a Brithey Spears, a principios del 2000.

¿Estas canciones implican para vos una identificación con ese discurso femenino?

–Puede ser, casi todas son canciones de amor, y no creo que el amor sea exclusivo de nadie, el amor es el amor. No puedo discernir mucho si le canto a un hombre o a una mujer y entonces me parecía interesante no cambiar el género de la letra original. Un texto está bueno encararlo así como fue escrito. Y en este caso, con canciones de mujeres tan distintas, tengo el permiso para detonarme a lugares muy diferentes. Esta idea de ir sacándome prendas y que lo solemne se vaya descuajeringando también en cuanto al repertorio, expresa la necesidad de ir abriendo mi cuerpo, exponiéndome, cambiando el aspecto de esta ropa masculina y transformarla en otra cosa. En un momento del show me levanto el cuello de la camisa y esto es algo muy exótico en un hombre, son detalles que me ayudan a sostenerme dentro de un repertorio de una hora y media.

Lo que vas tejiendo entre canción y canción, las historias con las que introducís esos temas, va haciendo evidente que sos gay. ¿Pensás que esto es algo que hoy en día puede recibir todo el público o solo ciertos sectores?

–Cuando fui a ver Ambulancia, lo veía a Mike Amigorena, que no es gay y se mete en un personaje y no importa si es gay o no. En mi caso hay coincidencia. Yo soy gay, mi vida tiene que ver con eso y hago canciones que lo expresan. Hace poco hice un evento para una marca de ropa, muy clásica, me pidieron que cantara un par de canciones en francés, bien masculino, y antes del show miré a la gente y pensé: no voy a cantar las canciones en francés, a mí me divierte otra cosa. Así que hice las canciones de Babooshka delante de un público re careta, canté “Todos me miran” o “La gata bajo la lluvia”, y estuvo genial. No me gusta la idea de pensar que hay gente que no puede… si no entro en una cosa muy rara mental cuando estoy arriba del escenario.

Este tipo de espectáculos más personalizados, como fue el caso de De lágrimas o De protesta, de Tantanian del que vos fuiste coreógrafo, permiten al artista salir del closet de la actividad grupal o de la anonimia que proponen las ficciones, mostrar algo del orden de lo íntimo y compartirlo con el público, ¿esto te hace sentir expuesto?

La verdad que sí, pero muy bien. Esa era un poco la idea. Salir del enjambre grupal de El descueve, donde estuve muchos años. Esto es como un ejercicio con el ego muy grande, en relación a lo que estaba acostumbrado a hacer yo. Cuando estoy ahí siento que tengo que asumir ese pensamiento de los que me miran: ah mirá, esto es lo que quería hacer Casella. Y para mí es una oportunidad para entender ciertas cosas de lo que sí quiero y lo que no.

¿Con este reestreno estás presentando también el disco?

–Sí, pero el show se llama Babooshka y el disco se llama “Canciones de mujer” porque Babooshka no fue elegida para ser grabada. No me gusta escucharme cantando en inglés. Ahora está a la venta en algunas disquerías y en el Maipo. Tardé bastante en hacerlo, como un año y medio. Es el primero que grabo como solista. Una de las últimas cosas que grabé fueron dos canciones para el documental Rosa patria, sobre Néstor Perlongher, un valsecito y una canción flamenca. Me faltaba el disco que tengo ahora.

Una última pregunta: si fueras una de las cantantes que en este show homenajeás, ¿cuál de ellas quisieras ser?

–No es que desee ser Lía Crucet, pero me quisiera probar, ver cómo se siente ella siendo quien es. Ella vivió una vida muy rara y tiene un repertorio muy lindo, con una poesía mala, pero con aspiraciones de calentar y que le sale muy naif. Por lo general pasa eso: cuando las cosas intentan ser muy hot quedan muy naif. Y también me hubiese gustado tener la voz dulce de Rocío Durcal cantando “La gata bajo la lluvia”. Y por supuesto Bjórk. Me gusta mucho su obra y me parece un personaje genial. A mí me gustaría matar a Björk y yo ser ella. Eso me encantaría. Que nadie sepa que ella existió.

Babooshka se presenta los miércoles a las 21,30 y los viernes a las 23,30 en Maipo Kabaret, Esmeralda 443. Tel.: 5352-8383

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Imagen: Sebastián Freire
 
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