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Viernes, 11 de abril de 2014

TEATRO

CHAT, PELIGRO INMINENTE

Maquimaui, de Denis Smith, es la obra basada en el texto original de una conversación por MSN que una de las actrices guardó durante diez años. Sus dos protagonistas van marcando el ritmo de la separación con sus teclados, con el público puesto en el lugar de la pantalla.

 Por Paula Jiménez España

Además de contener la sugerencia maquinal de una inercia: la del ego, el neologismo Maquimaui junta dos nombres, los de Maqui y Maia, las dos integrantes de una pareja que está a punto de no serlo más. Es que Maquimaiu, además de ser una palabra, funciona como un artefacto amoroso y cultural que hizo de estos dos seres uno solo durante cierto tiempo. Este artefacto dejó de funcionar cuando una de ellas grabó un disco y omitió a la otra en la dedicatoria. Claro que a la otra esto le pareció tan imperdonable que no le importó que todos los tracks del disco hablaran exclusivamente de ella y ni siquiera que el hit llevara su nombre, Maia. Frente a una pantalla de pc, que es el público, Maqui y Maia, dos chateadoras que se van separando tras cada enter puesto en las pausas de sus discursos

–por momentos paralelos y por momentos incoherentes–, lloran, se enfurecen y hacen todo lo que debe hacerse cuando todo se empieza a deshacer.

La puesta es austera: dos banquetas, una mesita, un par de platos con comida, una guitarra. La estructura dramática es sencilla; la narración, lineal; el lenguaje, coloquial, y la esencia de los personajes, muy fácil de captar. Sin embargo –y hete aquí el talento de su director Denis Smith–, la cosa no es predecible y además atrapa. Smith y las buenísimas actuaciones del elenco –sobre todo la de Maia Muravchik– logran que el público no pare de reírse. No sé si a esta altura será necesario aclarar que no por tratarse de un chat el contenido de una obra tenga que ser superfluo o trivial, pero por las dudas lo hago: de banal Maquimaui no tiene un pelo y, por sobre todas las cosas, conmueve. Digamos que hoy en día ésta, la de los riesgos del chat, es una situación que la mayoría conocemos: ¿quién no discutió con su pareja, se separó, perdió unx oportunidad o a su mejor amigx en un enfrentamiento virtual? La melancólica Maia Muravchik, actriz principal de la obra, es un ejemplo, porque esta historia fue extraída nada más y nada menos que de su propia vida.

Maia, ¿guardaste diez años el texto de aquel chat?

Maia Muravchik: Todo tengo guardado. En un momento pensé que tenía que hacer algo con eso porque es muy fuerte ver cómo va evolucionando una relación desde los mails de amor del principio hasta el último que fue medio terrible y que en la obra aparece como una imaginación mía, pero que sucedió realmente. Ese mail que recibí decía: “Con vos aprendí tres cosas de la vida: Salinger, Kureishi y por qué la gente no confía en los judíos”. Cuando lo dije en la obra por primera vez y se rieron tanto yo le dije a Maqui, otra de las actrices: “Yo me la pasé llorando tres meses por ese mail”.

¿Qué se siente exponer un drama tan íntimo y ver que la gente se ríe?

M.: No sé, me divierte. No en la parte del último mail, claro. Esta persona iba a venir al estreno. Le propuse compartir la autoría de la obra, pero no quiere saber nada.

Denis Smith: Woody Allen dice que la comedia es tragedia más distancia. Tragedia más tiempo. Ella misma se ríe de todo eso que pasó. El mecanismo es: cada vez que Maqui, la chica que hace de su pareja en la obra, le dice algo, ella le manda una puteada. ¿Qué está buscando? Algo imposible de encontrar. Una chica de 23 años que se sentía fea, medio gordita, a quien nunca nadie la quiso, de repente se engancha con alguien que está a punto de enviudar y con un montón de cosas en la vida para resolver y lo vive como una especie de drama épico.

¿Ustedes creen que este tipo de separación tan dramática es muy propia de las lesbianas, o puede ser común a otro tipo de parejas? Yo personalmente le vi mucho clima de drama lésbico...

D.: Mirá, vamos a entrar en un terreno muy interesante: no fue una separación entre lesbianas. Fue una separación de chica-chico. A mí, como director, no me divierten tanto los hombres en el escenario como las mujeres, me interesa más su imaginario, su humor, por eso elegí que fueran dos chicas. Dije: para mí es simplemente una separación. Se trata de una relación, no importa entre quiénes. Nosotros durante todo el trabajo decidimos no especificar nada.

Denis, hace 8 años presentaste una película de temática gay dirigida por vos en el Festival Diversa. ¿En esa época era posible como ahora exponer algo de la realidad gltb sin presentarlo como un tema en sí mismo?

