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Viernes, 11 de abril de 2014

TEATRO DENTRO DEL TEATRO II

PLAYERAS

En Raquel, rarísima como prendida fuego, las actrices viven las delicias del reality.

 Por Matías Máximo

Esta playa no tiene arena y está a 2800 metros sobre el nivel del mar. Como una sirena del Altiplano, Raquel le grita al mundo: “Quisiera que la vida tuviera un culo por el cual toda la mierda saliera”. Otra Raquel vomita para purgarse y está pálida bajo un sol tremendo. La tercera Raquel, hecha toda de ínfulas, no se mueve de su reposera dorada y pide que busquen, pero no hurguen. Las tres Raqueles entraron a un reality jujeño que consiste en estar todo el día en una playa artificial. Y a ellas se suma el director, que entra a escena y demanda que se odien para el público, que cuanto más repulsivas y malas, mejor. Que incluso si pueden matarse o volverse hiedras, lo hagan. La sala del teatro Vera Vera tiene un mar digital de fondo y la escenografía es austera, sólo unas claves para que el espectador se haga una playa en la cabeza. “Hace seis meses que estamos con ensayos, ¿me pegás las pestañas, Charlee?”, pide en el backstage Carla Morales Ríos, más conocida como “La Negra” que hace las empanadas más jugosas del mundo en Casa Brandon. Charlee Espinosa —que con 28 años dirigió diez obras— se agacha, le pega las pestañas a Carla con adhesivo Fortex mientras cuenta que “en la obra se actúa una actuación, es teatro dentro del teatro. El director tiene su visión de lo que sería su Raquel imaginaria y la proyecta con tres mujeres en traje de baño”. Ese no lugar del mundo que es la playa de las Raqueles, además de angustia y violencia, tiene espacio para publicidades, que se cuelan en los guiones como chispazos marketineros para sostener la pauta del reality. Los esquemas de las Raqueles son esquizofrénicos, mutaciones bruscas según las pautas íntimas del director. En ese juego, el personaje de Puck del Cielo tiene una pena absoluta y desea el fin. “Quisiera ser un río que no acabe en el mar. Que tenga sus días contados”, dice.

El público a la entrada es alertado con una bienvenida poco usual: “Artificialidad, artificialidad”. Y a mitad de la obra, la mujer trans que interpreta Mar Morales (La casa de Bernarda Alba y La irredenta) completa la frase: “Artificialidad. Arte y felicidad”. Un elogio a ese mundo donde lo natural es una reliquia, mera impostación.

Raquel, rarísima como prendida fuego, viernes a las 23.30, Teatro Vera Vera, Vera 108.

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