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Viernes, 24 de mayo de 2013

La carne habla

Camila, desde el alma es un documental dirigido por María Palacios, escrito con los tacos de punta y basado en la obra-homenaje a Federico García Lorca Carnes tolendas y la historia de vida de su protagonista. Camila Sosa Villada desnuda su cuerpo queer, yermo y mancillado. Mete el cuchillo a fondo para caer más cerca de la insolencia carnavalesca que de los lugares comunes de la corrección política trans.

 Por Diego Trerotola

Sobre las gradas de un teatro vacío, la voz rebota en las paredes antes de llegar al micrófono, tal vez por eso esa voz tiene el eco de otras historias encerradas en otras vidas. Camila habla sentada en el lugar del público para una cámara que ahora ocupa el centro de la escena, habla con su voz particular, que es también comunitaria, volcada a una diversidad no solamente sexual. En ese momento, Camila ya no es la protagonista del espectáculo teatral Carnes tolendas, pasó a convertirse en una espectadora crítica de sí misma, una cronista emocional con capacidad analítica, palabras y gestos con los que despliega otro espectáculo, el de ser performer del documental de Norma Fernández. Espectadora y protagonista, mirar y ser mirada. Ser una mirada sobre el mundo.

El comienzo de esa voz y de ese eco fue en 2009, cuando María Palacios decidió hacer su tesis junto a Paco Giménez y ambos convocaron a Camila Sosa Villada para protagonizar Carnes tolendas, suerte de unipersonal que enlazaba un biodrama con textos de García Lorca. En realidad, Camila escenificaba su propia historia como travesti mientras encarnaba personajes masculinos y femeninos del teatro lorquiano como voces de una conciencia moral y trágica que interrumpían su propio discurso. La obra fue el éxito cordobés del teatro independiente, comenzó a girar por festivales internacionales y pasó las cien funciones en menos de dos años de su estreno. Al tiempo que hacía un racconto de su propia historia, la obra permitió a Camila un renacimiento. “Mary es la directora y una gran hermana que me regaló la vida. Cuando se filmó la obra en 2009, yo era una persona mucho más joven y Argentina también era más joven, todavía no estaba aprobada la ley de matrinomio igualitario ni la ley de género. Para mí encontrarme con este material es encontrarme con una obra que a mí me sacó de la prostitución, de la pobreza, de un borde. Y gracias a María y a Paco Giménez, que son los que me dieron un lugar como actriz, pude salir de todo esto. Estoy acá, pero las cosas no cambian con el vértigo que necesitamos las personas que vivimos en la marginalidad o estamos por alguna circunstancia no considerados dentro del sistema. Es un documental muy importante porque da cuenta de un momento histórico contado desde una vida, que es lo más honesto que puede haber. Y les aseguro que lo que he dicho ahí, con las torpezas y aciertos con que he hablado, lo he dicho desde el corazón”, dice hoy antes de presentar la película que a Camila le permitió construir una carrera como actriz en cine a partir del protagónico de Mía de Javier Van de Couter y en televisión con la serie La viuda de Rafael.

Desde el borde del alma

Pero en el inicio, antes de que la obra fuese un éxito, durante la tercera de las cuatro funciones obligatorias con público que Carnes tolendas debía realizar para ser una tesis aprobada, Norma Fernández decidió registrar a Camila para hacer un documental alrededor de ella. Fernández venía de realizar documentales sobre movimientos sociales, indígenas, mujeres, campesinas. “Cuando leí algo de Camila en el diario local, me llamó la atención porque no era un discurso habitual. Después de ver la obra, sentí de algún modo que me gustaría poner esta especie de herramienta que significan los films, para difundir esto que estaba planteando Camila, que me parecía absolutamente importante, y no sólo por la calidad artística, sino importante como un debate que vehiculiza Camila hacia adentro de la diversidad sexual y hacia afuera de la sociedad en su conjunto. Uno es el concepto de travesti que ella está planteando, que hay algo ahí muy revulsivo. Yo no pertenezco a ese mundo pero me da la sensación por otras cosas que he leído cuando ella plantea ‘yo no sé por qué las travestis quieren ser mujeres si no somos mujeres y nunca vamos a poder ser mujeres, es otra identidad, en construcción, pero otra identidad que participa de los dos géneros’: ése es un debate en el interior de la diversidad sexual que me parece interesante posibilitarlo. Y el segundo debate, que es el que a mí en particular me interesa más, porque mi historia personal no tiene que ver con la diversidad sexual en particular sino más que nada con todos los movimientos sociales, los derechos humanos, con la ampliación de derechos, y con ciertas personas dentro de estos movimientos que a mí me fascinan, porque son capaces de superar sus circunstancias, y las limitaciones que esas circunstancias les imponen. Si nosotros pensamos que Camila decía ciertas cosas tres años antes de las leyes y los cambios que se han dado en la sociedad, uno ve lo avanzado de su pensamiento y sus apuestas artísticas.”