D.: Lo lésbico lamentablemente está pasos atrás en la visibilización y eso es tremendo. Por el mundo machista en el que vivimos tenemos unas facilidades que las mujeres no. Pero al final del día, si bien hay particularidades distintas y nos relacionamos desde esas particularidades, vemos que hay una esencia común. De todas maneras yo, volviendo a tu pregunta, nunca sentí que tuviera que aclarar nada, ni antes ni ahora.

En un momento de Maquimaui, una de las actrices le dice al público: “Ustedes se preguntarán: a estas tortas ¿qué les pasa?”. O sea, de alguna manera, está manifiesto como algo distinto...

D.: Sí, lo está. Y para mí está buenísimo abrirle la puerta a la gente y hacerla pasar a un universo que desconoce y que se vaya de ahí dándose cuenta de que es igual al que conocen. Todos fuimos educados desde un marco heterosexual–quizá de acá a 50 años las cabezas de las personas sean otras porque tendrán otro marco– y por ahora está bueno seguir mostrando que hay un punto en que es todo lo mismo. Desde lo político lo pienso así. Si hace 8 años hubiera sido igual o no, no sé. En Diversa cuando presentamos la película yo, que también soy cantante, era finalista del Latin American Idol y en el “Sí” de Clarín pusieron: “Entre las películas de Diversa está una de Denis Smith, ja”. ¡”Ja” pusieron! Como un signo de discriminación. Tres semanas antes habían puesto una foto mía y escribieron debajo: “Balada total”. Una homofobia espantosa.

Cuando en la obra hablan del padre de Maia, él aparece dándole consejos muy progres a su hija lesbiana. ¿Pero piensan que hubiera sido así realmente o resulta de ese modo porque es una traslación de una situación heterosexual a una lésbica?

D.: Viniendo de una familia progre judía sobrepsicoanalizada para mí es perfectamente verosímil. Mis padres aman más a mi novio que a mí. Para mí depende dónde te criaste para que eso esté. Para la generación de los chicos de quince años de hoy está todo bien desde el vamos.

M.: No sé cómo hubiera reaccionado mi papá. A él, a partir de la ley de matrimonio algo le cambió en la cabeza. Es de una generación a la que le costaba más el tema. Esto hace diez años no le hubiera producido lo mismo. Hoy está recontento con la obra.

En la gacetilla que circula por Internet figura que la historia de Maquimaui es biográfica, es decir, parecería que sos lesbiana según la historia que se narra...

M.: En realidad no sé qué soy. Tengo dos gatas y una vida muy rara. Y sé que estamos todos yendo hacia un lugar que no sé bien qué es, pero es un lugar diferente a entrar o salir del placard.

D.: Al teatro uno va a hacer un trabajo y hace un trabajo. En una obra en la que actúo hago de travesti y a veces me pregunto: ¿mi papá se preocupará? Y si lo pienso treinta segundos, me digo: ése no es mi problema. Y no lo es. Si quiero ser travesti, besitos para todos en la cola: ésa será mi decisión.

M.: El otro día yo le contaba a mi padre que alguna gente me escribe diciéndome: “¡Qué bien Maia que te atrevas a contar tu historia, yo no la conocía, con razón te veía siempre sola!”. Y mi papá me contestó: “Qué bueno Maia, estás ampliando tus posibilidades”.

¿Dirían que Maquimaui es un biodrama pese a las diferencias que hay con la historia real?

D.: No, tiene bases, pero no lo es. Uso el hecho biográfico como punto de partida, pero no como hecho absoluto. Esa es la forma en la que estoy experimentando en los últimos años. Ella tenía este chat y había cosas con potencial dramático, Maia escribió el monólogo y yo colaboré. Para mí es fabuloso no dar respuestas acabadas sino dejar para que el que está enfrente complete y se haga su propia película. No está bueno dar respuestas cerradas. Si hay alguna bandera que levantar es que el amor es el amor indistintamente de lo genital.

Personalmente, ¿ustedes eligen un papel o se acercan a un proyecto porque en algún lugar los interpela como algo íntimo?

M.: Para mí sí. Partís de lo que conocés. Si no partís de vos es medio falso.

D.: Siempre pienso en Tennessee Williams en El zoo de cristal. El cuenta que era él mismo ese chico con esa madre y esa hermana en esa situación de decadencia social; esa obra es un disfraz de su vida real puesta en una situación dramática y en un espacio delimitado, eso es el teatro, pero las fuerzas que se jugaban ahí eran absolutamente personales.

Domingos a las 21, ElKafka Espacio Teatral, Lambaré 866.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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