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Viernes, 9 de agosto de 2013

Trabestias

 Por Gustavo Pecoraro

La última tapa de la revista Noticias me hizo reflexionar sobre la precaria inventiva que no puede evitar asociar las palabras “mutar” o “ambigüedad” con la construcción de una identidad trans, reduciendo la descripción de una “trampa” (en este caso política) a la figura de un heterosexual (en este caso un supuesto traidor) vestido con pollera.

“La ambigüedad como principal valor de la nueva política”, afirma Noticias, siguiendo la línea del actual senador Aníbal Fernández cuando declaró que “Moyano (por el dirigente sindical hoy aliado de Francisco de Narváez) representa al travestismo político”. O del propio Moyano con su recordado “lo único que falta es que digan que soy travesti”. La cosa sería más simple: los vaivenes de lxs actorxs políticos son difíciles de justificar. O mejor dicho, si un traidor es un traidor, no busquemos metáforas en el marketing publicitario.

La absurda y discriminadora idea de recurrir al “travestismo” o lo “trans” para explicar los cambios de chaqueta partidaria borra en un dos por tres los discursos de corrección que se repiten (como si cantara un mantra), bajo la bandera electoral de la igualdad.

Les importan un carajo las personas intersexuales, las travestis, las identidades trans, o todo aquello que vaya más allá de su bragueta patriarcal.

Ni hablar de otras masculinidades u otras feminidades. Los medios, responsables en gran medida del armado del discurso social, lo estimulan con sus reportajes a todo color a las Florencias de la V o las Zulmas Lobato. Escaso o casi nada de espacio tienen en esos medios las voces que desde el activismo han sido el sostén de la lucha de las identidades trans: las Berkins, los Cabral, las Romero, las Braudacco, las Wayar, las Sacayán, y muchxs otrxs.

Son las voces que “mejor no escuchar”, salvo si se necesitan que sumen unos votos. Total, ya están los gays como candidatos de la diversidad. Y las voces de las pocas candidatas trans casi ni se escuchan.

Nuevamente son los varones homosexuales quienes hablan de “chicas trans”, dos palabras aprendidas a las apuradas para quedar bien en el spot electoral.

Penélope Andrés de Atta y de la Mesa Nacional por la Igualdad de Neuquén integró las listas del Frente para la Victoria en las elecciones del 30 de junio; y Alejandra González de Comunidad Trans y el Movimiento Evita Diversidad es candidata este domingo en la lista Rosario Más Igualdad que encabeza el Chino Rosúa en el Frente para la Victoria de Rosario.

Ilustrar una nota sobre traiciones políticas con un heterosexual vestido de pollera demuestra la poca importancia que tiene para la sociedad de la macro política, la individualidad de los colectivos sociales que luchan por sus derechos.

Noticias construye un discurso mediático desde la mueca y la burla, que como mínimo destila desprecio e ignorancia.

El derecho a la identidad de miles de personas no cuenta en esto.

Este derecho se construyó en las calles, muy lejos de las tapas o de las primeras planas que históricamente mostraron con burla la dignidad de la lucha de estas personas.

Hoy, mientras decenas de miles de identidades trans avanzan socialmente “por todo”, el neoperiodismo progre sigue resumiendo todo a una pollera, un heterosexual pintarrajeado o una peluca despeinada.

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