Y el documental sienta a Camila en la platea, pero no para que deje de ser la protagonista de su obra, sino para que se siga desplegando una línea de pensamiento que, con poética testimonial, va trazando una idea descentrada de la identidad travesti o trans, para salir de la hegemonía para pensar los cuerpos. Su voz como punto de partida de un relato trans, uno entre tantos y tantas. “Había recopilado textos que tengo escritos en el blog, Y había traído ese texto sobre cómo una travesti se ve a sí misma. Y justo había leído cómo Marguerite Duras veía a los escritores. Como una, por eso empecé con eso: una travesti es algo innominado, con frecuencia alguien segregado, ausente de la sociedad, no reconocido, negado por los padres, por la política, por la economía, por los empleadores, por la familia. Amado irresponsablemente, por no ser mujer, una travesti siempre es amada irresponsablemente. Caminan solas, generalmente de noche, porque la noche es menos dura con lo clandestino. Y una travesti es, ante los ojos de cualquiera, un ciudadano clandestino. La noche es el refugio para los alcohólicos, para los drogadictos, para las prostitutas, para los solitarios, para los que lloran, para los enfermos. Una travesti nunca podrá tener hijos, nunca podrá amamantar, ése es el desierto de un cuerpo inhabitado, incultivado, yermo, mil veces mancillado por siliconas, por aceite de avión, con colágeno, con operaciones dolorosas, con depilaciones. Una travesti es alguien que alguna vez se franqueó su propio cuerpo, se deshizo de identidades dadas y adoptó una esencia propia. Se es lo que se quiere ser o no se es nada. En todos los casos, es un alma sensible, aun en los infructuosos casos de ser una mujer, aun en la torpeza de no aprender del todo el mundo de lo femenino, es un alma sensible. Lloran mucho, lloran muchas lágrimas de mujer desde sus ojos de hombre. Travesti en francés quiere decir caricatura.” Así empieza el documental, con los tacos de punta, con una visión propia que no acepta los lugares comunes pero tampoco cierta corrección política trans, empezando por la autodenominación “una travesti”, Camila piensa desde la experiencia individual pero también responde a una sociedad que la oprime tanto o más que a otras. “No existe una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, ni un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. En el cuerpo de una travesti habita lo femenino y lo masculino: habita lo sutil, lo curvo, lo ondulante, una cadera, el quiebre de una rodilla, la caída de una sábana, y existe también lo recto, lo duro, lo anguloso, el ladrillo, el edificio, el golpe”, dice como parte del texto dramático de la obra, que termina funcionando como deconstrucción de lo trans tanto como una mirada que juega con los rasgos arquetípicos de los géneros para darle una perspectiva queer.

Factor queer

“Lo nuevo en Camila es que plantea un nivel de reflexividad que yo no había visto. A mí lo que más me interesaba era lo que ella pensaba, esa reflexividad. Por eso cuando me dijeron que condense la película en una frase para el afiche puse ‘Reflexiones de una travesti’. Lo que me parece más novedoso, más allá de mi fascinación por la obra de teatro, es el nivel de reflexividad que tiene Camila, sobre el tema de la diversidad, sobre la sociedad y sobre su historia. Mete el cuchillo a fondo y no se queda con lo superficial”, dice Fernández, elogiando el filo de la mirada de Camila, un filo como la hoja de un cuchillo lustrada, que al hundirse refleja que eso mismo es la reflexión. Si el punto de partida del pensamiento de Camila, su momento germinal, fue una obra de teatro, es porque el cambio está ante la fijación: en cada función hay ideas que van mutando, vibrando al ritmo de los tiempos. En el estreno comercial de la semana pasada del documental, Camila aclaró que ya la obra, que todavía se sigue representando, ya no es la misma que se ve fragmentariamente en la película. Cambió ella, el país, la sociedad y el texto dramático. Y Fernández, desde la premier de su documental en la edición del Bafici 2010, fue haciendo cambios en la película, que no tiene una versión definitiva, sino tres o cuatro versiones distintas superpuestas: no hay versión original, exactamente como sucede con el género según Judith Butler.

En la extensa historia de la teatralidad diversa, que incluye desde las performances camp hasta las escenificaciones trans de todo tipo, tipa y factor queer, Carnes tolendas y su reflexión documental, le adhieren un viso documental y testimonial a esa teatralidad sin negar la visión carnavalesca que el título refiere. Desde el tango centenario de Homero Manzi que da título al documental, Camila, desde el alma, hasta llegar a los textos teatrales de García Lorca, hace un recorrido por textos no citados pero sin embargo casi táctiles en el cuerpo de la obra, como son el neobarroso perlongheriano, la insolencia mamarracha de Copi, el giro y el yiro del costumbrismo puiguiano, pasando por lo trash-perfo-poético de Batato Barea, pareciera que sin querer queriendo, en Carnes tolendas hay un corpus denso que se desarma y su vuelve a armar a través de la acción y la teoría enlazadas para descargar las certezas que inmovilizan, como enseña el movimiento queer cada vez que muestra sus dientes. De esta forma, en cada mirada conjugada, las de Camila, Fernández y Palacios, hay un filo proyectando un corte en esa hondura que se abre cada vez que la identidad individual y la colectiva se desnudan no para despojarse sino para saber que en lo más íntimo están incrustados los mundos que giran para convertirnos en galaxias.

El documental Camila, desde el alma se exhibe todos los días en el Espacio Incaa Monumental, Lavalle 836, a las 12.20, 15.05 y 19.55.

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